HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto y he olvidado lo que soñaba.  Subí las persianas, calenté el café, le di el desayuno al perro y salió al corral. Y el rito de siempre del despertar.  Pensé en él con alegría y gozo, cuando aún no había saltado de la cama. 
Anoche tardé en dormir, me agito demasiado, elaboro escritos en una especie de diálogo interior que se vuelven utópicos y urgentes y en lugar de darme sosiego y llenura, me dan sed, me abren el pensamiento y el latido a la acción y me desvelo. Anoche la voz era tan inspirada que luego se me olvida y sólo me queda la sombra y el grito del verbo, pero la elaboración del lenguaje se pierde. Y esto me ha recordado un sueño, yo hablaba con un hombre que me gustaba por teléfono y hablaba con la misma voz con la que construyo la escritura y mientras hablaba me di cuenta de que hablaba sin pavor ni metalenguaje, ni mi timidez lunática, ni el desborde de usar palabras surrealistas y raras cuando me pongo nerviosa, pero al darme cuenta de que hablaba como amaba hablar me puse nerviosa, y apareció en el sueño una persona que me dio otra voz y se jodió del todo la conexión.

He tenido que bajar a por el perro, porque había una gata muy bella, del color de la ceniza, de mala manera sujeta en una alambrada muy estrecha para protegerse del perro, y aunque el perro sólo quiere jugar, la estaba asustando. Daba saltos hacia ella y corría en círculos, y hacía quejidos porque no la llegaba y ladridos.

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