HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Son días sin literatura. De gases lacrimógenos en la arista de esa pared. De exclusión, lleva tú la crisálida, el vino y el mazapán.
Hoy cuando hablé con mi hermano por teléfono, y su prisa por el futuro que no existe, por querer comprar un piso, su temor al naufragio y la precariedad y la pobreza y la indigencia, tuve la sensación de que lo estaba escuchando desde mi tumba, mientras la lluvia encima le escribía un risa de piedra. Sólo le dije "menudo comunista de mierda que eres tú que quieres comprar un piso, los comunistas de verdad, no dan monedas ni las reciben, sino balas contra la propiedad"
Tengo la sensación de que todo se acaba, aquí. Que ya no estoy de trinchera y piedra en el camino, ni horado sueños, ni busco el alcohol en los frutos caidos. No tengo esa pasión por la poesía. No siento amor.  No tengo esperanza. Y todo va bien. Hay una belleza amarga y viva, en esa descomposición de los bodegones.
A veces tengo la sensación de que he tomado el atajo de los viejos que hablan con la muerte. Por fuego e infortunio. Porque todos los pájaros me llevaron allí.

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