HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya ésta hora de doblar las persianas junto a la ceniza de la mesa, bajar la luz, escalando hacia el pozo, ese perfume de hachís que se pegaba en tus dedos.
Vuelta de ojo de buey entre las brasas.
Cúmulo de olvidos incapaces a hacer literatura.
Ya no soy la del poema. Soy de vaso que sale volando por la ventana y se rompe en el lugar que te chupabas la punta del dedo para ver por dónde coño se iba el viento. Y llorabas moratones por el papel.
Soy la involución de la polilla de cartón, grabada en la boca del caballo de madera.
Esto no va a ningún sitio. Nada conmigo lo hace.
No confundas el pesimismo con el penúltimo trago de la botella.
Aprendí a escribir tachando un encerado lleno de números cuando deseaba que la única escuela fuera el fuego.
Luego a la salida del manicomio, leí ese informe, con términos que no entendía ni el recto del doctor y que el pobre adquirió en su miseria. Eran todos de barrotes en los ojos. De córtate las venas ese virus crecerá como una plaga por todas tus neuronas. Por suerte, nunca hicimos caso a la razón de los otros, y los otros eran ese gusano que ponía marrón la carne de manzana. Excepto el lobo. Excepto el hijo de la goma de borrar y del vino recien nacido cada noche en las estrellas.

De todos esos patíbulos de azulejos armónicos con el agujero del váter, sólo aprendí a romper a pedradas la ventana, sacar con hachas la puerta y tirarla por el hueco. La llave me la tragué cuando salí escupida del vientre de mi madre.

Lo otro me lo facilitó la ausencia. La siempre soledad recogiendo la falda en el cuello de la cigüeña, cuando los muertos no quieren volver, cuando los vivos, han olvidado. Cuando soy igual que la hierba y el vacío. Y tú naciste muy lejos dentro mío.

1 comentario:

  1. Quiero patrocinar la ceguera absoluta ante el a veces necesario desengaño de la vida... comparto tantos pensamientos de los que manifiestas con tus letras, que, volvería a la placenta solamente para descifrar si elegimos la luz por voluntad propia o es la cigüeña en su Parnaso la que nos exige volar.
    Fuerte abrazo, Maestra.

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