HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He vuelto a sentir el fervor, una posibilidad para mí en la escritura. Éste blog es ya una caos de mendrugo y pájaro hambriento, en el nido del moho, desaparecidas debajo de escaleras de arándanos haciendo pozos con palas y tomando del cemento la soledad de la lluvia para luego tostarme una almohada. Mi yo, mi vida, mis historias, son demasiado retorcidas y ausentes ya, para hacer buena poesía. Es hora de contar cuentos. Y sangrar sólo en los cuentos. Y todo teatro. Con otro cuerpo. Con otra vida. 
Mi reclusión, será así libre. 
Sino acabaré escribiendo espigas secas sobre cadáveres de gorrión. Y mi soledad delirará tanto el cuerpo de la palabra, que será gaseoso, anémico, cirrótico, de lo que mi voz ya no nombra.
Porque estoy harta de hablarme como si un yo, escuchara al fin y me arreglara las goteras. Y la ficción es menos pedante y aburrida para mi Franquestein.
Además como este tipo de escritos sólo me gusta hacerlos en un cuaderno, escritos a mano. Hay otro tempo. Esos escritos necesitan un mapa, necesitan la lógica, la arquitectura, la perfección al limar y ordeñar el verbo.
Y mi desorden e indigencia con mis propias palabras y todo lo mío.... me estaba convirtiendo en el cubismo de las ruinas. Y eso lo arreglarán los cuentos.

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