HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me da alegría irme mañana, de algún modo a lo desconocido. La mar agita y expulsa contra lo abarcable, contra la arquitectura del verbo unido a una senda. 
Aunque noto en mí una melancolía, de barro y paja, de cadáveres amados dentro de mis ojos, hervidos en el puñal que mi grito entrega al crepúsculo.
No sé si es que me he puesto solidaria con la muerte que se acerca a la gente que más quiero. Y he volado 50 años en su busca, atajando el fuego del poema contra mi vida. Sería una explicación demasiado fácil.  Pero como yo aprendí a bailar entre toneles de vino. Se me hace convincente. 
O es que sólo me agarra el verde vivo. O es que mi caja musical ya ha perdido sus réquiems y de viejas y diablos, salió más listo el tiro.
O que me hace llorar la genista y el abedul. O que he amado tanto sin nunca haber tenido un cuerpo para mover de sitio el amor. Que sufro el delirio de las pitonisas en paro.  Que quiero ser yo la muerte el día que me haga falta, y no mover el pomo de la puerta y no conocer las palas, ni pedirla permiso ni piedad.

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