HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñaba algo de una vieja alegría, de una manera de despertarse embriagada por la esperanza de lo desconocido,  de esa forma de acariciar la poesía cuando el alba era una liturgia de niebla encima de la mar.. del sentir que el infinito estaba a un parpadeo... y me sentía tan lejos de aquellos tiempos... eso me ha hecho abrir los ojos en la nostalgia de la alegría, en su carencia.
Tengo que recuperarme, al menos a la escritura. Hallar en ella la vehemencia.
La tristeza es un proceso que forma parte a veces de las metáforas, del poso de vino y su nombre borrado y ahogado del paso que se pierde en las montañas. Es algo azaroso y que a veces oculta compactos motivos. Esos libros cerrados y acabados en el tintineo del cristal del opio, al cicatrizar de la tierra en tu boca callada de todos los ojos.
Hay un tipo de tristeza, que se vuelve antipoesía. Que acuna la renuncia en sus huesos rotos y ya no quiere hablar. Esa es mi enemiga. La otra, de algún modo es una arquitectura política del grito y de los relojes quemados, y es también necesaria para la palabra, cuando es, y no la evitan los sueños.

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