HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La montaña. El silencio acompasado por la danza de las aves, por el arrullo del tiempo envejecido junto al vino en la barrica de roble.
Hallar otra vez el reposo, de la tierra mojada, de las huellas dactilares desaparecidas en el beso de la nube. El abrazo de la soledad al motín de hierba y cartas que ya no hace falta escribir.
El puerto amarrado de bailes sueltos debajo del cielo que arde.

Acabo de recordar que en el sueño del sótano y la puerta al mundo de los muertos, apareció un inmenso escarabajo negro y volador, y que su cuerpo era hollín, eran moléculas separadas de polvo, que cambiaban de forma y extendían sus alas.

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