HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No escribir nunca más de ello, evitará su verbo armado, su mortaja, su túnica de muertos.
Tan fácil como escuchar la lluvia en lugar del sonido de la casa yéndose al infierno.
Cantar esa canción y bailar junto a los palos y las navajas, la belleza del infinito. 
No darle palabra, ni descosido en mi vestido, ni sombra en mi cuerpo, ni trago en mi vaso de vino, ni réquiem cuando te llaman los cuervos extraviados.
Hacerse el loco, armado con fusiles de pintura y de mala hierba. De tejado en tejado, allanando la desgracia de haber nacido. 
Darle la espalda al pulso epícurico de lo orgiástico que sólo en la puerta trasera del antro verde sabe adivinarte el futuro leyéndote las líneas de tu mano.

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