HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy el gato negro Molotov, se tiró panza arriba, ronroneaba, jugaba a arañarme y a morderme sin hacerme daño, de dejó acariciar debajo del hocico, detrás de las orejas y en la tripa.  Es un gato extraño, hijo de la calle, fuego de suburbio. A veces cuando me acerco para echarle comida, me bufa y me gruñe. A veces cuando abro la puerta se van todos los gatos en estampida para meterse a sus agujeros. Por eso me hizo feliz que hoy Molotov me dejara ver la luna en sus ojos negros.

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