HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Lejos de todo.
Sangre de piedra mezclándose con la lluvia, subiendo hacia la negrura de la nube.
Deshilachando agónico el tango que amé sobre tus rodillas.
Todo milonga cuando el buzón es un agujero de gusano que sólo recuerda la dirección de los difuntos.
Y de cazuela de manzana, después de ti, avísame cuando toques el agua, y esos 50 metros en vertical regurgiten el grito de la rosa en ese papel de plata sobre los mecheros del crepúsculo.

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