HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya voy por la mitad de la historia de Maraiz. No la recuerdo mucho, no recuerdo el final que le di, por eso al transcribirla, soy lectora. Y con mis recuerdos abstractos,  afectivos, y la distancia, puedo ver los errores. Cuando la escribí, dejé zonas para el proceso de reescritura, notas del tipo, reescribir esa estrofa obviando tal, dar alguna pista aquí, haré tal pero no adelantar acontecimientos hasta qué, sólo que lo haga la metáfora.....,  y ahora me he encontrado una nota que me dice que meta una parte del capítulo décimo no sé qué,  en el 7, para dejarlo zanjado allá y tomar sólo la ventana rota, no otra vez el argumento.  Y con todo esto, creo que tendré que hacer otro tercer trabajo de reescritura. 
Yo nunca he reescrito mis poemas, ni otros textos, porque pertenecían a mi vida y me sería antipoético meterle floritura para un supuesto fin del poema perfecto que no me existe cuando mi corazón se mueve sólo entre ruinas e indigencia e imperfecciones, contradicciones como motor y como despedida... y todo lo que escribo ya no me pertenece ni me interesa.... Pero eso no funciona en la ficción. Y aunque trato también de contagiarla con mi amor al caos y llenar de contradicciones e impurezas a ellos, es importante que sean sólidas.
Tal vez antes de transcribir el próximo capítulo, deba leerla entera en el cuaderno. Aunque hay algo hermoso en la amnesia.  Que me hace ser más oligárquica con cada fragmento. Y tal vez así, la tercera vuelta sea más profunda.

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