HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me preocupa encontrar el latido de mi corazón, en lo que ha muerto. Conmoverme al ver las hojas de peral, y asociarlas a la voz de la abuela, moviendo las ventanas y diciendo mi nombre a gritos hacia la nada. O ver un gato negro a lo lejos, atravesar el muro, y pensar en él, dándome sus versos y su intimidad, mientras el cielo de la noche se volvía una guerra y sólo sus ojos eran el reposo. Me preocupa sentir que todo me lleva a una historia que es de fantasmas y no de la vida. Hasta mi propia ropa colgada del tendal, me sabe a una primavera lejana, tomando una cerveza a la orilla del puerto y no a ningún aquí.
Esas nostalgias deberían tenerse ya de muy viejos, cuando saben a barcos y absenta que ayudan a embestir la muerte. No ahora. Tengo 31 años. No debería conocer ninguna melancolía.

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