HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy he corrido por el prado. Abriendo mis brazos como un helicóptero, corriendo en círculos, yendo bajando a la cuclilla y luego al salto, chocando con Kavka y rodando los dos por la hierba. Hoy no me dio la tos ni tuve que sentarme. Tenía un grito de angustia, de tierra perdida, de corazón herido por el asfalto, por lo que no debería de haber nunca perpetrado la civilización. Un grito de espanto,  porque existió Hiroshima rota por las bombas, porque existió Auswitch, porque la URSS se perdió en ella misma también y usó armas fascistas. Porque el soldadito Boliviano mató al Che Guevara y a su propia gente, con balas made in usa. Porque mataron a millones de indios y plantaron allí crucifijo y bandera y levantaron prisiones e hicieron esclavos y extinguieron a muchos animales. Por lo que hicieron en La Moneda, por lo que siguen haciendo en los lugares donde la gente levanta la dignidad y el puño. Porque los fantasmas que un día volaron sobre Nagasaki, o torturaron en campos de concentración, o quemaron a alguien en la hoguera, o mataron a palos y descargas eléctricas en prisiones, no han sido extinguidos, no han sido superados, siguen terriblemente vivos y cuando llegue esa ceguera que escribió Saramago abrirán los ojos para volver a devorarnos. Porque esos terribles montruos son alimentados por la dictadura económica que rige nuestros días y pueblos.
Porque tenía mucho miedo y  correr junto a Kavka, perseguir una mariposa, morder y ser mordida en la risa de los perros, gritar tan alto como pude onomatopeyas y alaridos, fue lo único que podía calmarme para poder seguir el camino sin pulverizarme.

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