HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despertó Kavka, yo no quería despertarme, pero él insistió. Llueve. Hace muchos días que llueve. Abro los ojos sobre un silencio. Hoy no recuerdo haber soñado nada. Eso me deja libre del subconsciente acusador de éstas horas. Cuando sueño, los sueños intervienen en mi ánimo, incluso en lo que escribiré. Cuando están ausentes, es la lluvia, es esa niebla que devora en los montes la palabra tuya que ya no nos reconoce.

Las despedidas son una matriz en mi existencia. El adiós que golpeó antes la puerta que el camino soldó en tus labios de polvo.
Yo la tomé por vicio y por amor. Porque había que salvar la risa en el infierno. Porque todo lo otro, implicaría una voz forzada y un hipócrita paso de limosneros de palomas. Y aquella que yo no elegí y que fue inevitable, manga el cuchillo en el champán y en las estrellas que te pretenden desde el olvid un lecho que nos deje congelados y dispuestos a otra luna llena muerta del plural.

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