HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya no creo en mi escritura. Escribiré porque sino me mataría, y aún no quiero morir.  
No creo en mis obsesiones de salvia divinorium, de fotosíntesis de sal, de mi amor de borracha con el piano quemado en mi lengua, ni el canto a la metafísica, ni al existencialismo, ni a mi paradoja que ha nacido del aislamiento y la ausencia de activismo político.  Me la suda el psicoanálisis, la mística, la introspección y su producto,la física cuántica.  Es del todo irrelevante lo que nace de mi niebla, del agujero del árbol de mi Alicia. Me da igual el conocimiento bebido de mirar a un pájaro a una tumba.
Lo único digno, es la lucha junto a lxs oprimidxs y por la revuelta y justicia social.
Todo lo otro es caca de la vaca.  Paja mental de burgués y de ciego y de cobarde. Pasatiempo. Vergüenza, esperpento e indignidad. 
Si alguna vez logro romper el asedio de mi puta desaparición en la atracción de la cucaracha de Kafka y vuelvo a la tierra, lo haré con piedra en mano para volver junto a lxs que luchan. Ese fue mi primer sueño, lo único que tuve claro, lo que me hizo amar y llorar, pelear y moverme. Lo que me quemó los ojos y las venas. Ninguna conciencia, ningún camino sirve para nada, sino es para ir a tomar el pan junto a lxs que no lo tienen. Esto lo supe, a los 12 años.  Luego me volví loca. Me fui tan lejos de lo humano que no pude luchar mano a mano con compañerxs. Me sentí abortada de mí y de toda humanidad. Y me vi obligada por fracaso a escribir poesía. Lo sé. Lo sé. Es mi espina. Es mi puta herida. Mi maldición.

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