HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se oyen los pájaros. Mi distancia rasura su oquedad al beso de los pinares. Canto teñido por grutas ama en los rostros borrados de la sal, la memoria del suburbio que bebiste bajo los brazos rotos de las estrellas.
Busco la palabra, llevo buscándola tantos años que ella ha aprendido a esconderse en los agujeros del cuaderno que tu piel devoró, camino del sur con la nieve encima.
Ahora, no puedo evitar, la desdicha de saberla inútil. Incoherente en mi cuerpo, en el horizonte que aprieta el principio del fuego donde tu verbo renunció junto a la pólvora a llevar el amor en los labios. Pero no es un problema. La inutilidad es también un barco en el celebrar de la hierba de los huesos volados. besando los ojos de los ciervos.

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