HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vengo de un estremecimiento voraz y vertical de la belleza, llegada con lo ausente.
Brillaba tanto la montaña todavía empapada por la lluvia y el olor a la hierba era como si saltara sobre su cabeza el valle y volviera a enterrarse y a saltar en su pasión.. y todas las estrellas metieran la nariz para inhalar el vientre de la vida... era tan... que por un instante sentí que estaba ya muerta. Los pájaros... la hipnotizante distancia con la palabra que había volado por los aires.
Al llegar a casa.... abrí una cerveza, puse la canción del extranjero de Moustaki y luego la tonada de Zorba el Griego y sentí tanta ebriedad de una melancolía medio sagrada, medio suicida... que no me entraba ya en mi cuerpo. Me metí en la bañera, porque cada vez que siento que voy a enloquecer sólo el agua me calma.
Y antes de escribir esto, sentí una especie de poema, del poema del amor a los poemas, a las palabras, a cada grano de tierra, cuando construía ese lenguaje que viajaba empujándome a toda velocidad a su tierra sin anclas donde una lengua de fuego borraba la orilla, el muro, la geografía de su muerte, y me dio pavor descubrir que ya no lo quería escribir. Que una rara ausencia era su único destinatario, y que ambas lo conocemos muy bien.
Ahora me voy otra vez al monte. Porque no me sirven las palabras.

1 comentario:

  1. Por fortuna has dejado aquí unas cuantas, porque a mí tus palabras si me sirven.

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