HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Necesitaba perdonarte, y nunca me dejaste hacerlo.
Perdonar no es dar ni pedir nada. No es quedar en paz. No es salvar la guitarra.
Sólo es comprender, vestirse el pellejo del otro, aunque sea de esperpento y herrumbre. Aunque sea un maniquí meado por gusanos hambrientos. Es poner tu pistola en mi mano, y apretar también el gatillo. Y romper también el espejo y el útero de la vida. Y saber que yo también lo hubiera hecho.  Que no podría haberlo evitado.
Creo que en tu afán suicida. Quisiste absolverte, a través de mi odio. Que quiere decir, no hacerlo, irte, con las piedras encima, con el Leteo ahogándote, suspirando bodegón de estramonio y trampa "que ella sí se salve, que encuentre la mar". O tal vez, ni siquiera hubo tal vez. 
Yo hubiera comprendido cualquier cosa. Sabías que amaba los Cantos de Maldoror y aprendí a hablar quitando cristales de mis brazos.  Pero me obligaste a no poder hacer nada por ti ni por mi. A no conocer la palabra que darle a la mar con tu susurro y nadar libre entre esa sal.

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