HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Sopla viento verde. 
Cambian las distancias. Mi lapicero arrastra en el absenta de tus ojos, el canto de los tordos en la noche.
Quise haber sido sólo hija de la tierra. Remo en la mar por la mar. Respiro campesino bañada de barro y cicatrices, piedras para defender la hierba del asfalto y las balas. Lengua de madera al grito del bosque.
Pero vine a cargar aquí mis huesos en otra nada.
A ventilar horfanatos en mi pecho.
A amar lo que huye. Lo que desconozco.
Agarrada al humo del callejón manipulo con tiza y sangre, mis engaños de pies sin suelo.
No acepté mi historia ni la historia que me contaron. No creí sólo en mis ojos. No agaché el verbo ante los dictados que vomitaron sobre mí para que nunca supiera. Mi palabra fue pisotón en mi palabra. Hueco. Lazo que extraño ataba el horizonte a un latido desaparecido en mis entrañas.

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