HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñaba cosas raras... que me hacen abrir los ojos en la atracción de una grieta...eran sueños que casi no puedo recordar... sólo una escena última, dónde nos habíamos dividido el grupo para buscar un coche,... y había uno que estaba golpeado y lleno de cemento, con un montón de kilos de pasta de cemento en el morro, y yo decía igual es éste, pero no lo era, y caminábamos por una ciudad muy fea y había coches muy raros, con los focos que saltaban dándole una forma irregular y de sapo a los coches, de carro de combate, de herrumbre y muerte...y luego algo de un bar, y al salir había un salón exterior, con sillas y mesas forradas con cojines y bastones y cachabas y yo cogí una para mirarla y tenía la bandera española en el mango, y todo era decadente y muy feo.
Ese tipo de sueños me dejan siempre una sensación extraña y antipersonal, porque además no recuerdo su leitmotiv, su argumento, su paralelidad conmigo misma. Y lo que interviene en la atmósfera me parece la vida de otro, algo succionado por una percepción que no tiene qué ver con mi alma. Son como los sueños de ideación de lo triste.

Sonó mi teléfono, yo estaba profundamente dormida y también el perro. Y salté de la cama y crujió mi espalda y me mareé. Fui a hacer un café. Abrí las persianas, saqué al perro al patio, luego le di de comer. Y vine acá, con el cigarro y el café, a buscar una palabra que pueda seguir en mi interior.

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