HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy la búsqueda de la palabra, viene removida por un alambique de marea, donde hay cierta calma, la distracción de la belleza del verde, de la fragua del olvido en las flores que nacen y no preguntan nada. De volver a ser Robinson en la Isla en la que no llegan ni los carteros ni el aviso de deuda al sol. 
Desde hace un tiempo, escribo sin motivo, lo que escribo en esa voz alta del éxodo y el adiós. Por eso busco en la ficción, un motivo político que me devuelva a la humanidad.  Acá las lejanías ya no se atormentan del reflejo del espejo, del eco roto de la plaza colonizada por el esperpento.
Porque soy a todo ese exterior, un error endémico, un no debí haberos conocido, ni nunca haber tenido rostro ni nombre.
Y mientras juego sola con los resquicios de arena mojada en tus lienzos. De la prevaricación de lo que huye, de lo que no hará peso de ninguna importancia, de ningún eje.

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