HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy soñaba algo hermoso, era una construcción de la felicidad, aparecían fotografías que luego cobraban vida, del monte y la risa y estaba el perro.
En medio de la madrugada el perro empezó a ladrar de forma agresiva y salió de la habitación y siguió ladrando desde la galería. Yo me desperté durante tres segundos,  y escuché una especie de motor, algo extraño como un helicóptero, pero seguí dormida, me dije como si son los extraterrestres no me levanto a ver.  Enfrente de la casa hay un camino, por el que a veces pasan coches, pero muy rara vez, ya que es un camino de tierra, baches y cuestas y suelen meterse si acaso los dueños de las cuadras. Acá no suelen oirse ruidos que no sean de animales y de la naturaleza, a veces un cortacesped, una motosierra, la bocina del panadero, del chatarrero, pero la atmósfera no tiene ese horrible sonido de fondo de la ciudad. Y el olor es muy distinto.  A veces cuando me meto por el pueblo y pasa un coche, me huele a veneno y asfixia, me he hecho sensible a ese olor, si paso varios días en las ciudad me insensibilizo, pero todas las ciudades huelen a muerto y lo peor de todo es que la gente se acostumbra a ese olor.

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