HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La vida es inabarcable, la posibilidad es una cazuela de amanitas y señales de indio en el vapor.  No existe la frontera, ni la línea recta, ni el punto de retorno, ni el verbo, ni la prosa. No existe la pequeñez, no pasará lo que crees que pasará. No tendrás nunca ni el control ni la razón ni la sensatez. 
A veces hay miles de kilómetros de pétalo a pétalo de la flor. Hay un infinito en cada pata de la hormiga, en cada hoja del chopo.

Por eso sé que he coger la carretera y atravesarla hasta dejar atrás todo el recuerdo del asfalto.

Porque he empezado a sentir un muro de prisión saliendo de mis manos.
Porque la montaña se me ha hecho parecida a la montaña.
Porque la nostalgia drena muertos de la tumba de debajo de mi cama.
Porque he escuchado un puto estribillo de la penumbra, una y otra vez, sin gracia, sin creatividad, repetido, repetido como un cd rayado en el grito de desesperación de un rata de laboratorio con cascos en sus orejas que ruega que la maten ya y que la medicina que saquen de ella será la enfermedad de sus almas.
Porque no sé casi nada, pero sé que eso no es la vida.

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