HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñaba un poema que hablaba sobre los tordos.  Me desperté hace ya dos horas, no sé qué he estado haciendo, tengo la sensación de que sólo han pasado 10 minutos.  Los pájaros cantan...la luz quema la textura que esa palabra embriaga donde ocultaré el motín de tu olvido.
Mañana me iré, tengo que recoger de la ciudad, alguna mochila con ropa. Y el viernes ya estaré en la mar. Tengo que limpiar la casa un poco antes de irme.

Ayer fue una tarde extraña. Estaba llena de gritos. Salí al monte en busca como de un milagro. Del deseo de jugar, de soñar, de creer en lo Imposible. Y en un momento emotivo del soliloquio, cruzó una semilla de chopo y al abrir la mano se quedó en mi palma. Así que fui con ella, como si llevara dentro ese milagro y todos los sueños, a plantarla en la tierra. Kavka me ayudó a hacer el agujero. Y luego planté otras 5. Las regué tomando en la boca agua de la fuente. Sé que esas semillas de chopo, muchas veces son estériles.. y el árbol se suele reproducir de forma vegetativa. Pero en mi patio nació un chopo una vez por una de esas semillas.

Luego me di cuenta de que yo me había vuelto alguien triste, que había traicionado a mi niñez. Que en el fondo ya no jugaba, tenía demasiados verbos dentro, demasiadas teorías del hambre y de la decepción, del escepticismo, de la misantropía y lo empírico del daño y del iros todos a la mierda.. Y me dije "a jugar se aprende jugando". Y empecé a tratar de hablar con mis juegos, e hice un intento como si estuviera delante de mí un visigodo y yo fuera una espada abandonada tirada en el suelo. Pero no me funcionó del todo. No me entregué al juego. Así que empecé a andar rápido, y a decir lo primero que se me ocurría, que fuera divertido, absurdo, que soñara,  que no filtrara en mi pensamiento. Y luego nos fuimos el perro yo al río. Sentí algo mágico al caminar por ese sendero tan estrecho rodeado de inmensa vegetación, casi no había sendero, había cicutas muy altas ya en flor, y esa especie de repollos abiertos con hojas muy grandes de verde oscuro y flores amarillas y moradas y azules y rojas, yo caminaba y sus colores empezaron a eclosionar, a amarme, a estremecerme.  Y luego estuve mucho rato mirando el río, sentada en una piedra, y vi unas truchas saltar. Y a la vuelta, hay un lugar que me gusta mucho, porque la perspectiva cambia radicalmente, la vegetación en la distancia da un lugar de que ya no existen las civilizaciones, es como una isla entre la selva. Hay una especie de círculo de unos 20 metros, y hace que todo lo otro ya no sea conocido, sino extraordinario. Y allí estuve bailando con unos palos y tratando de que Kavka no me tirara al suelo. Y eso me hizo feliz, bailé de forma extraña y mutante, moviendo los palos como si fueran una extensión etérea de mis brazos, como si esos palos si recordaran todos los sueños de mi niñez.

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