HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Somos más.
Porque no somos nadie.
El vientre envuelto por la más profunda muerte
emana de los pechos arroyos sanguinarios
que sólo beben aquellos hijos de la tierra y de la nada
que no temen bañarse con la sangre primera que brotará la nueva sangre
y con las cadáveres levantados como cuernos de la noche
embisten animales con animales y astros, el útero de la vida abierto como el más terrible pozo
que aguarda que le des todos los huesos
y allá
la mierda
será nuestro alimento
para convertir la lejía en abono
las heridas en caballos
todos los fuegos
sólo encienden
donde no corre el aire
y en la más profunda asfixia
vuelven
todos lxs hermanxs que cayeron antes
porque ese antes, era una miga de pan que nos dejó la muerte
ya está en nuestra alma
nadie sino la muerte puede cazarnos
y ella cabalga de nuestro lado
del tronador
espejismo
de tu cuerpo boca abajo
era yo la zarpa
que me partía por dentro
tu esperma noctámbulo de  un nombre sin letra
ahogado de la voz
como placenta lasciva
de parir en medio de la muerte
un ojo de hielo que te devuelva la retina desangrada del bajo tierra
que arda de brazos
la amputación del corazón hambriento
de alimañas que al fin hagan luz con la carne
En media hora, otro riesgo de vuelta de campana.
Curvas peligrosas al borde del cementerio.
No echaré por mis senos sangre para teñirte serpientes entre las piernas.
Tal vez falta aún una noche de hachís. Pero el humo no acabará de la forma evidente.
No galoparemos más agujeros negros con las rameras. A pecho descubierto. Aunque la metáfora que rompe el escenario, es la dulzura de la puta encubierta. Ella lo hizo por amor, aunque no fuera tu amor. Cuando el vientre hervido del desierto abogó mares rojos circundando la nada. Compartimos la bala del desequilibrio. Caigo sobre ti, para levantarme por tu sombra. Todo es inocencia. Aunque el valle esté lleno de cráneos. Es el amor hambriento del fondo de la tierra. Es el nuevo Sol que ha levantado el abismo para sostenernos por los pies.
Abro el corazón hacia la soledad. Esa soledad preñada de lo inefable. Vuelvo desarmada hacia sus profundidades. Sin resistencia, sin coraza, sin deseo que nazca en la jaula del yo. 
Ha habido demasiados bailes sin tierra, interferencias de rayo y gentío. Aunque ella acabó tomando en sus brazos, el amor. Su despedida cuando se trata de tener los ojos abiertos, e intacta la voz.
Quiero aprender a montar a caballo. Galopar. Abrazarlos con todos mis huesos. Amo los caballos. Los temo, los temía, por el mismo motivo. En unos días, sobre ellos, apagaré todos mis temores. Hacerlos frente, es volver a casa. Es de urgencia. Es descubrir qué hay detrás de mí. Y volverlo al aire.
Tengo mucho por hacer. Y ya no será bajo el pellejo de los que van sin oler la sombra. Ni más trampas de naipe. Ni atajos de nitroglicerina. Ni vicio.
Ayer encontré un rincón nuevo. Metiéndome debajo de unos árboles, por un agujero de jabalí. Soñé un rato entre sus sombras. Luego escalé unos metros, sujetándome a unas escobas. Y había una especie de cueva... Allí sentí algo extraordinario y a la vez ausente, algo triste, pero con la alegría del agua. Me enrollé allí a la humedad sagrada de la roca.
Al regreso escuché un crujido en el bosque, sentí un orgasmo sacro. Una conexión profunda, una excitación muy distinta. Y vi una especie de ciervo, correr muy rápido monte arriba. Ese ciervo vino a decirme mil libros sin palabras.
He buscado una solución, en medio de la marejada. 
Quería que fuera comprensible, que se salvara el corazón, que él lo entendiera y se sonriera, y también quería salvar mi alma, volver al bosque, bajar la fiebre y llevarla al crepúsculo. Volver del todo al diálogo con la montaña, con lo distante para hacerlo muy cercano en mis sueños. Pero conservando el fuego de los astros.
Traté de que mi mentira no lo fuera en mí, así que la hice arquetipo, donde detrás se esculpiera un símbolo cierto e insobornable en mi corazón. Le hablé de Ella. Ella para mí era otra cosa. Era la huesera. Para él, sólo una mujer.
Así que en los juegos metafóricos, todo cobró un sentido hermoso, casi perfecto. Lleno de amor, del de más allá.  Hacer lo correcto en el dictado de los lobos y de la luna. Remezclar la sangre y la poesía. Detrás de todo la literatura nos ha embriagado desde que aprendimos a hablar. Usarla también para cruzar los suburbios y artesanar ventanas que hagan reir a los faunos.
No quería herir sus sentimientos, ni los míos hacia él, aunque ambos fueran de helio. No quería destruir la magia y volver con velo al exilio, ni moratones, ni aristas. Quería que se mantuviera ese cachito de inmensidad, abierto de viento y de estrellas.
Quería amarnos por última vez en esos términos, donde Ella, me sostuviera toda el alma, invocar al cosmos entre los gritos y refrenar lo urgente, muy adentro de mí. En el mismo lugar donde abrí mi "pecado". Quería sexo de hechiceras, de árboles y de luna, agua madre. Un poco de decencia en los viajes del viento.
Una contradicción que fuera semilla. Y no vicio. 
Un no dar a torcer jamás el poema de la montaña ni el camino del infinito.
No arrepentirme de nada, jamás.
Es la trilogía. Yo no sé bien cómo, pero todo suma, hacia una conciencia tan extraordinaria que o te vuelve loco de remate o loco por lucidez de la verdadera sustancia mágica de la que parimos que no es lo mismo pero es igual. Libre como caballo y loba y volcán y aullido de gasolina cuando el asfalto no entierra a sus muertos.
Y lo que arranca y mata. También lo hace sumando. Porque los números son abstractos y bifurcantes como semilla entre dos polos que se matan entre sí.  Y el caldero es de las brujas. 

Ayer me desaté de un modo más profundo. En otra zona del campo de juego. Con otra metáfora en el corazón y donde el cuerpo cabalga mares de llama, lluvias de tierra y el volar por los aires de casi todo lo demás.
Fue otra vez muy apasionado. Tal vez demasiado. Y al empujar hacia afuera el límite de la mar vino de regreso el sueño de naguales.

Dos fuerzas juegan a matarme. Y en el diálogo con mi muerte, aparece la tercera que lo arregla.
Pero aún no sé escribir todo el cuerpo de esas tres incidencias-obras del agujero del cielo.

Creo que algo tiene qué ver con mi vientre-paritoria.
Algo con el camino del infinito y los brujos y su dignidad y lucha.
Y algo con el amor y con el sexo, y no necesariamente, unidos.

Aunque tal vez esto es sólo parte del mismo tomo.
Y lo otro sólo puedo encontrarlo en los sueños y en la naturaleza.
He estado como en duermevela unas horas, mi mente dormía casi del todo, estaba muy cansada, luego sentí una energía, como una especie de rayo en la parte superior de mi cabeza, y empezó a oirse un sonido de fondo...y me dije "es él, está aquí, aunque no lo vea" vi una imagen como de un ordenador que se encendía, y en la pantalla ponía, cargando, y una voz dijo, que el amor te abrace ésta trilogía.
Me desperté algo furiosa, inestable.

Busqué el significado preciso de trilogía; conjunto de tres obras literarias o cinematográficas de un mismo autor que tienen entre sí cierta unidad, como la temática, los protagonistas, etc.

Me hizo carcajear lo de las obras literarias, porque las que me preocupan, deben ser pura literatura, me alivió lo pertenecientes al mismo autor. 
No he podido dormir. Pero he soñado.
Se volvió a desencajar todo en la raja del cielo, para encajarlo hacia el beso de la nada. Y éste oficio de hilvanistas sin morada y suelo, sin vestido..., a veces se me pone de absenta patas arriba. 
Aunque algo sabe. Saben mis sueños. Sabe la que soy, cuando estoy demasiado afuera, y demasiado adentro, sabe el animal.

Hoy estoy de resaca del amor, del vino, y de una muerte regenerativa.
Hoy estoy de velada de ceniza. Celo de astros que se alejan una hoguera debajo de la tierra o muy encima de los árboles. Un réquiem feliz de una esquela vieja, con demasiado pasión, en su tinta vagina de vete a saber qué penetraciones que derrumban todas las civilizaciones. Bala para volver a la remezcla del abajo del río abajo.

No puedo fiarme demasiado de lo que pienso. Porque me echa en volandas de pis de monguis.  La vida es tan excitante que la muerte siempre reserva una vuelta de campana de un orgasmo inimaginable y que no tiene que ver con los amantes.

Ayer el amor adquirió un tono más profundo, más soviet, más etílico del licor de los músculos y huesos, de la madre-serpiente velándonos el viaje sin frenos, con el volante empañado de mil caminos urgentes, bifurcantes y armónicos en el centro de lo imposible.

Cada  vez que se da una voltereta hacia el vacío, enardecidas de éxtasis. El vacío devuelve con una pistola, que vuelve a dilatar el Infinito, en sus golpes y fricción, del amor de las estrellas, la muerte y las semillas.

Por eso en la madrugada llegué a un lugar mucho más vertical de la estación que vuelve a la matriz.

Mezclando mis vicios, airadas de nube blanca, cicatriz y los oidos que tengo en el otro lado de la montaña aguardándome..... en ese ensueño que partió la sombra en los senos de una mar ensangrentada de luz y abajos. Hoy estoy acá, coomo un interrogante dislocador del horizonte a cuchilladas en mi médula. Con la mariposa. Con la porno y la sacra. Con mi duende del punk y del desierto.
He tenido un ensueño que ha cambiado algo radicalmente en mí.
Todavía estoy lejos de la palabra. Una abrasiva luz se interiorizó en el afuera que arde en lo más compacto del corazón.
Vuelvo a volar. El presente obliga a tener medio cuerpo en el abismo.

Tanto fuego, vagando por el infinito, con esa jarra de barro llena de vino. 
Nadar desnudos en el río.
Amarnos a su orilla, sobre el árbol, ajados de hierba y viento.
Llegar a esos vuelos que no conocen la palabra.
Y marca soziedad alkoholika el ritmo de tus besos.

Y antes a la gresca.
Al te lo quito y me lo echo en el vaso.
Al por delante se cruza la zancadilla.
E infieles son las piedras, el río, las nubes, la belleza y la muerte. 
Jugar a hacerte un canuto con mis ojos en tus ojos.

Pero caimos de amor. 
Nos demoramos en cada una de las estrellas una mordida de hachís e inmensidad.
Y si me pierdo, átame a Marte las cuerdas y las vocales.
El vino subió esa temperatura, donde mueren los relojes. Se queman las páginas de los previstos y me imprevia el mapa que se arde. Se arriesga otra vez la palabra en la boca, como metralleta.
Contener en el útero, esa recámara de lo que mentí.
Hoy tengo violencia contra ti, simulada entre zarpazos de tierra caliente.
Tentar al universo con su última bala.
Ahora el viento.
Y no me importa lo demás.
Un blues, vino tinto.
No hay prisa. El camino es muy lejos y no va a ninguna parte conocida, ni previsible.
Me encuentro, mezclada la rabia, el fuego, la pasión, la sombra mordisqueada por montañas de benceno. Cuando entre los huesos, regurgita, mariposa negra que remueve la espada y la pared, donde tu mano guiña ese olor de las bestias pastando en el valle. 

Vuelvo a no tener ni idea.
Y tampoco me preocupa.
A veces hay que perder la cabeza para recuperar al animal que sabe qué camino tomar.
Romper el mundo. Arriesgar todos los valores, las nociones, disparar a matar a la historia que me siguió. Y entrar de ojos y peyote, al corazón del cuervo que nació de una nube y una serpiente.

Oigo esa tonada, se me rompen los esquemas.
Lo dejo así, a mezcal de la rosa del desierto.

Del amor y el desamor, tan caliente entre mis piernas.
Tan hash.
Y esa gota de sangre. Tan húmeda de tu espanto.
Tan traición compartida a la gresca de maniacos depresivos de la absenta.
De piedra en la mano.
De no me hagas hablar sino es un aullido.

Qué culpa de haber nacido del dolor y el placer.
Qué chapas te vendió Mercurio cuando fumabas en plata,  el beso de la vírgen.
Hoy me he querido sola, en esos lugares donde nadie me encuentra.
Sentí un vaivén en el prado en el que entraba como en sueño. Los árboles parecían dioses que se fundían en la cromática de mi silencio. Las nubes iban tan rápido y el sol entre las ramas tenía un color onírco...y me emergían una energía de la que no podía ni quería escapar.
Comprendí el sueño de hace unos días, como si hubiera tomado peyote.
Las piezas de aire de mi puzzle de cubismo encajaron en una especie de fuego. Y echaron una canción al vuelo.
Supe lo que tenía qué hacer, bajo unas nociones en las que no estaba ninguna palabra.
Supe lo que debía destruir de mí, en la continuidad de esa perpetua metamorfosis que otorga el presente.
Olí el peligro de mis errores, aquellos que nacieron dentro de un ataúd con hielo y heroina, o demasiado cerca de la absenta de la perdición.
Sentí que todo respondía, cuando decenas de mariposas vinieron a bailar conmigo. 
Me sentí en el abismo protector de lo inefable.
Hoy quiero abrir la puerta, a la quema de la pared, de las puertas, de los malos entendidos.
Del che párate. Sólo los pájaros. En mi techo es la impropiedad levantada en armas. Es la ancla destruida. Es tierra de nadie. Es la inocencia ácrata y punk. Es ternura de bestias, amor de nómadas, es simbiosis temporal de luna llena. Es mi teatro de estrellas.  Es siempre el otro lado, cuando no para de girar el sol. Es lo incompleto, lo inabarcable, lo desconocido. Es el te equivocas pienses lo que pienses si piensas de mí. Porque adentro soy sólo viento. Y más adentro es la muerte la que sembró un ser inabarcable... porque el yo no existe, son capas de cebolla que se desvanecen mientras se abren los ojos y lengua de los huesos...., hay que matar al país, a todas las influencias de la cultura y su boquete y jaula, de la familia, los fantasmas que se arrastran en los siglos, el espejismo de la mente.
Esa música, una cerveza, una airada de nubes y pájaros.
Demasiadas flores que hacen volar. Demasiado amor, junto a una humanidad que ha prostituido a sus hijos.
El amor, acaba en un fusil. Aunque hoy sólo quiera bailar y subir a Marte.
El amor, se mete en una barricada, o no es Amor. 
Ningún sueño se queda en el aire, sino coge las armas de lxs avasalladxs y toma el pan y la tierra, junto aquellos millones a los que se la arrebataron.
Pero hoy, yo quiero abrir hueso a hueso el placer de la vida. Permitirme, sin ningún reproche el individualismo absolutista de un cacho de la felicidad.
Hoy soy egoista de la luna entre mis piernas.
Me partí muchos huesos abajo. Hoy los restauro de tanta belleza que en cada piedra y rama, ama enloquecidamente todos los milímetros de la inmensidad de la vida. 
Hacer el amor, para hacer la guerra mejor. Para desear más, para no tolerar ni la mínima mueca de los proxenetas de la naturaleza y su gozo.
Amar tantísimo la libertad que tener afilados los machetes para jamás permitir que nadie manche la canción.
No se puede hacer la revuelta,  si no cree en la humanidad, ni en los delfines, ni en las raposas.
Hoy vuelvo amar. Pero el amor, es revolución o no es amor. Seguir su camino, es la conciencia, y la conciencia es llevar en la piel todos los moratones de injusticia y hambre y saberlos propios. Ninguna felicidad permanece, sino se lucha contra los criminales. Si se equivoca el camino en los paraisos artificiales, en lo yonqui de Marte, se explota con la muerte y se cae al infierno. Porque la conciencia es la anarquía. Y todas las estrellas lo saben. No permitirán que seas indiferente y cómplice a los asesinos, te envenerán el corazón, si usas las monedas y gastas el paso, en el burdel. Si agachas la cabeza ante la injusticia y la infamia, si callas la voz, te harán ceniza.
El otro día por probar, mandé un currículum literario, a una empresa de esas de explotadores de enfermos mentales, con la idea de hacer sindicato, de nuevas experiencias, sólo un rato. Porque por suerte, tengo lo suficiente para vivir, y voy sin equipaje, arroz y manzanas.
Me llama el tipo con voz sobrada, como si él dijera ven y yo lo dejara todo. Le interrogo de las condiciones del contrato.. Y no quiere responder, habla de que primero será la entrevista con ese tono facha que ha otorgado y favorecido el capitalismo a todos los empresarios. Le vuelvo a preguntar, condiciones del contrato, puesto, salario, horas, vacaciones, porque no voy a ir a una entrevista a un trabajo de putas a lo tonto y menos ahora que ha vuelto el amor y estoy demasiado entretenida.  Le jode, le jode que yo tenga la minusvalía por loca y no por tonta, le jode que no esté desesperada y que no ponga el culo a su voz.. Me dice que el trabajo sería para el montaje, le digo ah sí, eso de estar como un robot en una máquina que se mueve atando cablecitos. Muy bonito todo. 
Eso tipo de empresas no aman a los locos ni a nadie, sólo aman el dinero, no favorecen inclusión, favorecen su cuenta bancaria porque no tienen que pagar a hacienda, son un prostíbulo que van disfrazados de la beneficiencia y el filantropismo y son unos buitres, que ofrecen trabajos, sin alma, sin creatividad, sin vida, sin emponderamiento, siempre con el salirio minimo,  militarizados, de puta mierda. 
Pero ancha es castilla y más será cuando arda de anarquismo y la locura libre bese la tierra y la luna.
Quiero probar otros puertos, con otros barcos sin ancla, ni destino. Sino migratorias formas fractálicas, de hacerlo con dios, de conocer las lenguas del animal y de la lava, de la mar, de la arena mojada de alma, hasta el incendio.
Moverme de flor en flor, de paraiso en paraiso. Tal vez sólo lo femenino puede llevarme a las estrellas.
Tal vez mi zona hetero, complementa sólo un cachito de cubismo. Pero el fuego es de Ella.  
Yo tengo adentro, una llama sin género, de la yerba del diablo, de los senos de la mar, del hachís en un bar que se cae a pedazos de tanto amor sin tierra. 
No hago el amor, sino con el cosmos.
Y los cuerpos son sólo un conducto. 

Ningún hombre de los que conocí ha logrado abrir del todo el infinito. Sobretodo si los he visto más de una noche.
Acaban genitalizando, haciéndose terrestres, demasiado humanos, con demasiadas cicatrices de la civilización del capitalismo y su exclavitud, con marcas que no distinguen y alimentan sin saberlo. Acaban haciendo cadencia.
Sólo lxs locxs saben abrir las piernas del paraiso y volar, bendecidos cada hueso, de la madre más  viejas de todas las madres, de las sagradas, coyotes y raposas, leones y pumas, lobas. 

Creo que la energía entre él y yo ya ha sido bailada por mi útero-aire.  No sé si el presente tendrá algún fruto aún que no imagino. Nunca se ha de hacer arquitectura. Porque el presente, es lo extraordinario, y sino no es el presente, es una trampa del laberinto de la mente y un espejo opaco. 

Hay quiénes aman fundidxs de cosmos y usan al cuerpo como un conducto, y lo aman todo demasiado. Y hay quiénes quieren llegar al cosmo usando al cuerpo como un todo, pero pegados de la tierra. Lo hacen del revés. Sólo los locos saben amar. Más allá de todos los moldes, palabras y tierras.

Creo que él, aunque no me guste cerrar la magia del Instante, tiene frecuencias más bajas de energía... y ahora cuando nos mezclamos mi Ella ya no se satisface.  Tal vez ayer había crispación en el aire, mucha gente por allí, fiebre. Tal vez aún haya un mar desconocido que me sorprenda. Pero lo que es seguro es que por poco tiempo. Ella lo sabe.
Me di cuenta que ese no era mi mundo.
Yo juego con una metáfora en medio. Leo todo del revés, por mi enamorada dislexia, entre el verso que rompe la gramática, en mi agujero de árbol y en los hocicos del lobo. Pero también sé leer, de letra en el mármol.
Y ese tipo de hechizo, cuando se trata de un amante, dura poco.
Mi corazón hinchado del amor etéreo, se muere si lo humano, empieza a hacer peso. Si mi poesía se enfría. Es Ella, sólo ella, la que me dicta el canto y la pisada. 
Si su  senbilidad de vagabunda, se ve asediada por una  botella rota de ginebra o demasiada tierra. Ella me apura el adiós. Se va y me lleva.
No hay ningún otro camino. No lo hubo nunca. 
Ella es la jurada infidelidad para seguir siendo honesta.
Detrás de sus ojos, hay mil teatros que se usarán en tu contra, si me crees lo que se creen tus ojos y a ella no le dan licor. 
Yo no follo contigo, follo con ella, en tu cuerpo. 
Tomo tu éter, tu propia ella, con la exclusividad de tu fuego. Pero siempre es Ella.
Y ayer, no la llevaste al cielo. Te vi animal de dos patas, primitivo, no la saciaste, no volé. No me supo ni a primera ronda. 
Ella es salvaje, ella es serpiente, árbol y manzana, huerto, desierto, hambre y paraiso.
Ella no se casa con nadie. Sino con todas las estrellas, la célula rizoma, el vals del LSD, el orgasmo del piel-roja.
Me despierto demasiado pronto. Tenía sueños medio rotos. Ansia de algo abstracto. Prisa insomne debajo de la tierra.
Soy cambiante como cambian las presiones atmósfericas en el verso sangriento de un olvido.
Ayer fue una tarde de locos. Éramos demasiados. En tierra lejana.
Durante un instante pensé que eras un completo gilipollas. Lo malo de mis pensamientos, es que una vez que son formulados, crecen hasta la luna. Los del amor y los del hacha, los de la nostalgia y los del peyote. Nunca asoman sólo la nariz, acaban metiendo el cuerpo entero.  Pero de momento es tiempo de pájaros. Y tampoco me importa sino el rocío cuajado en esa ginebra, la bala y el adiós vino con el primer beso. Todas mis historias, tienen ya un final, explotado de luna llena. 
Tal vez tu zona macarra, detrás de la pupila, embriagó el fuego cuando íbamos a volar para pulverizar las orillas, al amor del crepúsculo. Pero me hiciste sacar la mía, cuando me levantaste la voz. Y yo soy también bicho de la montaña, y sólo me ladran los perros. Enseguida me pongo a maquinar, porque escuché la noche también en los calabozos. 
Algo te pasaba. Algo tal vez que te trajo tu familia. O quién sabe. Algo que no pregunté. Tal vez una vieja espina que nació hace muchos años y ayer cuando yo no estaba se te abrió ensangrentada. Y andabas a la guerra, como lobo encerrado. Tal vez, el otro lado del hachís. Y tan jodidos esos años sin monedas ni esperanza. Tantas cicatrices. Tan de tijeras a la cuerda floja que envenenó el sistema capitalista.
Me excitó esa pelea que le sacaste a ese tipo violento y tatuado. Teníamos nosotros la razón. Me gustó tu pararlo a golpe de hacha...e ir yo a meter leña al fuego y brincar como los ciervos en la maleza.
Luego mi isla...con la soledad y el río y Kavka y yo, nadando, a la vera, echándonos una carrera, de arriba para abajo. Soy tan feliz en el agua con el perro, nadar pegada a él, los dos como delfines, , dar vueltas como liebres ebrios de agua, empujarnos, abrazarlo con todo el río y no hundirnos jamás, amarrarme a él y dejarlo que me lleve. Lo agarro atrás y los dos flotamos, él se hace guía y yo pataleo con las piernas, de acá para allá, perdiendo la noción de la humanidad y del tiempo. Y cuando el perro se cansa, me muerde el pelo y me saca a la orilla.
Luego el revolotear, de pájaros.
El cansancio del delirio de la belleza de esas montañas y pozas del río. El agitar de árboles y hierba.
Pero algo cambió de mi piel en tu piel, del latido en el latido. Algo que trajo, a mi cuervo migratorio. Al jugar de los barcos que pronto dirán la mar y se irán con ella.
Ayuno sólo de manzana y vino tinto.
Venir a reposar un vals y volverse a ir.
A hacer nudismo de río y cueva y plegarse adentro con su aire.
Chapotear todo lo que sale rana roji-negra y hacerla mi piel.
Y beber la vida por cada centímetro del cuerpo.
Llegados a la felicidad, después de tantas tumbas, qué qué importa cuál sea su nombre. Si todos los rostros y desperfectos caben entre sus piernas.

Volver a tener 15. Beber a dos botellas, un trago, a un crujir de caderas, siete lunas. Morderte la oscuridad con champán y margarita. Subir los grados, a otro planeta.
Rodar en la hierba. Desearte cada vez más. Rendirte en mi redención. Y seguir.
Encima de la alpaca, en la ribera y en la cumbre, abrazando el árbol que se mezcla contigo.
Tentar a la policía con el fuego de tus ojos.  No anillarte, sino estrella fugaz del tiempo que en verdad no existe. Espacio conquistado con labios de gas, raposa de luna llena, cada vez más allá.
Tengo ganas de él. 
De que dé el mediodía. De irnos bosque adentro, río arriba.
De hacerme la fotosíntesis encima de una nube y que me salga fruto de beleño.
De no acusarlo con mis simulaciones.
Y de lo impredecible que él embriaga. Hijo de los lobos.
De escandalizarme con las alas abiertas.
De no poner freno. De abrir todas mi neuronas, sangre del cosmos, todos mis poros, abordaje, todas mis ventanas hasta ver los ojos del infinito.
Anoche le zorreé mi blancura.
Se hubiera reido, si hubiera escuchado, a mi vírgen paranoica afilar hachas.
Yo me reía por dentro hojarasca de fantasmas naguales.
Quería firmar una pelea, sin que hubiera testigos.
Quería sobornar sus manos, sus instintos y los míos.
Quería meter hielo y leña a la hoguera.
Quería qué sé yo qué, todo dadá.
Todo de noche bruja.
Y esas estrellas fugaces entre los pinos.
Y ese fuego fatuo que nos fue llevando.
Y ese ir poco a poco... rompiendo los esquemas.
Ese exitarse de dos polos opuestos.
Ese no y ese sí, en la misma calada.
Ese tirar la piedra y escondernos entre las manos que van abriendo del cuerpo las estrellas.
No sé qué es el amor.
Lo supe en el otro mundo y tal vez cuando estaba loca.
En éste era un esqueleto en un pupitre dibujando con alcohol y llama la muerte de la escuela y de los cielos e infiernos, en una bala de éter.

Mamá cuando era más pequeña, me dijo algo asi "el sexo es la unión más profunda entre dos seres que se aman y funden sus almas al mezclar sus cuerpos, sólo cuando hay amor" 

Yo nunca encontré lo que mamá dijo. Mi amor era de piratas, bestias y exiliados. Tan hambrientos del paraiso, tan yonkis de la luna, tan tierra sin tierra.
Y el sexo era también una nave que quemaba en el oceáno las orillas.
No sé si porque mi alma, era medio extraterrestre. O porque tenía marcas de heroina en el corazón.
O acaso el alma, era una botella de ginebra y un saltamontes. Una goma de borrar, un rizoma, un tiro de ayahuaska y un callejón.

Hoy no me preocupan esos problemas de gramática.

El amor es un concepto abstracto. Y cubre rotos con descosidos. Abedules con abejas.  Ríos con peces, virus y plantas mágicas y medicinales.
Y en lo abstracto, para mi él es puro amor.
En lo concreto, somos dos delincuentes de estrellas, asaltando por las noches valles del ayuntamiento, y marcando el territorio ácrata con el sudor del fuego. 

Es amor la maleza con el rayo.
Los cantos rodados y los violines.
El hachís y la lluvia.
Es amor mi costilla y mi otra costilla.
Amor mi saliva en tu piel.
Tu lengua adentro.
Amor el sol con la luna.
La mar con las nubes.
Amor el barro con la gasolina.
Amor los perros, las raposas y el salitre.
Todo es amor. Amor es abstracto. Todo es abstracto si quieres penetrarlo y desintegrarlo, descubrirlo, muy adentro, muy abajo río abajo, muy arriba luna que arde.
No hay que hacerse la rechingada. Ama todo. No metas en medio la idea, ni el futuro, ni la moral, ni la duda. Ama, goza, vuela.
Juntar el fuego y el agua, correr sobre el viento, y echar semilla de éter en la tierra.
Tal vez soy viciosa.
Pero no vayas a hacerte un plan de retroceso y blancura. Fóllate al vicio, dale más leña y hoguera, más letra y sangre. Y volverá a ser un ángel, todo santo.
Si romper las cuerdas del límite, hacerlo con toda el alma, con todos los huesos, ebrias de humedad e infinito. Pedir siempre más a la luna. Mucho más al olvido y a la felicidad. Más a la vida y a la muerte.
De andar de roña y hucha y ética, para un supuesto porvenir, sólo se alcanza la vejez y se paga la tumba a los buitres de las funerarias.
Dejar el cadáver como colectivización de bienes. Todo proletario. Todo sóviet.
Hoguera en la plaza. Guillotina en la memoria histórica.
No dejes con hambre a tus gusanos. Dales el canto, no permitas que ellos vengan a buscarlo cuando ya no sepas correr.
Apenas duermo, porque la luna dice carpe diem con lo nuclear.
Porque me abre los ojos un rayo.
Nada es suficiente, cuando el horizonte, es convertirse en un pájaro de fuego, mear sobre los paises su pólvora, tirar las cadetrales y los gobiernos, y sobre los bosques, el agua, todo por el verde. Todo por apretar al gatillo al espejo y volver al infinito, ser un perpetuo orgasmo, de conciencia.
Mi pensamiento, hizo un agujero en un Iceberg, y se fue con extrañas bestias marinas que hablaban el lenguaje de lo imposible.
Por eso contigo, prefiero recoger setas en el bosque por las noches, echarnos un vuelo, hablar como habla la madera, el agua y la luna, como niños sacándole las vergüenzas a los muertos y al interior de la tierra y amar. Evitar la transparencia de mi lado oscuro, porque sería tu muerte, mi tiro en la sien, mi cuervo de Poe, mi adiós para siempre. Y de nuevo regresar toda de plomo y llama, a mi exilio. 

Tal vez fue por esto, que los amantes fueron, más del sexo que del alma. Cuando busqué el alma en algunos de ellos me salió sapo de la nitroglicerina, mantis religiosa, he de ser de otro planeta, adiós con balas y desangrados de moratones.
Y los que fueron del alma, nunca los dejó pasar mi lado humano. Porque de aquella, estaba cautivo en mis poemas de bruja y hambre. 

Porque me hice novia de la ausencia. De esos cantos que sólo nacen, cuando han sido destruidas todas las civilizaciones en mi balcón de rayo y araña. Cuando yo sólo era la proyección de un rizoma, cuentos de duendes y brujos, tentando al infierno, el amor de los desaparecidos.
Ya no voy a hacer radiografías a mi espanto.
No soy reacción de mis heridas. Ya no, porque le di toda la sangre a la mar. Transferí mi sed y mi grito, donde yo había muerto. 
Da igual mi historial de urgencias, del calabozo, del manicomio, de los viajes de seis meses de LSD y cocina de brujas reviviendo dinosaurios. Da igual para ahí afuera lo que yo hice con el verso y con la noche. Todo quedó atrás, follado en la sombra del animal de cuatro patas que me sigue. Él lleva el fuego, el hambre, la absolución.
No quiero un salmo de nadie en aquellas tumbas. Ni un beso. Ni un estaré contigo, yo te cuidaré.
Mudar la piel se hace junto a las serpientes emplumadas.  Sin pestañear, sin temblar tango, sin suspirar el reparo con las manos abiertas, es a puño cerrado golpeando las cárceles, es soledad de loba, es sólo la casa del poema, su laboratorio, su vendimia y alcohol.
Ha sido demasiado lejos, el paso, con mil distancias golpeadas en mi pecho, donde sólo Marte tenía oidos.
Yo no tuve ni 14 de febrero, ni un semejante, esos 1000 años del río del olvido.
Eso me posiciona, eco de rayo, en mi vuelta de campana.
Tengo un bicho dentro que nunca se corta las uñas, ni doma sus jadeos. Busca a Franquestein en mis sueños y se va a bailar con él y los muertos el infinito.
Por eso con los amantes, surrealismo, teatro, sólo presente, sólo pájaros sin compromiso, sin nido, sin volveré.
Estar furiosamente también dentro de mí. Ser de la soledad, mis llaves, la tráquea, el canto. Ser del poema y los árboles, mi otro lado, el que siempre me da caza, el que me lleva, donde nadie se ha quedado.
Salir fuera, hasta las estrellas, el vino tinto que flota, el camino de barro entre los pliegues prohibidos de una marea que te oceana los huesos sin límite. El amor si es que es existe ahí afuera.
Pero entrar más profundo, mucho más profundo. Ésta ha sido mi única casa. Las muertes, la vejez de la palabra recien nacida, siempre me trajo aquí. La duda, y tantas dudas como huellas derramadas.

Hoy juego a ser humana.
Porque sentía que llevaba 15 años sin serlo.
Juego a la inocencia de beber los bosques con otro cuerpo, de reír la muerte con otra boca, de besar la vida en otros labios, de escalar el exilio, amantes, niños que buscan en el monte, los pies del fauno. Decir el amor cuando nunca se ha sabido qué es. Como adolescentes, como gatos, como dos astros ene celo.
Juego a tentar a mi loba esteparia a morir.  A probarme los límites, esnifarlos y destruir mis lados. A no estar a la defensiva con mi corazón y mis huesos. He estado tanto a la defensiva que había mil calaveras debajo de mi cama. 
Juego a la decencia que otras veces me había sido una hoguera desbocada, profana de quién camina sin tierra.
A echar raíz, aunque sea en la osa mayor.
Recorrer pasajes de la adolescencia que fue a arder tal vez al manicomio, tal vez a la mano congelada de un vuelo sin mundo. Urgencia de la muerte cuando era tan fuego el horizonte.
Volver a tener 15. Asaltar la piscina por la noche. Nadar desnuda. Secarse a la luna. Amar. Tostarse de estrellas, del olor de los pinos, del canto sin penitencia.
Y qué importan las respuestas. Cuando un día el cuerpo será fiambre. Helado de los labios ciegos de caminos arrugados del que nadie trajo de vuelta, una palabra.
Hoy echarle un pulso a la vida y a la muerte. Salvar la mariposa del conjuro. Arrancar en pedazos la careta de la calle y las paredes que conservan en las casas, el cobarde silencio de morir sin haber volado, hacerlo suburbial de la pasión del benceno. Hacer el amor para saber hacer la guerra, a quién ha venido a prostituir nuestra libertad y a mercar con nuestros cuerpos, sudor y lágrimas, gritos y ataúdes, mostrador del capitalismo y de la miseria.
Todo vuelve a ser impredecible. 
Desabroche de calles en el huerto de la inmensidad. Con el río todo nocturno bajándote la luna donde en tus ojos el aire aulla.
Contener el deseo de arder, para darle al fuego lo que vale. Para que el viento me proteja la nieve y la hoguera. Para que todo fluya hacia la inmensidad, no inhalando la memoria de la sal.
Al final, volvimos a hablarnos. Que no, no estoy allí, regreso tal vez ya muy tarde. -Que la noche no tiene prisa. Que si a dar un paseo a los perros por el río. Que si llego cansada mejor mañana.. Que sí, esos puntos suspensivos, encima del bosque.
Gatos escondidos ocultando los conductos.
Me di cuenta del detrás de ciertas palabras de vino tinto. Me detuve, silbé rosa de jericó, fingida indiferencia, vals de desierto y qué que no sabremos. 
Que éste juego de títeres de luna llena y que mejor no preguntar, no darlo todo nunca, no quitarlo. Dejar quizás sólo de la mar embravecida. Esperar las ganas de los árboles y desiertos. La huesera escribe lunas en los pozos.
Arquear la cadera.
Acechar de loba. Entre la vida y la muerte. Entre el éxtasis y mi escritorio de papeles quemados. De un lado a otro. Medio cuerpo en cada mundo. Y de vez en cuando todas las hogueras. Pero entrar y salir. Ser aire. Ser invisible cuando la pupila dilatada pida lo que no es mío.
Esos sueños, y el haber despertado como una muerta, como si tuviera una resaca de heroina. Me hizo de nuevo pensar en el peligro de hacia dónde voy. Y de echar cierto freno, de la soledad del bosque.  Necesito recuperar la conciencia del sueño, que es el ensueño. No embarcarme en todos los licores que se me presenten. Ir con mi corazón amarrado del beso de la mar y no de huracanes como loba errante de llama. Como deriva que vuela de un lado a otro sin control. 
También he interpretado en ese símbolo de K. un arquetipo de pureza, aunque esté debajo de cien tumbas. Algo que regresó, porque estos días, había sido cien olas de ginebra. Algo del poder femenino, la manada,  puzzles del surrealismo, la urgencia de la energía. De no meterme en la boca del lobo sino se lleva el fusil.
Soñaba, con unas mujeres, saltábamos y jugábamos, una de ellas, había sido novia de K. y ella lo llabama Aire, dijo que todo se estropeó entre ellos porque él descubrió una foto muy fea en la que ella salía con otro hombre con el que le engañaba y me contó que ahora está saliendo con una mujer que está paralítica. Yo recordé en mi sueño un poema de él, sobre los paralíticos y creí interpretar algo, yo le decía que al menos ella no lo había conocido en persona, no había sido una ruptura tan determinante y macabra y que tal vez un día pueden volver a intentarlo y ser un sueño porque no se había roto el sueño. En mi sueño K. estuvo con las dos a la vez y no dijo nada.
Luego íbamos al lado de unas vías de tren. Y corríamos, éramos decenas de mujeres de todas las razas y formas y colores. Saludábamos a alguien que se marchaba. Hacíamos un juego.
En éste sueño creo que yo era esas dos mujeres, y tal vez todo el resto del paisaje. Porque la historia con K. para nada fue así. 

Luego yo estaba con mi hermano y él me decía que me diera prisa, la mar se puso muy brava, tenía que cruzar una especie de paseo marítimo para llegar hacia dónde iba, yo pensé que me daba tiempo, que no era para tanto,  pero se levantó una especie de tsunamí, yo agarré al perro en brazos para que no lo arrastrara la mar, dudé un segundo si tirarme hacia el agua, pero esperé quieta la ola, vino a romper justo sobre nuestra cabeza esa ola gigante, nos sumergimos, y una mujer desde una ventana dijo "espera que te abro el patio, correr" Vino un hombre, nos abrió una especie de puerta en una cueva, y trrepamos a una extraña casa, una buhardilla muy hermosa, estaba llena de colchones, colgantes, como de un campamento que daba a una ventana al mar, le dije qué bonito será dormir aquí mirando la mar, y pensé sin decírlo que sería genial tener sexo allí.  Luego atravesamos más habitaciones y bajamos unas escaleras, la señora de la ventana llamó a un hombre con pintas muy oscuras y tenebrosas para que nos abriera su patio y seguir atravesando vete a saber qué, pero al final lo abrió otra persona... y ya no recuerdo bien qué paso.
Ir como los gatos.
Sin miedo a desengañarse porque nacimos desengañados. Las mentiras nos la contaron después.
Sin cicatriz ni anillos en las manos, porque las manos fueron sólo de la nada y del viento.
Sin que importe lo importante del aquí, porque es sólo del allá y allá nada importa como se cree.
Reir si me quedo en el baile. Si me voy. Si me meto maja vestida o desnuda en tus ríos, en tus cementerios, que no cuente las cerillas. Nada de eso me pertenece. Que a la luna, la fe. 

Reír si cae la piedra, la rana, el dado o el cuchillo.
Ir libres, sin nombres atados, sin territorios, ni caminos, ni horizontes, ni casas.
Avivar de hoguera sin cortafuegos.
Avivar de nieve, sin cocina de leña.
Amar lo congelado y lo explosivo.
Nunca arrepentirse.
Ser arista, sin cortauñas ni aislantes.
Ser puro amor, sin recovecos, ni antideslizantes.
Ser lo que se sea, en cada segundo, sin rosarios.
Somos cien miel.
Serlas, todas libres.
He estado volando por los aires... estás últimas lunas. 
Me conozco. Y sé que también, me necesito preñada de árboles. 
Que no me dé ese impulso lunático y me use adentro mío, caza de brujas, teatro y laberinto. Que no vaya de un lado a otro, como una hoguera nuclear. 
Necesito contenerme, no por represión, sino por cuántica, por exceso de helio, por presente, por mares, mareas, vino viejo que aguarda sin contar el tiempo. 
Mis viejas sombras de lo extremo, han de volver al útero de la mar. Tocar despacio la guitarra. Darse al punk, sólo cuando esa llama en la redención del son, me recorra, asesinato de la civilización. 
No puedo meterme todos esos gramos de locura a vida o muerte. Cuando me dé la chispa. 
Eso era lo que me tenía vuelta marihuana sobre las nubes.
Ya de yonquis recorrimos todas las persianas del infierno.
Hoy me contengo también a solas, sexo con las montañas, sólo de aire, poema y distancia. 
Hoy me dejo fluir, sin obligar al fuego, a hacerme ejército, en todas las direcciones.
Hay que desbocarse cuando las orillas reclamen su mar adentro.
Pero no darle mi muerte. No todos los segundos. Sé que mi límite está 200 planetas de aquí, más allá del fin.. Por eso teñirse de tierra mojada, de hojas secas, de ciprés que duerme.
No subirme a 500 revoluciones cuando aún no ha sido asesinado el país.
No hacer del pan de cada día, el peyote. Ni de cada paso, un abismo y un paraiso. Es necesario, también el desierto, la ola, el pájaro, el agua, el día y la noche. Ya me fui volando alguna vez hasta el manicomio lleno de metralletas. Ya salté de mi silla, al infierno, y abofeteé mi casa con LSD, hasta echarme nido en la nada. Ya me dejé ir, como helio suicida de tanto amor cuando no había cuerpo ni historia.
No puedo fiarme aún de mi animal. Había estado mucho tiempo, cavando en la tierra, el cadáver del tiempo y del sol. Y ahora quiere salir como bomba nuclear. Mi animal, está entre demasiados lados. No puedo darle sólo carne cruda. Él necesita huellas de olivo en la piel. Él necesita también un poco del blanco de la nube. No sólo sangre. 

Que no tengamos prisa por morir de eternidad.
Que no quieras todo el whisky de la tierra la misma noche.
Que no quieras todos los huesos del fondo.

Que sigamos las señales del viento. Recorrer miles de kilómetros, pero no sólo encima de la bala.  Que también hay pala, barco, guadañas y flores.

Que no le des todo, al desfallecimiento.
Que no se puede vivir de puro orgasmo las 24 horas.
Que no hay cuerpo qué aguante tanto fuego, sino es de la mano de la muerte el vals del rizoma, armonía de arlequines, ladrones y mujeres-esqueleto. 
Que la heroina necesita aprender de la guerrilla. Subir al monte, cargar el fusil y cantar a Zapata.
Que esa heroina a vena abierta ya nos mató demasiadas veces.

Que volar, hasta las estrellas. Pero vamos tan lejos, que hay que saborear aún mil cuchillos y flores, llorar en tumbas, sangrar entre espadas y faunos, rodear de brazos el amor del oso, de la noche. Amar, miles de ojos y callejones. Equivocar el camino mil veces más, caer, y levantarse. Acumular moratones y orgasmos. Vacaciones de mendigos que nunca tendrán oficio ni horario, ni reloj. Correr detrás de la policía. Echar desde el grito cóctel molotov y abrazarse a las campesinas madres como ardillas y como tractores.  Ir detrás del rayo y meter el fuego al ayuntamiento. Enverdecerse del humo del horizonte que muta. Jadear la felicidad como animales, de flor en flor, de montaña a tejado, de valle a inframundo, de tu mano, a la soledad, de traficantes a estaciones y blues, y nunca era el viejo Paris, ni tus ojos en el suicidio de Pavese.
Sólo hay que fluir.
Que en el corazón, estén vivos todos los animales, mares y montañas.
Y que digan ellos, cuando tú no sabes qué hacer.
Fuera de la raya, del asfalto, del círculo, de la línea.
Tan fuera que eyacula Marte, espalda sobre espalda, haciendo barcos donde los muertos vuelven a reir. 
No saber nunca cuándo ni porqué.
Que las palabras no manchen el viento.
Que no hagas planes. Que no saques conclusiones. Que no temas morir.
Que digan las vecinas que somos zorras, locas y mal ejemplo. Y que las miremos de puro amor jadeos que rompan sus cristales, sus tímpanos y sus cristos de la pared.
Que alguien vuelva a darle alas y le quite los clavos.
Fueron los que temían, los que levantaron una iglesia para encerrar a dios, una biblia, un manual, una saquita para recoger monedas, techos de oro para ponerse a su derecha y en clasa alta, sermones, monsergas, misas, leyes, rezos. Temían tanto a la libertad, que la encerraron en un dios, para olvidar que dios corría por sus venas y que era anarquista. Y en nombre de sus demonios, su dios, también firmaba fusilamientos y quema de brujas.
Descubrir esa excitación del borde, empujando al centro, desde la cima suicidada de aves de llama.
Tirar de los cables, desde la puerta asaltada en astillas, bajo los cimientos de las catedrales hechas ruinas por amor de sol y de rayo.
Hoy sé qué luna es la siguiente y sus quinientos sueños al círculo abierto de la arena, entre cerillas y manzanas.
No hay que retroceder ni un sólo murmuro del placer y de la guerra. Lo bailado se inhala en el vientre, se precipita, se encharca, y hecha la humedad con la que envolver el canto, cada vez más profundo.
Entre tres mundos. Más allá del bien y del mal. Donde en la naturaleza vive la loba, el ciempiés, el cuervo, el coote y el buitre. Y habla con fantasmas el corazón arrancado de la vieja en el barco de los sueños. 
Penetrar en la vagina, el orgasmo cósmico. Usar su lengua,  hacia el fuego del amor y el infinito. Y ese tipo de amor, ocurre también en tres mundos. Y es música liberada también en el humano. Pero nunca sólo en lo humano.
De vagabundos, ese olor a tierra semilla de vino y de mares.
No perder de vista, el plano fractálico. Hay demasiadas montañas. No se puede dejar la sombra ni la sangre en nada.
No dejarse las uñas en ninguna tierra, en ningún cuerpo.
Tan sólo bailar.
La lujuria ha de ser también la ventana al templo.
Y lo es, cuando es libre.
La lujuria sólo es entendida por perdición y mal,  por aquellos que tienen represiones en su yo-animal.  Ellos son los lujuriosos dentro de su espejo. Y proyectan chimosrreos sobre los demás, porque tienen a un ahorcado en sus genitales que les tiene el cerebro encapotado de censuras, domesticado. Y sus fantasías salvajes que no se atreven ni a decir en voz alta, les hacen sentir perversos, miserables y sucios, entonces las llenan de toneladas piedras. Y son víctimas y verdugos de la jaula. Son los señaladores del pecado. Porque son los que lo engendran. Van de jueces y justos. Porque no han liberado a su animal y por las noches entra en sus pesadillas para comerles el corazón, porque el animal sólo quiere bailar y hacernos libres..Pero ellos se mean de miedo. Cuándo más miedo, más rezan, más condenan, más envenenan el viento y la libertad.
Se escandalizan de los amantes. Porque su orgasmo nunca tiró las puertas del cielo ni cantó tan alto que cayeron los reyes y sus miserias.
Ya no te evitaré. Ni te buscaré.
No te diré la X. Para luego despejarla en su muerte.
No te haré de contrarios, la cabeza, un canuto.
No diré nada.
No haré nada.
No moveré mis pucheros. Ni mis manecillas.
No haré preguntas.
No formularé a mi raposa sobre tus ramas.
Ni a la tortuga en el manantial.
Ni a la puta y a la santa, peleando por la leche de la vírgen, toda ebria de semen, para destetar a los falsos dioses y derribar todas las autopistas y catedrales.

No lo pensaré. No lo despensaré.
No te usaré para mi metafísica. Ni para el verso. Ni para el cielo. Ni para el infierno.
No sabré nunca nada.

Sé que estarás allí.
Sé que estaré allí.
Pero nada nos pertenece.

No haré cosquillas al diablo ni al dios. Para sobornarnos la bienvenida ni la muerte.

Iré, como va el viento.
Sin a dónde llevas.
Sin quiénes somos.

Iré, sin conocer el Ir.
Sin ajustar el pluscuamperfecto, ni el quizás, ni la ayahuaska.
Sin darte el ataúd. Sin darte mañana.
Sin dármelo jamás a mí.

Que diga sólo la luna.
Que nada de lo que la palabra pueda abarcar se interponga al infinito y la magia.
Ya no quiero nunca más, vivir creyendo que sé lo que es la vida.
Ya no quiero ni fantasmas del pasado ni del futuro.

Ni chismorrear mi cazuela de bruja y sus planes de ser dios.
Yo soy sólo ceniza que ama. Fuego que desobedece. Caballo en busca de la mar de Alberti.
Empujar el abordaje.
Quemar todas las cuerdas.
Soltar todos los tornillos.
Y ver a la bestia, renacida de lienzo quemado al beso de los suelos de alcohol.
Sus ojos no son de éste mundo.
Su corazón estuvo en la muerte y en la vida, en las estrellas y en los pozos.
Ella le dio el nombre a tu olvido y a tus sueños.

No me preguntes.
Tendría que echar un aullido de ataudes flotando en la mar. 

Nunca arrepentirse.
Nunca escribir la teoría, ni buscar la leyenda, ni perdón, ni  motivo que nos convenzca.
No hay obra.
Sólo puñados de barcos de tinta de rayos.
Sólo rompecabezas contra el agua, al vino tinto, al amor y a la guerra.


Veo tu cuerpo desnudo, con ese cigarrillo de pólen. Mirándome como la noche cerrada. Clavándome la pupila donde pierdo todo el agua en la llama. Donde gano tiritones de rayo y me da la prisa del amor del saltamontes y la serpiente, de la pitonisa de los agujeros, del deseo a la enésima del deseo, saboteado donde las palabras dicen, vuelto al aire, donde los cuerpos aman.
Te recorro con la mirada y el hachís me da cien vueltas de campana donde mis ojos en tus ojos, revientan de luna llena.
Tanto amor sin saber lo qué es el amor. Revive secretos del inframundo, donde todas las flores hacen volar y todos los bichos, son románticos derribos del alzar de lo eterno.

Recorro tu piel, con mi aire desbordado. Te lamo hasta mi muerte, la tuya, donde la saliva es vapor de volcán.
Te araño, donde presta las zarpas, una jauría que vuela por los aires.
Me aviantas de tu equilibrio la locura de mi desiquilibrio. Me posees sin ti y sin mí. Donde todo es del sol y de la luna.
Me estremeces las pestañas de jadeos de peces que reproducen vino tinto.
Me dislocas todos los versos.
Me enloqueces de mi locura los dedos de la Osa Mayor.
Me desfalleces en tu fuego mis pasos por la tierra.
Caemos inconscientes, atrapados por la nube. Inhalamos todavía el precipicio y el paraiso. 
Y soñamos con su droga un asalto en otro planeta. Desfallecidos de la estrella, del todo muertos.
Pero empiezan otra vez los dedos a agitarse, los latidos a enllamarse, los cuerpos a buscarse, donde sólo de éter nos unimos, festivales del salto mortal, donde se muere la materia.
Y vamos mucho más lejos.
Y nuestra humedad pone verde todo el monte. Riega todos los árboles. Y sus frutos agradecidos nos revientan otra vez el corazón de amor y de infinito.
tú también estabas loco
tan hermoso de guerras frías en la pupila
tan ardiente del dolor que nunca se quejó
de la lágrima que no cayó por tu mejilla
tan fuego, tan salvaje
tan solitario, tan lobo, tan niño, tan oscuro e incendiado de luz
que sólo tú
pudiste entrar ahí
devolverme a la llama clandestina
de los exiliados cósmicos
de las huellas sin tierra
del Infinito más allá del verbo y de la carne

no te diré ya nada
porque todo lo que digo, se pone en mi contra
oblicua palabra naciente de fuego fractálico

si nos volvemos a encontrar
amará y dirá la luna
sólo el presente y lo extraordinario, lo inabarcable
bajo el absoluto sincontrol de las aves
si estoy viantada
será que nací parida de estrellas
será que supe que no sabía
qué había detrás del cuerpo
ni en el hueso haciendo brujería con la mar
ni dentro del corazón, como bala y lluvia
será que me hice mil preguntas para destruir lo que sabía que no era
aunque no tenga ni puta idea de lo que sí es

será que soy reloj sin agujas
de todas las horas muertas
que nunca hacen tictac ni territorio en el tiempo
porque no existe
sino un sueño

y por ese sueño
nos reventamos la sien en la pólvora, en el precipicio y en la tumba