HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado hablando mucho rato con Yos. y con dos viejas amigas por teléfono. Yos. me contó un sueño que tuvo conmigo y me inspiró mucho. Irme y hacer un albergue alternativo en algún sitio hermoso de la naturaleza, tal vez sacar algo de pasta de los peregrinos aunque sea capitalista, pero el resto hacer algo comunal y de cultura crítica y ácrata, huertos, veganismo, carpe diem y humus. Tratar todo el rato con nómadas. Y vivir también viajando. Vivir alborotando. Vivir. Sólo tengo que buscar un sitio mágico que haya trasiego de gentes de todos los colores. Dedicarme al arte y a la revuelta, al LSD de las relaciones. Al amor a la naturaleza y a los lobos. Y a jamás pasar por el aro ni dar un palo al agua del sistema.
He estado mucho tiempo por ahí. Estoy algo cansada. Ya no creo en la literatura como un valor en sí mismo, por eso no me molesto en escribir, escribo por otro tipo de pulsión más mundana y vagabunda. Escribo eruptando sin que las palabras sean un fin. Sin su abrigo. Sin su destino. Es un raro acompañamiento de lo que vive, una necesidad fetichista de absorción de lo vivo, aunque eso es dialéctica, porque lo vivo sólo permanece en el perecedero presente que muta y se va. Tal vez siempre tuve miedo a que yo no fuera la dueña del cielo ni a que pudiera quedarme en la belleza y la libertad, tuve miedo de que las estrellas no me miraran cuando yo las miraba, miedo a la prosa, a la materia, a la tiranía de lo real, a la sacudida de la nostalgia, al ensañamiento de la pérdida, a la repetición, a la costumbre, a una identidad cerrada, a un pensamiento digerido y acabado. La escritura era un movimiento metamorfo entre mis entrelíneas, un coleccionismo de inefabilidades y avalancha de pasiones, un teatro donde laboratariar lo vivo. Aunque puedo pasar muchas horas quieta, ausente, alejada del acto, en mi tripa no puedo estarme quieta, no soy muy tolerante al silencio. Necesito algo nuevo cada vez, algo que me desconozca y me ensangrente por el vértigo de lo vivo. Y en la escritura he encontrado la voz que funciona como la antivoz y el juego de la polilla. Y blablabla cientos de otras cosas que no importan.

Mi sueño es vivir como viví estos días, sin escritura, sin equipaje, sin soledad, sin instrospección, sino exteriorización lunar y vulcánica, presente comunal, yo espejado y borrado en amanitas y vinos, cuerpo comunista libertario, placer nómada y alfarero, desobediencia cultural y fervor. Aunque tal vez no sea posible enteramente, porque soy también instrospectiva y triste, metafísica y solitaria y porque Alicia tiene una doble vida que cumplir obligatoriamente entre las zarpas de la noche. 

Eso no quita que no camine hacia la destrucción de la escritura y la existencia centrífuga a mi puto soliloquio y yo. Sueño una política anarquista extrema de mi ser, donde no vuelva a recaer en el piano ni en la ceniza para tragar hacia dentro la mierda y las flores que tiemblan el abismo de mi tacto. Sueño el absolutista plural donde ni mi historia, ni mis circustancias, ni mi pellejo, sean el filtro del diccionario ni del prisma. Donde mis ojos no sean el embudo. Ni mi cuerpo donde empiezo ni acabo. Donde la comunicación me lleve para siempre al lomo de los caballos de Alberti. Sueño vivir rodeada de gente libre y salvaje y hacer de cada segundo un acto revolucionario. 

Pero entre tanto recaigo en mi escritura. Me sostengo, me avalancho, me empujo, grito, lloro, río, en mi escritura y suspensivamente entro y salgo de ella.

Las experiencias afuera de mi escritura, antes eran mi tormento y mi engaño. Ahora son mi sueño y mis motivos.  Durante mucho tiempo, el afuera, sólo era un teatro para mi adentro. Ahora mi adentro es el puto teatro y el afuera la mar y la libertad del eterno y liberado teatro.
Ayer uno de los colegas me insinuó algo del baile de la otra noche. Le dije que no se equivocara que era la música y no él, que yo jamás en mi puta vida estaría con él porque tenía ideas fachas y de idiota. Con ellos me siento violenta, me hacen perder la esperanza en la fuerza y rebeldía y valor de las palabras y la inteligencia y creer que la única forma de llegar a una conclusión es pegarnos a puñetazos y romperles una silla en la cabeza. Eso era lo que hacíamos antes cuando éramos amigos.  Pasé muchos veranos con ellos en mi pasado. Y nos pegábamos a puñetazos y mordiscos y discutíamos con animalidad y sabotaje.
Haberme encontrado con ellos me hace recordar cosas de mi adolescencia y de lo que me llevó al extremismo y a la marginación. En aquella época estaba rodeada de gente que no tenía nada qué ver conmigo. Que no amaba lo que yo amaba. Que no nos comprendíamos en el alma ni en el verbo. Yo malgastaba muchos poemas en los muros. Y acabé haciéndome queroseno. Mis amigos del pasado no eran cómplices de mi corazón. No eran punk. No eran libertad. No eran evolución. Eran hijos de la cultura y de la mierda del civismo. Yo les amaba a mi manera. Pero andar con gente que no era mi gente, me hizo solitaria, desesperada, quinqui, extravagante y violenta. Me hizo un bicho raro, misántropo, explosivo, paranoico de la fe de la luna. Tardé muchos años en encontrar a mi gente y durante mucho tiempo viví como si jamás estuvieran y a veces al tenerlos cerca ya ni siquiera los reconocía. Y el síndrome de Franquestein se había agasajado con dinamita en mi pecho. Fue Ab el primer beso de amor.
Cuando tenía 18 años, perdí mi juventud con un rayo que me volvió el Conde Drácula y la anciana más vieja de la tierra. Por eso ahora, soy como una adolescente. Y voy de juventud a juventud, involucionando a fuego hacia el País de Nunca Jamás. Yo no conocía el amor, sino con un libro de ceniza que Alicia compartía con los sapos, las culebras y las estrellas. Por eso.. voy a Yos. a Ab. a quien pinte la noche estrellada, con la inocencia de los que nunca llegaron ni se fueron, ni tuvieron para sí, ni para dios ni para el diablo. Disfruto como la mandrágora de los triángulos amorosos, de los rizomas anarcas, de las promiscuidades de la luna entre los tréboles y los glaciares, entre las tabernas, los paraisos y las ruinas. En mi pasado yo tenía una relación atormentada con el sexo, experiencias tenebrosas y aullidos de revólver y muerte, durante un tiempo me hice asexual,  por eso ahora voy al sexo, como si tuviera 15 años y fuera un colibríe, una zorra, un pez, un ave y recien nacida de sus olas. Disfruté infinito con Ab. porque para mí fue la primera vez, en un mundo recien nacido, abierto de costilla a costilla a los cráteres y brasas de la libertad. Disfruté de nuestro exibicionismo autista de la intimidad de los bosques. Disfruté de nuestra osadía y eterna juventud arremolinada en el taconeo de los astros. Él en un rato me dijo que lo dejara descansar, en otro rato me dijo que ya no más que él no estaba acostumbrado a tanto sexo. Yo soy como una adolescente, porque mi adolescencia fue un geriátrico de locos convulsos y suicidas. Nunca dejé de ser una niña porque mi infancia fue partida a la mitad y me enroqué de Fauno.
A veces tengo fantasías sobre el quizás de lo real. Cuentos del azar de la literatura. Pasiones de puzzle y de rana. Me pasa desde que era niña. Y yo nunca dejé de ser niña. Aunque alguna vez fui una niña muy vieja y muy triste, muy pálida y fría, cortante y huérfana de todas las tierras. No quiero escribir la última que me ha dado. Bueno, la he escrito y la he borrado. Porque aunque casi siempre escribo como si no hay nadie. Sé que mi blog es accesible a ciertas personas que conozco.  Sé que Yoseba no lo encontrará. Pero no es igual con.  Soy exibicionista. Pero a veces necesito el fuera de campo, la oblicuidad, el laberinto del poema. Con los humanos en carne, soy eclíptica. Mi introspección desarrollada en una amanita y un pozo, me hace alguien que siempre oculta algo. Mi vicio de escritora me hace dual de Alicia. Alguna vez tuve parejas que leían asiduamente mi blog. Y en aquella época utilizaba mucho más el verso y mucho menos la escritura del cotidiano y de lo concreto. Utilizaba más las dobles interpretaciones, el vehículo del poema. Cuando rompí con K.mi escritura evolucionó o devolucionó a la expresión del cotidiano, porque él era mi poema del cotidiano y para soportar su muerte, mi escritura lo propagó como gas inefable sin que jamás volviera a tener dueño ni nombre. Después en alguna época tuve varias relaciones a la vez que leían mi blog. Y ciertos poemas valían para un roto y para un descosido. Cuando me quedaban versos muy bonitos a veces hacía el copia y pega. Aunque generalmente buscaba exclusividad en lo creativo. Fue una época salvaje donde yo estaba en guerra contra el amor romántico, y muy malherida por K.... me desaté hacia la multiplicidad como venganza y baile de lobos. Y gocé infinito de mi malicia del desdén y del ya nunca podrás sujetarme, ni jamás seré tuya. 
Aunque también hubo conflictos con ellos por lo que sabían de mí en mi escritura. Y acabé hasta las tetas de ciertas historias e invasiones. Como ahora hago una escritura a veces muy íntima y menos poética, exibicionista y visceral y borboteada, no hablo de mi blog a nadie en carne y hueso. No hablo de mi apellido. Y a veces ni siquiera les digo que escribo.
No sé bien dónde iré. Tal vez un tiempo cerca de la mar. Éste pueblo alguna vez fue para mí la libertad, la apertura al infinito del Fauno, mi barco, mi crepúsculo y las inacabables olas. Fue la libertad de no participar en el sistema, de adentrarme a fuego en los límites de la soledad donde viven todos los dioses y rizomas. Fue la paz de mi corazón. Mi forma de vivir aquí me daba la poesía, la caricia de los jabalíes y de los lobos. La naturaleza onírica abrazándome todas las estrellas adentro. También fue el exorcismo junto a Yoseba escandalizando el quejido del olvido. Fue volar de mandriles y peces, el hueso tiroteado del ardor. Fue la introspección y la jauría. El orgasmo y el sueño eterno.

Pero ahora tengo que irme.  Los barcos me señalan un mundo mucho más grande detrás de éstas montañas. Y no quiero abrir los cuadernos de Comala. Sé que si me quedara aquí Comala ocuparía todo y ya no podría irme nunca ni sobrevivirme.
Sé que a veces soy morbosa. Se rememoran en mis recuerdos, esos instantes de irreverencia y fuego, de asalto y civilización destruida. Me da una especie de orgullo y alter ego, la destrucción de la moral y su arrebato. Disfruto como los zorros de expresar la pornografía del verso y el escándalo. Me gusta dar a entender ante los civilizados que yo tengo cuernos y rabo. Me gusta provocar liberada y armada mi deshonra. Me gusta entrar en los detalles de la pócima de las brujas y de la noche. Afobetear el hogar de los demócratas y propagar el fuego. Gozo cuando el otro se siente violento y se vuelve hipócrita. Gozo en el exibicionismo, en la llamarada, en la extralimitación.

Ayer con estos dos gocé mil mundos de mi teatro. Discutimos mucho sobre la anarquía. Cuando íbamos a pagar las cervezas, uno de los tipos le dijo al camarero que como éramos anticapitalistas que a ver cómo le pagaba las cervezas que si le hacía él una mamada o tenía un plan mejor. El camarero puso cara muy rara y yo le dije que no se llevara un mal trago que ellos no eran anticapitalistas sino gilipollas y que cuando hay dos gilipollas siempre gana la banca y pagan ellos.
Siento que he estado muy lejos. Y que ahora no he tocado el suelo ni he vuelto a mi casa, porque ella ardió en los labios del horizonte bajo el beso de los tigres y las olas. No tengo una noción temporal ni espacial. No sé muy bien cuántos días pasaron, ni recuerdo del todo la sucesión de los hechos. Sé que fue cuando llegó Ab. Los días con ellos dos aquí. Los días a solas con él. El viaje al pueblo hippie. El viaje con él hacia la arquitectura de la mar. Antes de eso, había sido la pelea con Yos, la ruptura, la extravagancia de la hoguera y del fin, de lo salvaje y malherido. Mi alcoholismo, mi fandango de Marte. 
Todas las sensaciones, pasiones, aperturas de la conciencia, del amor, del fuego del ir, de la cobertura del topo y el viento de la psique, aún no han sido del todo asimiladas por mi vida. Hubo una profunda transformación en el nombre que mi sonido daba al océano y a la estrella, a la noche, al frío, a la ausencia y a la felicidad. Y aún estoy removida y gaseosa, enamorada y a veces distante del gesto del cristal cuando los agujeros inundan la sombra de los olmos.
No quiero volver a la que fui antes de haber bailado con éste Sol de todos los corazones. Sé que era la perdición mi vida ahí atrás. Sé que el Fauno me trajo regalos cuando amoratanada tocaba el piano del abismo con las venas preñadas del veneno del aullido y la desolación. El Fauno regresó, me revivió, dejó señales de gorrión y de pez para que yo levantara el vuelo, el amor, la poesía. Y tengo miedo de la que fui, de volver a perderme dentro de un canto de queroseno. Por eso estoy al acecho contra la inercia del vaso de vino y de mi sombra. Por eso miro con hambre la claridad de los chopos. Descuelgo mis verticales con una brasa en mi tripa para quedarme en la música.

Tengo que tener cuidado con mi naturaleza. Porque a veces es muy visceral y kamikace, porque a veces es viciosa, lunática y yonqui. Y aunque sé que ella sólo defiende a la poesía. Alguna vez me ha quemado hasta romperme. Y la felicidad es más triste, más sosegada, más equilibrada entre la memoria y el olvido, entre la vida y la muerte.
Soñaba algo sobre el mecanismo del ser y la propia psique. Tenía que ver con mi inquietud. Era un recorrido profundo sobre el paisaje interior pero no logro escribirlo, su forma de representación en el sueño estaba tan abajo de la palabra que el recuerdo tampoco puede devolvérmelo como fue.
Tengo que luchar por la vida, por la calma, por morar el camino que yo quiera. Viví durante muchos meses en el abandono y en el fuego, en el no elegir nada y sólamente esperar al poema, aunque todo lo otro quebrara en la distancia la albura del ciprés que no estuvo contigo cuando cayó del cielo olvidada la palabra. Por eso todavía me cuesta un poco vivir de otra manera.

Ayer quedé al final con estos dos amigos del pasado. Fue algo mundano, leve y absurdo. Discutimos de política, en algún momento, ellos usaban esa técnica de hablar alto y con violencia y no dejar que se desarrollara el argumento, yo empecé a sentir claustrofobia verbal, di un puñetazo en la mesa y hablé con pasión y también con violencia, con inspiración y fuego. Toda la terraza del bar se calló y se quedó mirándonos. Ellos se callaron. Yo me sentí dueña de todas las palabras y motivos de la tierra y de la luna. Les dije para acabar que mis argumentos eran siempre indiscutibles, irreductibles e inamovibles porque los encontré en el hueso último del ser humano y de la escarbada tierra, en la belleza, en la justicia y en el fondo de todos los fondos, donde la anarquía es y será para siempre la última palabra y la única conciencia.
He hablado con él y me ha vibrado de nuevo la felicidad y la magia. Tengo que emprender nuevos caminos para evitar volver al bucle de esa violencia y prisa y sed. Ser dueña del paso que dejo en la tierra y no aguardar caótica y abandonadamente la música del viento. Es momento de tomar el acto, de conquistar el instante, de llenar mis propios vacíos con la armonía de la naturaleza y su canto.

En poco tiempo me iré de aquí y no sé muy bien de qué manera ni a dónde. He pensado irme a algún pueblo con mar o alguna comuna o de aquí para allá con mi perro. Sé que necesito la realización interna, la aceptación, el perdón con mi pólvora y desierto. Abandonar los hábitos del alcohol. Sentir muy vivo al fauno y jugar en la vida y no detrás de los ojos de Alicia.

Jugar con las personas, compartir, amar, descubrir, dejar a mi yo para ser un nosotrxs. Volver a morar mi casa y mi cuerpo con amor, las palabras, las memorias y los olvidos. Reconciliarme con mi corazón. Sacar de mí la violencia que a veces me persigue.
Yos. el otro día me dijo mirándome hondo "porque eras tú sino hubiera habido más que ostias" Eso me gustó porque era su manera de decirme que me quería. Hoy es un día aún extraño. Todas las emociones y aventuras que viví aún me flotan por los aires.  Quiero seguir conociendo a Ab. manteniendo algún contacto en la distancia pero hoy estoy algo antagónica para hablarle, tiritada aún por mis nuevos desconocidos, por los caminos que se abren al filo de los árboles, por la fiebre del amor y el deseo, por la política de los mares.
Quiero huir de mi violencia. De mi síndrome de marte. De mi suspicacia del tambor de la escritura y el queroseno. Creo que viví muchos años enfadada con el mundo. Y el amor que sentí estos días fue una apertura y una reconciliación profunda con la vida y la lectura del Fauno en una abstracción libre y no delirante.

Mi naturaleza sanguínea a veces me ha metido en muchos líos y oblicuidades y tormentos pasionales, bucles de caos y avalancha y una dejadez utópica contra los pasos. Ahora sé que hay otros caminos y formas de bailar con el humus. Y quiero poblarlos.
Estuve por ahí con el perro y a la vuelta me encontré con el tipo de ayer. Hablamos un rato. Le advertí de que yo iba a estar unos días liadísima con la escritura porque (y añadí una mentira). Le empecé a hablar de política a raíz de su conversación. Y me dijo "ostia mareva me das unos mítines cada vez que me ves" Le dije "es para que te culturices", él dijo "yo soy bastante culto" le dije "que vas a ser, sin anarquía no hay cultura" Me dijo que estaba al llegar su hermano y que a la noche fuéramos a la piscina. Le dije "no creo que vaya tengo mucho que escribir" Me dijo "pero no vas a estar todo el día escribiendo"

Dijo que mi perro tenía cara de tontorrón. Le pegué un puñetazo en el pecho y le dije que yo la cara de tonto la veía en otro sitio.

Al hablar así al croak croak, sentí más levedad y diversión. Y recordé los vínculos de nuestra adolescencia. Con él y con su hermano siempre estaba a la gresca y a la pelea y a la vez a la broma de los tigres. Fuimos amigos durante muchos años en el pasado. Y aunque para mí sea un idiota, igual no tengo que ser extremista y querer cortar de cuajo. Algo de él también es divertido aunque su cerebro haya sido raptado por el capitalismo. También tiene corazón. Y nos recordé como cuando éramos guajes. Y algo de eso me hizo sentir alegre. Y recordar también quién era yo en aquella época.  Y tal vez, reencontrarme con su hermano y darnos una vuelta juntos, sea algo de la vida que me ofrezca experiencia y nuevas aventuras. Leves, mundanas. Simples. Tal vez sea bonito para ir abriéndome a la humanidad y al desapego.
Voy a salir por ahí con el perro. Necesito lavarme en la naturaleza, correr, abrazarme a los chopos, amar los poemas de Ab, ronronearme el silencio y los bosques. Hoy no quiero cervezas. No quiero verles a ellos. No quiero sino el rizoma del amor y de la libertad. Necesito pelear muy fuerte por mi camino.

Ya no me sirve lo que era antes mi vida. Ya no quiero ser esa porquiosera sin mundo, ya no quiero ser ese chute del verso y de la brecha. Ya no quiero andar por ahí sin suelo ni volante. Ya no quiero escribir poemas al precipicio y el whisky. Ya no quiero dárselo todo al polvo y al circo y la paranoia del alzar del fracaso.

He amado.
He visto inmensa y libre la tierra, la luna, el grito, el hueso.
Mi alma habló, cantó, bailó, lloró, rió. Fue liberada.

Lo amé tanto, tan verdaderamente. Que ahora el amor ya no puede volver jamás a la sucia taberna de la que venía.
Me he hecho vegetariana y dentro de un tiempo caminaré hacia lo vegano. Quiero amar. No quiero comer cadáveres que fueron asesinados, enjaulados, torturados. Sé que el verano pasado cuando volví a comer carne fue por un extraño rito de chacales encima de la hoguera. Y me hice violenta. Y me hice una jauría trastocada por la noche y la guerra. 

Y con Ab volví a amar y el pentagrama del agua me penetró la paz del fuego. Y mi piel se hizo viento. Y mi corazón un vehículo del vuelo y la armonía de la naturaleza.

No quiero tampoco volver a enlunatizarme con el alcohol y el que se acabe el mundo. No quiero volver a ser la payasa de la pólvora y la indigencia. No quiero endrogarme con Yoseba en el escenario que los dos robamos al callejón y a la luna. No quiero hacerme suicida gas del ansia del fuego. No quiero volver a ser una bala perdida sin esperanza en la humanidad, ebria de Marte, perdida y despoblada. No quiero jamás olvidarme del amor que Ab. expandió como un astro en la libertad y pureza. En la salvia del alma y del humus. En la poesía y la resistencia y la belleza y la revolución.

Sé que ayer cuando bailé con ese tipo y sonó esa canción, durante un rato me poseyó mi animal lunático y surrealista y extraterrestre. Y por un instante deseé arder y avalancharme más allá de lo que mi vida podría soportar. Aunque a los tres minutos, me volvió la sensatez y le dije que yo me largaba y él quería que me quedara, pero mi fuego reconoció mi camino. 

Ahora es tiempo de evolucionar mi senda y mi corazón. De hacer que todo sea un acto político y poético. De que todo sea, libertad y conciencia. De que no ande por ahí borboteada, sin centro, como gasolina. De que no me entregue a mi irracionalidad. De que no me empeñe por poemas imposibles, inconclusos y borrachos.

Con Ab conocí por primera vez el amor. Y cuando se reconoce el amor ya no se puede renunciar jamás a él.
He hablado con mi viejo, le dije que yo estaba muy contenta, que venía con vibraciones de amor y de comuna, de esperanza en la humanidad y a fuego con la vida, pero que ayer al quedar con ese tipo se me perdió la esperanza en la gente y volví a ser misántropa y que por culpa de eso soñé que le clavaba un cuchillo a uno en el cuello. Me dijo que eso me pasará muchas veces que ese tipo de gente está en todos los sitios, en las instituticiones, en los juzgados, en la guardia civil y que por eso no me tengo que poner triste sino estar con quien merece la pena amar y ser, que lavar la cabeza a un burro es perder tiempo y champú y que esos dos siempre tuvieron la cabeza cuadrada. 

Luego le hablé más de mi sueño y le dije ¿tú crees que soy violenta? ¿crees que en otra vida fui una asesina? Él me dijo cómo me hables de otras vidas te cuelgo que con ésta ya tengo bastante.
Ayer hablé un poco con Yos. Le dije que me había encontrado con un colega de la infancia y que habíamos quedado para tomar una cerveza. Él me dijo que no bebiera de más, que no fuera compulsiva y que todo iría bien. Le dije que tenía ganas de verlo y dijo que vendría en un par de semanas. Hablamos de hacer piraguas en el río, de ir a verbenas, de escalar montes. Con Yos solía contarle toda mi vida, con alguna oblicuidad metafórica y fuera de campo, pero a pecho abierto, aunque muchas veces él no fuera un refugio. La relación con Ab. no se la puedo contar. Aunque nosotrxs no somos pareja estipulada, ni cerrada, ni. Y somos amantes mamíferos, combates mamíferos, compañeros de punk y de hierba. Hay algo abstracto, sutil, sanguíneo, algo íntimo e inefable que nos vincula con las articulaciones de una hoguera que se mueve. Y como ellos dos son primos es mejor no hablar de ciertas cosas.
Ayer le dije al camarero, ponme dos cervezas que las paga éste y me fui al servicio. Él luego me dijo, tú de qué vas, pides, te vas y que pague yo. Le dije, tú eres el visitante y además el capitalista. Le dije que yo era anarquista porque mi dinero es un robo al estado, pero que yo sólo compartía extremadamente con los anarquistas, y que con ellxs lo daba absolutamente todo, pero que con los capitalistas la ley funcionaba de otra manera.
Hoy iré un rato largo al monte con Kavka. Necesito hablar muy hondo con los árboles y el río. El rato de ayer con ese tipo me ofreció violencia y algo extraño y dual. Además de los sueños que tuve ésta noche. En mis sueños había cientos de cuchillos. En algún momento yo los recogía todos y los guardaba en una bolsa para que sólo los tuviera yo y no esas personas que querían matarme. Había puñales, machetes, cuchillos pequeños e inmensos, cientos de cuchillos. Estábamos en una extraña casa pública que a ratos se abría. A mí nadie me hizo nada, pero la amenaza era constante. En algún momento yo clavé un cuchillo en el cuello de dos personas a la vez. El tipo del sueño al que le clavé el cuchillo tenía el rostro de un chico de mi instituto. Con el que alguna vez discutí incendiadamente.

Todo esto me da algo de desasosiego. Y yo venía muy enamorada y feliz y plena de la experiencia con Ab. Por eso hoy me dedicaré a la mística de los chopos y del agua. No quiero ver más al tipo de ayer. Le diré que tengo muchas cosas qué hacer y que la vida es muy corta y no se puede perder el tiempo.
Hoy ese tipo quería quedar conmigo para dar un paseo, y viene también su hermano. Cuando éramos guajes nos pegábamos a puñetazos. Ayer a la tarde a los cinco minutos de verlo, comprendí que era un idiota. Fue sobretodo al hablar de política. El pasado militar y fascista de su familia afectó terriblemente contra su inteligencia y se perdió para siempre. Sentí en él la violencia y egolatría de la ignorancia y de lo robótico del capitalismo. Y discutir con él era una pérdida total de tiempo porque había perdido la capacidad de escuchar y de mirar, de comprender y de transformarse. Era rígido y violento. Aunque hablamos bonito de otras historias. Su manera de vivir y de pensar era contraria del todo a mi vida.  Yo vengo de estar con Ab. de compartir con la gente de ese pueblo hippie, de vibrar con personas libres y con conciencia. Y el trato con idiotas me hace ser otra vez misántropa y oscura. Así que hoy no quedaré con ellos, me iré con mi perro al monte. Ayer cuando lo vi por primera vez, me había llegado un poema de luna llena, una especie de ensoñación surrealista de los caballos de Alicia y cierta erótica. Pero al verlo a la tarde, se borró con un rayo.

Para que yo ame a la humanidad, necesito compartir con personas que aman la libertad y la justicia. Para que salga del todo ahí afuera, necesito personas que saben soñar y volar. Yo quiero caminar hacia la gente, por eso he de caminar hacia las comunas y el arte, hacia lxs antisistema. En éste momento de mi vida, tratar con idiotas es algo peligroso para mi capacidad de amor porque recien he roto el cascarón. Yo quiero amar. Quiero vibrar la luz de la vida. Pero necesito hacerme fuerte en el camino de la afirmación y el amor, antes de tratar con fachas, porque sino vuelve en mí la violencia y la bala.
He tenido sueños violentos. Alguien quería matarme con un cuchillo. En algún momento del sueño yo atravesé el cuello de dos personas a la vez. Hace bastante que no recordaba mis sueños. Necesito estar en sintonía con ellos. Estos sueños me dejaron un sabor abisal dentro.

Quiero alejarme del alcohol. Dejar mi corazón en la humedad de la selva de Ab. y todas aquellas sensaciones y latidos y palabras y sensibilidades. No perderme otra vez.

El tipo de ayer era un idiota. Yo bailé liberadamente. Bailé flamenco, rock, música celta y vete a saber. Estaba enamorada de la música y todas las canciones que él ponía me parecían hermosas. Entré en trance con la música y me sentí libre e incendiada. Pero él seguía siendo un idiota aunque cantara bonito.  A mí no me hace bien tratar con idiotas. Luego tengo sueños violentos.
Llego ahora a casa. Bebimos alguna cerveza de más. Al profundizar en la conversación me pareció un completa idiota, dogmatizado por los virus y el analfabetismo del capitalismo. Él quería acostarse conmigo pero yo supe que jamás querría llegar a cierta música con él. Era un idiota. Aunque lo pasé bien porque bailamos muchas canciones de forma desatada y punky. Me dejé llevar por la sensualidad que nunca llegaría a la erótica compartida. Jugué. Me exasperé como los gatos negros. Me arrebaté. Pero jamás estaría con un tipo como él. Jugué a pegarlo. Jugué a manchar su coche de marca. En el bar le dije que pagaba él la ronda. Pensé mucho en Ab. Y me parecía algo muy sucio llegar a algo más con un tipo como él. Ab era la luna llena. Ab era el corazón y la música. Él era un idiota.
Mi hermano me dijo "tú estás muy gorda para desnudarte por ahí delante de todos, antes adelgaza" Yo le dije que se fuera a chingarla. He aprendido a amar mi gordura, mi Franquestein, mis moratones, mis cicatrices de pólvora y olvido. He aprendido a desnudarme en unas manos de agua y salvia de tierra y fuego. La piel de Ab me devolvió el eco profundo de mis sueños, la fuente de la primera palabra y sonido. La libertad animal de mis pasos y latidos. La lengua de Ab me escribió miles de estrellas donde la existencia es un vuelo. El amor con Ab. me hizo tan feliz que he vuelto a sentir al Fauno encima de las nubes cabalgando la magia de la vida y de la resistencia. Obligándome a correr y gritar y reír tan alto que jamás nada nos detenga.
Él me dijo que yo era alguien en el fondo muy dulce y que no renunciara a mi dulzura, que no usara siempre esa coraza, que la dejara a ella también fluir y poseerme. Con él me atreví a hacerle cosquillas con las hierbas, con mi desnudez, con mi vulnerabilidad, con mi murmuro, con mi nada. Con él sentí por primera vez un beso de amor. Con él corrió muy adentro el aire, la mar, la vida.
He quedado en una hora con éste colega para tomar una cerveza. Con Ab. aprendí a conquistar el presente, a vivir sin proyecciones, sin ataduras ni en la sombra ni en el horizonte, a fluir, a ser y estar y avalanchar y romper y aullar. A ser más libre, más yo, menos yo, más feliz. Con Ab. éramos dos gorriones, dos zorros, dos nubes, saboreando el fuego y el vuelo y la fe y las piedras y la brisa y el amor y la libertad. Con Ab. me reconcilié con mi fealdad y la curva de mi cuchillo. Con los pelos de mi sobaco, con los ladridos de mis huesos, con las vísceras derramadas de mi noche. Con mi alma. Con mi yin con mi yan, con mi cristal y mi lumbre, con mi deseo, con mi error, con mi chingo y mi sueño y mi furia y mis alas. Con él me sentí infinita, amada, devuelta al nombre de los mares, a los abrazos de la luna, al éxtasis y al silencio del agua. Con él ya no era esa alcohólica retorcida de los perros, ni esa payasa que gritaba la desesperación del fuego y del olvido, ni esa yonqui triste del amor. Con él viví el amor, el humus de la vida, el verdadero poema.
Él me dijo que no hay que proyectar nunca un futuro, que el futuro es una ilusión que sólo hay que vivir en el aquí y en el ahora. Yo le grité, yo quiero miles de ilusiones y de poemas y de sueños, yo no puedo vivir sin fantasías y tú eres la más bella. Y él me besó.
He hablado con él, nos hemos crotorado de alegría. Me dijo "igual nos hicieron otro vídeo mucho más viral en ese parque" Le dije "no creo, eso les da mucho más pudor y no lo sacan" Hablamos sobre cómo reproducir la desobediencia civil y rejuntarnos en nuevas hogueras. Hacer efecto dominó y derribar la banca y el capitalismo y liberar a todos los lobos. Lo amé infinito. Al colgar me dijo, sabes que estoy aquí para todo lo que quieras, y le dije, y yo, siempre, siempre para ti. Al oir su voz, su risa, al sentir vibrar su corazón, volví a enamorarme, volví a desearlo en mi aquí y en mi ahora, en el horizonte, en la tierra, en el vino y en la mar. Pero sé que lloverán candelabros y revoluciones y amores y bares e islas y venturas y desventuras.... hasta que vuelva a verlo. Por eso no quiero desear demasiado, sino conservar muy húmedo en mi adentro, muy vivo en mi sueño.
Quiero a Yoseba. Quiero a Ab. Quiero a ese tipo que aún no he conocido. Quiero al amor, a la libertad, al Sol, a los perros, a los árboles y orugas y leones. Quiero al todo y la nada. Quiero estallar de libertad y beberme a jirones todas las estrellas y seguir mucho más lejos cada vez.
Me gusta el sexo con amor, el sexo con whisky y luna llena y pantanos y adoquines y selvas, el sexo con álamos y playas y con tierra removida y hoguera y a fuego lento y a relincho y avalancha y con la suavidad del agua y del olvido y de la eternidad.
Me gustan las personas, con tierra entre las uñas, con bolsillos vacíos, con corazones rotos y malheridos,  con lágrimas de gorrión y carcajadas de pobreza y pasión. Me gusta todo lo que miro. Todo lo que tengo y lo que he perdido. Me gusta hacer siempre lo que me pica y jamás arrepentirme. Hoy estoy en paz con los cipreses y las brasas, con el viento, y mi temblorosa cerveza y mi pálida epístola del cangrejo y la bala y mi tango y mi sangre y mi moratón y mi sanatorio y mi paraiso y mis andanzas y cumbres y simas y agujeros y chingos. Hoy todo lo amo. Nada me pesa. Nada me ata. Nada puede detenerme.
Estoy enamorada de la humanidad. De Ab. de Yos. y hasta de éste colega con el que me acabo de tomar una cerveza, con el que planeamos a ir a bañarnos desnudos por la noche en la piscina. Él me dijo que estaba harto del mundo. Yo le dije que eso era todo culpa de que tenía una vida capitalista y un trabajo asaliarado, de que había pasado por el aro y ahora el aro apretaba, pero que la vida es mucho más bella.  Él me dijo que estaba harto de su novia. Yo le dije que eso era culpa de las relaciones del patriarcado y la monogamia burguesa. Él me habló de un viaje con MDMA y un sueño recurrente de caballos al borde del precipio. Yo le dije que tenía que galopar en caballo para averiguar lo que Gran Espíritu tenía para él e ir mucho más lejos detrás del relincho. Nos miramos con vicio. Vi en sus ojos el deseo de quemar naves una noche loca conmigo. Vi en sus ojos el cansancio de una vida repititiva y urbana y arrelojada y burguesa... y el sueño de cometer alguna locura. Y yo me sentí la monja ramera que podría darle un beso de LSD. Y cuidar de su corazón en medio de la hoguera que nos olvidaría. Y me gustó mucho. Jugar a jugar. Jugar a enloquecer, a arrebatar, a usurpar, a osar, a eruptar lava, a amarle ave de paso un naipe de la ayahuaska. Y me excitó nuestro polos opuestos. Nuestra antagonia mezclando una estrella del pais de nunca jamás. Me hizo feliz, ver entre nosotros los niños que alguna vez se quisieron.
Me he encontrado con un colega que veraneaba aquí y era mi amigo en mi infancia y adolescencia. Hemos hablado muy cerca y hemos quedado para bañarnos una noche en la piscina, una cerveza, una canción, cierta pulsión sensual y atracción del agua y del aceite. Estoy reconciliándome con la humanidad. La última vez que había visto a éste chico nos pegamos porque yo estaba algo extremista y le taché de fascista y me metí con el pasado militar de su familia y toda su estirpe y él se tiró a darme puñetazos y yo patadas y mordiscos. Y sin embargo hoy al hablar de política, leí en él un enamoramiento a otro tipo de mundo e idealismo. Encontré algo en común. Una risa. Leí su corazón y me gustó. Alguna vez él y yo, tuvimos ciertos magreos y juegos de noches sin mundo, y esa empatía primitiva volvió a surgir.
Estos días con Ab. y también con Yos y Matavenero fueron una lumbre hacia el amor y los sueños, hacia la pasión hacia la humanidad y la vida, hacia una nueva juventud más profundoa que regresaba a mis brazos, a mi sonido, a mi Franquestein liberada.

Con Ab. ayer nos amamos al lado del río. Por allí paseaba mucha gente andando y en bici. Pero fuimos poseidos por la intimidad del árbol que estaba sobre nosotros. Él me dijo que me pusiera yo encima que así iba a ser más disimulado, yo le dije sonriendo tú crees que será en verdad disimulado, y le besé y se detuvo el mundo, la atmósfera empezó a ser sólo de la naturaleza y los violines, de los tambores del horizonte y el humus de la hierba. Disfruté infinito el latido de su corazón, el agua de su piel, el eclipse de su canto. Por un rato sentí que el capitalismo había sido destruido y que volvíamos a habitar la primera selva de la tierra. Libres como mandriles y como rayos.
Luego me traerán a Kavka. Ahora vienen días de escritura y chopos, de soledad y crujidos de agua. Retomar la poesía. Aunque sé que la poesía real jamás se escribe, se vive. Lo más bello no se detiene en un escritorio, ni en un museo, ni en el pensamiento, se avalancha ahí afuera, permanece sólo sobre el fuego del presente y canta. He cantado mucho a su lado. Me he atrevido a morar el amor. A dejarme llevar, a fluir, a sentir, a zafarranchar el secreto de mi alma y olvidarme de mis motines de lo solitario y de la que escribe. He sentido el éxtasis cuando desnudos nos abrazamos bajo los chorros del agua de la fuente de una rotonda y cantamos la vida, cuando nos amamos en un parque y el mundo se detuvo, cuando sus labios eran el lapicero de las estrellas, cuando sentí que de veras existía y el mundo era extraordinario.
Me es imposible retener, reproducir, con la escritura, lo que viví a su lado. Ayer me pidió un poema. Le empecé a recitar espontáneamente uno, mientras apoyaba mi cabeza en su corazón. Y luego me dio la timidez y me callé mientras acariciaba su cuerpo. Le empecé a hablar de los poemas que le había escrito antes y de los miles de ellos que le escribiré cuando no esté. Le hablé del acto solitario donde se macera el poema, de su agujero temporal donde se permanece lo impermanecido, la evocación, el arrebato del pecho en la entrelínea de lo vivido. El cómo las sensaciones se multiplican cuando ya no están y la doble vida de Alicia cuando habla a solas con la luna. 

En algún momento hablábamos sobre que todo era un sueño y un teatro. Él me narraba uno a uno los sentidos, lo que miraba que no era el total de lo que existía, y yo le decía, todo nos engaña. Cuando llegó al del gusto, me besó, yo me derretí de felicidad. Nunca había sentido con nadie en un beso el amor. Nunca había besado con amor. Los besos no me gustaban, me irritaban, me ponían nerviosa. Pero con él sentí miles de mundos en sus labios. Cuando nos besamos en la estación sentí que su beso se quedaría en la eternidad.
Aunque tarde varios meses en volver a verlo. Algo en mí ahora ya está con las estrellas. Ya no me azota la nostalgia y los suspiros que me azotaron esos días de atrás. Ya no estoy ebria de opio y de sueños explotados en los bosques. Porque llegamos mucho más lejos, porque devoramos las canciones. Porque nos existimos, libres, rizomáticos, enamorados y nómadas. Porque nos moramos más hondo. Porque volamos. Nos amamos infinito sabiéndonos frugales y sólo viento. Porque cumplimos sueños y exibicionismos, osamos la libertad y su escandalosa risa. Vivimos. Antes de ir a verle, yo tenía una hoguera que quería mucho más y sufría de la fiebre de la felicidad. Ahora ya estoy tranquila. Esos días con él me penetraron muy dentro la luna, me dejaron su nombre, su caudal, sus restos para siempre en mi corazón.
Fui muy feliz con él. Tal vez tarde mucho en volver a verlo, pero tuvimos un rato cerca del infinito. Ahora busco las palabras. Fueron muchas sensaciones, pasiones y libertades. Fue un reconocimiento del humus, de la guitarra, de la ola. Me traigo cienes de instantes. Algunos más extravagantes, como un baño desnudos en una fuente de una ciudad o hacer el amor en un lugar donde nos veían. Y otros más sensuales, como un baile en su cocina, o ese beso, o esa mirada cuando cruzaba sobre el desierto el último pájaro, esa palabra exacta, esa conversación que mató todas mis soledades, esa caricia, ese juego dentro de un autobús, esas botellas de sidra, las risas, su mano en mi mano, su lengua por mi cuerpo. Me traigo el éxtasis, la expansión de mis sentidos, el fuego zen, el salvaje, el amor, la esperanza, la poesía, el arrebato, la dulzura, la suavidad del horizonte y su violenta pasión de tenernos.

Ayer cuando estaba con él, me llamó mi hermano y dijo que habíamos salido en los periódicos, que qué coño estaba haciendo yo desnuda en una fuente. Al parecer un tipo de mi pueblo le mandó a él el video que nos grabó. Y mi hermano me comió la oreja con que ahora se iba a enterar Yoseba y la novia de Ab. También me llamó mi viejo y me dijo lo mismo.
A mí y a Ab. nos puso contentos y nos hizo bromear leer la noticia  y vernos. Nos subió la adrenalina y el deseo de generar otros miles de videos.
En el video casi no se nos reconoce, así que no creo que tengamos ningún problema. Los dos tenemos una relación de amor libre con nuestras otras relaciones. Aunque acordamos que era mejor no decir nada de antemano a no ser que nos pregunten directamente para evitar conflictos, celos y penas.
He cogido un bolso, con dos bragas, un vestido, el tabaco, mi monedero. Siento un vértigo enamorado. Siento una explosión poética. Siento mi extremismo lujuriándome el hachís y la luna. Siento mis pasiones desbocadas, trastocadas, buscando un suelo para hacer pie en medio de la ayahuaska. No sé porqué coño soy siempre tan desproporcionada. Sé que la vida no me leé como yo leo la cachimba. Sé que marte no me toca como yo lo toco. Sé que mis excesos, a los pies de los bosques, no se extralimitan como yo lo hago.

X. me dijo que no le dijera nada a Yoseba. Yo le dije, Yoseba y yo tenemos una relación de amor libre como Sartre y Beauvoir. Él me dijo que entonces me mandaría a tomar por el culo con la pasión de Jean Paul Sartre. Yo tal vez calle como calla a veces la furia del existencialismo. Tal vez rebobine los gajos de la luna cuando vuelva su boca y su navaja. No me preocupa. La vida es mucho más salvaje de lo que somos capaces a establecer. El amor es mucho más rizomático de lo que el cuerpo compromete. Sobre mojado llueven las balas de Panero aunque a veces no te encontrara ni en mi cama ni en mi olvido. La vida es mucho más bella de lo que la noción de la belleza puede pintar. La vida es inabarcable, irreverente, insondanble. 

Yo no sé nada.

Y brindo con toda ella, por el amor, por el fuego, por los pájaros anarquistas, por la mierda del capitalismo que un día será del todo destruida.
Me he abierto una cerveza para relajarme la ruleta rusa en la que estuve hace sólo 15 minutos. Vuelvo a sentarme con las caderas dentro de la mar. Vuelvo a confiar en la hoguera, en mi fe, en mi rareza, en mis ganas de quemar el mundo y de bajar la cremallera de tus diccionarios. En palmear tu alegría, tu noche, en beber de tu cuerpo la metáfora que nunca se queda. Vuelvo a querer arriesgarlo todo por un beso de la luna. En sea lo que sea que sea as en la manga del Sol que sale por donde quiera. Vuelvo a querer abrirte todas mis grutas, desnudarme todas las escenas, apretar el gatillo y jugar a morir, a matar, a resucitar, a enloquecer, a ser dios y polvo y rana y hachís y demasiado demasiado y tanta nada y tanto todo, y ponme otra y no cuentes las monedas y llévame al lugar donde los cielos se someten, donde lo he olvidado todo, donde los trenes sólo salen de las estrellas. Donde llevaré mis sentidos mucho más allá de la tierra, donde mi sexo, es una pócima de brujas y de astros. Donde explotan las ciudades y la imaginación destruye al capitalismo. Donde podría morir de pura eternidad.
Al final voy a verle. En una hora sale el tren. Le había escrito mis dudas, mi quizá, mi tal vez es mejor esperar otros vientos, mi pequeño Franquestein me mordió la oreja. Y él dijo, te estoy esperando. Y salió el Sol en mi sótano de Kafka. Y me mojó también la noche en llamas. Y sufrí de la flecha, la ayahuaska, del olvido, los mares, de los paraisos artificiales, tu boca perfumando la selva.

Y ahora, otra vez enamorada, tomo el abordaje y no le pregunto a la carretera hasta dónde, ni si encontraré o perderé el olor a goma quemada, ni la curva peligrosa que nos deja sin credenciales. Ni me llevo por si acaso la escritura, ni mi a salvo, ni mi sé, ni me abarco, ni reproduzco, ni guardo, ni cotizo, ni frontera, ni llaves, ni para mañana, ni si será el precipicio o la isla, ni propiedad, ni si moriré del todo del amor o de las calles caladas por la pólvora o las flores. Ni si no te volveré a ver cuando amanezca. O si jamás podré olvidarte ni hablar con la mar sin tu oleaje.
Creo que soy demasiado intensa, evanescente. Y en realidad las cosas no tienen tanta importancia. Son barcos que flotan entre las garras del viento. Son hijos bastardos de la hoguera. Son probabilidades que no comprometen la belleza del Sol. Pasos que no atan el camino ni pueden abarcarlo. Mi defecto de poeta, es una chingada que sube las revoluciones del vino, de la ceniza, del golpe y de la pasión. Es una manera de vivir que alza una y otra vez el abismo y el fuego de los sueños. Una adicción a la adrenalina. Ya sea en el tormento o en la isla. Algo irracional y posesivo. Estoy acostumbrada a emociones fuertes. A dolores del infierno y a placeres del paraiso. A precipicios e hilachos de luna. Pero eso pertenece a la paranoia de mi Teatro. La vida es también otra y se la suda lo que yo hago con las flores y con las cerillas.
Tal vez sea mejor dejarlo estar donde fue. Que cruce a fuego el alba, que se tosten las canciones, que nos quedemos sin nada al vals de las esquinas y de los pájaros. Tal vez sea mejor conservar el canto mágico de la luna donde sólo la luna se queda para atestiguarlo.  Sea lo que sea, será por la vida. Sino fuera tan impulsiva y arrebatada, tendría el bosque una rama intacta para adormecer la nieve. Sino me gustaran tanto los líos y los poemas, sabría por dónde coño está el camino.

Ahora estoy inquieta, convulsa, oblicua, con dos personalidades cantando sus opuestos motivos. Pase lo que pase, una de ellas me vela y me protege y siempre acierta. Pero en ésta espera no tengo ni puta idea y tiemblo como gota de lluvia la selva y el olvido. Fumo mi cigarro, me araño del humus, de la angustia de desconocerlo todo y sólo tener una gota insolubre de sangre como gruta, como refugio.
Le he escrito para abrir camino o para dejarlo estar en ésta ocasión. Aguardo una señal. Ayer él me habló desde la metafísica y lo profundo y el lenguaje era críptico, apasionado, vertical, para mí fue muy intenso y me provocó vértigo y arrebato. No sé hasta qué punto mi paranoia de Franquestein era cierta o no. Él es alguien a veces muy misterioso y utiliza las palabras con el fuego de la metafísica y la raíz, con cierto autismo que me enamora.
Ayer me sacó con arrebatos mis propios temores y mis pasiones, mi valentía y mi cobardía, mi entrega y mi coraza, mi carpe diem hasta que se acabe el sol y mi velado de loba esteparia. Mi sueño y mi tristeza. El fondo de mí. Y algo de la atmósfera surrealista del corro de mi bruja entró en erupción. Yo me vulcanicé entre mundos dobles. Y mi deseo se hizo una oblicuidad clavada en el fuego. Ahora estoy muy inquieta. Con deseos de coger el tren. Con miedo de cogerlo. Con vehemencia ante el aprendizaje de la aventura y del arrebato. Con sueños y con suspicacias. O tal vez no cogerlo y esperar otros vientos y dejar que los poemas vivan sus mareas.
Ayer fue muy extraño. Al principio quedé con Ab. en ir hoy a verle y que pase lo que pase y sentí una explosión de alegría y de océano. Luego hablamos de metafísica y algo de lo que él dijo empezó a tener para mí doble interpretación. Y algo de eso me echó para atrás. Todavía no sé qué hacer. Mi vehemencia se emparanoió. Empecé a tener miedo de que los poemas se retorcieran. Dudas sobre mí. Un temblor de mi Franquestein. Miedo a que el poema tan bello que él me dejó dentro se perdiera para siempre si vuelvo a verle. El tren sale en dos horas. Algo en mí quiere ir aunque vaya a morar el el desencanto, como un aprendizaje vital, como una aventura de mis olvidos, como el mezcal de las noches sin mundo y el chi lo sa. Y algo en mí quiere dejarlo estar. Esperar a que nos una el viento sin que yo haya empujado las balas y desprotegido tanto mi pecho.
Estoy ansiosa. Él me escribió algo muy bello. A mí me subió la adrenalina y el verso. El deseo de tirar las paredes, de tragarse en la gasolina todas las carreteras. De ser duendes y echar abajo las puertas del cielo y hacerse un aquelarre con las ruinas. El alter ego de mi poema, a veces se olvida de que yo también soy otra. Se pone por delante, me empuja, me enfiebra, me trastoca con sus canciones. Me expone ahí afuera como una cerilla entre el peyote y la lluvia. Y vuelvo a hacerlo. Vuelvo a recaer en las irracionalidades del opio, en lo salvaje, en lo irreverente. Mi desproporción a veces me azota con la antagonia de los leidos del beleño. Y en ese juego de locos, a veces acabo obligando a mi loba esteparia a chingarse con la oscuridad de la noche. Porque yo exagero el movimiento del fuego, lo impulso más allá de lo que yo misma podría sostener. Y me armo el lío. Es una forma ludópata de tratar con las canciones y con los caminos. Es una forma adrenalínica. Es una múltiple personalidad de mi poesía y mi carne. Yo multiplico la llama y luego la hoguera se hace violenta. 

Creo que tengo que aprender a equilibrar mi poesía y mis yoes humanos..... en un lenguaje más armónico. Mis yoes poéticos son a veces kamikazes y en mis yoes humanos soy a veces más serena y triste, más tímida y moderada. Aunque a veces hay una convulsión muy extraña entre unos y otros y acabo evaporándome por lo desconocido y el fuego.