HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Nunca se fue la soledad que cosió su nombre en la música de las cosas muertas.
La llevé conmigo, al cáliz de whisky, al bolsillo roto, a la patada en el crepúsculo.
Se quedó cavada tan hondo como el canto que lo quiso.
Lo olvido también con desapego, con el amarillo de la genista, con la lluvia cayendo por mis mejillas.
Lo olvido en todo lo que escribe hacia la lucha, hacia la vida que regresa.
Pero nunca es suficiente irse demasiado. No es posible matarlo del todo de las palabras que desde mi boca en su boca conocieron la anchura de la mar.
Es la hiel y la dulzura del fracaso. Es el absurdo que sigue y ama todavía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario