HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Llueve. Muchos dientes de león, ya son estrellas de espuma, todo semilla, la pluma de su ave, su vuelo clandestino. De niña a veces los arrancaba y al soplarlos pedía un deseo.
Hay mucho silencio hoy, de puerta de granero abandonado, de tu lienzo roto sobre una silla, de ponchos del otro lado de la mar, acumulando olvido y polilla, cuando la guitarra te llama. De desesperanza con cerveza fría viendo la belleza de la montaña, como si cargara sobre sus hombros aquél ataúd, el único que podía hacerme llorar.
De habitaciones cerradas y moho de limón tiñiendo los bodegones que hablan de puertos que se ahogaron en tu vaso y en el mío, cuando hablamos de ese ayer que se cosió a balazos sobre la distancia.
De cantar horriblemente ésta canción;
Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón

De abrir las manos y guardar el frío muy adentro.
De pensar en la navaja de aeitar del siglo pasado en ese cuarto que nadie abre.
De sentir una profunda pena y congoja, al ver tan hermosas las nubes.
De querer saltar mar adentro y que ninguna tierra me encuentre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario