HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se oyen unos pájaros, que suenan a silbidos de taberna, a voz grave de canto de jazz cascado, mezclada con un violín. No sé de qué pájaro es ese canto. Mi abuelo paterno, conocía todos los cantos de los pájaros y sus nombres. El abuelo se murió demasiado pronto, yo era muy pequeña. Y nunca pude aprender las cosas de sus pájaros.
La inmovilidad provoca el desarrollo. Excepto en el activismo político. Las personas que se suicidan del tictac del civismo y se entregan a su propia muerte clavada en las legañas de la luna... se ven obligados a conocer el lenguaje de las estrellas.  Lxs pastores que pasaban horas y noches y días enteros, solos, allá, llegaban a un desapego y renuncia... que convertía sus ojos, en un misterio de fuego aunque ninguna palabra lo explicara nunca saliendo de sus labios. Los bereberes, los pescadores. O aquellxs solitarixs que van a la cantina y observan sin que les importe, sin que ya les pueda importar nada. Los vagabundos. Y tal vez también aquella médico de cabecera, o la que vende pan. Muchos que ya no están, aunque su cuerpo pertenezca a la multitud gris de la urbe.

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