HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy al subir aquél monte. Y mirar hacia atrás, la senda de piedras y tierra, rodeada por "muros" de árboles y brezales, la curva del río allá abajo, ese pico del sendero, perdiéndose en vegetación, y en su cuesta abajo, mezclada con una cromática de madera y flores. Tuve un deja-vu melancólico. El recuerdo de andar allí de niña, cuando todos los caminos llevaban sólo a la luna, cuando no existía la muerte y todo era infinito. Y me vi a mí corriendo con un caracol en la mano, cuando no medía ni medio metro. Pero también vi una poderosa ausencia de la gente que caminaba conmigo, y tuve la percepción de que todos nos despeñábamos en ese olor de pinos.
Desde hace unos meses tengo la rara sensación de que todos estamos a punto de criar malvas. Como un réquiem que se canta antes para disfrutarlo, porque después ya no tiene gracia, ni llena el vino. A veces pienso que quién cuidará de Kavka si yo muero, y al mirar a sus ojos, tengo miedo a que él sufra, a que esté triste, a que conozca el desamparo.

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