HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me he acostumbrado a vivir en la oscuridad, sobre su luz de intemperie en medio de ninguna parte, cuando el quién que se cruza, sólo es una estrella pulverizada que a veces cae en los ladridos de los perros o en los charcos como hombreras.
Es algo agasajado en mi entraña, por abismo y por puente.
Algo que a veces creí que podría evitarlo y vencerlo, porque el poema y el pensamiento y el sueño, podía escribir el otro lado de su luna. Porque alguna vez amé en los labios de, una canción que lo convertía en opio y ya no en prisión.
Hay veces que la noche y sus desiertos de hachís y guitarra eléctrica o pobreza y piedras que gritan fuego, construye una enervante distancia, del sentimiento, hacia la mano que asir en mi mano, como fin de un camino. Y la soledad es la maldición y la única esperanza y canto. 
Cuando la exclusión social, viene por principios y por callejones, por honradez y por aullidos, hay algún horizonte que hace imposible el punto de retorno.  Y la única forma de sobrevivir sin quebranto ni piedad, es armar en la mar, su desolación. Y aunque a veces sueño con un amor, más fuerte y poderoso que la muerte y mi piel se anega de gritos y puñales por recibir un beso de viento.  Sé que he de darla agua de mar. Porque sino acabaría pegándome un tiro. Pedirle a la luna y no a la tierra.  Amar y tomar del amor del sol. Y no de nadie ni de nada... que pueda hacerme frágil a su carencia.

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