Ardidos

Una sospecha tras las procesionarias de los pinos, desenvolvió tu corazón de esparto, en el vientre oceánico que acunaba mis olvidos. Te conocí cuando aún no sabía el nombre de las cosas. Me dio miedo oirte de nuevo. Mis heridas, navegaban contra ti, para regresar a tu cauce. Se interponían, como la paradoja. Como la guerra del salvaje Poseidón. Bajé a los infiernos en tu búsqueda, negándote con toda la sangre que me latía. Puse tu ausencia, en todos los hombres que yacieron en mi cama y en mi hoguera. Tus ojos en sus ojos. Tus labios, en la espada peremne de lo incognoscible. Hoy vuelvo cansada del desierto. Tu sonido, me reposa extranjera en la dulzura de los hartos. Aún tiemblo la cuchilla que te negó mil caminos entre mis dedos. Aún soy hija del barracón que te puso a prueba junto a la muerte.
Aquella mañana junto a él, recuerdo que le hablaba de que ahora iba a empezar a pisar la tierra, a ser consciente de forma pragmática de lo que me rodea y a no irme por la brecha ni por el fragor del zaparrastro del fuego.  Luego empecé a hablarle de lo bonito que sería que tuviéramos juntos un camping, cerca de la mar, con cientos de árboles y flores distintas, una taberna underground y espacios para el arte y la hechicería, para el espíritu, el fuego y el puño cerrado. Y soñamos juntos con ello. Con las ocupaciones que tomaríamos cada uno. Y seguimos al croak croak hablando y riendo y empecé a sintonizar con los perros de diógenes y mi surrealismo,  y él dijo, un dos tres, despegando, ya estás alcanzando otro planeta ¿no decías que ibas a centrarte?

Yos, me ayuda a tocar la tierra. A tocar lo humano. A juntar en mi pecho, los carbones con los ríos, con las semillas y las fesorias y el abono y la savia del ciprés y del roble. Y mis sentimientos junto a mis arrebatos del éter. Yos me ayuda a hacer la alquimia que necesita Alicia, para no irse volando por los aires. Amar a Yos, es amar, al pueblo, es amar los campos de cultivo, la lluvia, las campesinas y los marineros, es amar a los faunos del bosque, a los cavernícolas y brutos, y es también amar muchas de las cosas a las que yo había declarado la guerra y la distancia. Yos me ayuda a cruzar el río del olvido. En él, han vivido mucha batallas. Las batallas de mi lobo, de mi niña perdida, de mi sueño de Léolo, de mi arder de Troya. De mi nihilismo y mi disfraz. De Lilith y esa piedra filosofal manchada por LSD. De mi mística y mi asexualidad, y el arquetipo del diablo y del partisano. Lo he amado de neandertal a neandertal, de serpiente a serpiente, de estrella a estrella. De mar a fuego. Lo he desamado. Lo he negado, robado, usado, poema y puñal, eclipse y jauría, todo y nada. 

De vez en cuando sin querer vuelvo a ser todas las que no quieren quererlo.  Pero Fauno nos unió en ésta Odisea. Y sé que sólo ha sido para aprender a amar a Fauno. Hemos sido juntos, a veces la ofensa al amor, al cielo, a la poesía, a la muerte, a la nostalgia, al recuerdo y al olvido. Hemos sido el país de nunca jamás, Comala, el bosque mágico, la lujuria y lo sagrado, la inocencia y la crueldad de cuervo. Hemos sido la revuelta y el desierto, camaradas que a veces sin querer hemos apretado el gatillo contra el otrx. Y a veces, nos hemos sido madre, orilla, isla, faro, entre tanto polvo y duda. La única risa que quedaba. La única mano caliente y pecho desnudo. 

No me conviene no quererlo. No me conviene olvidarlo. Cuando Cuervo lo ataca, Cuervo me ataca a mí. Cuando destruyo lo que hemos tocado y amado, ebria de las luces de san telmo, la muerte viene en mi busca y me toma extranjera en su aquelarre, fría, distante, casi inexistida. Delirio de sirena.
No lo diré en voz alta. Voy a hacerlo del revés. Voy a pillarme desprevenida. Voy a jugarme al escondite. Guarecerme entre esos charcos que reflejan la pasión de la calima.  Expiarme distraida, abandonada, acuosa. Sin mi verbo ésta es la última noche de la tierra. Sin mi bisturí del hambre de las cavernas y de las brujas del coral.  Sin mi prisa dramática en tocar el cielo.
No quise bajarte la sombra del naranjo cuando las águilas dormían en mis pies, los párpados de la luna. Un boxeador, sangraba sobre las orquídeas, el duelo del viento anochecido en el piano que nos vio besarnos cuando ya no era la hora de ninguna hora. Tú habías llevado su ropa entre los mordiscos que mi ausencia veló para que no pudieras conocerme. Yo había lavado su sudor con la misma toalla que recogió nuestras lágrimas de belladona, cuando reíamos la percusión de los ríos de roca en ese cascajo que selló entre nosotros, un cauce que no podemos evadir para beber el agua y no morir de sed.

Todos mis caminos se cruzan contigo.  Todos mis engaños. No voy a decidirte el horizonte. No puedo prenderme tuya. No sabría tropezarte, ni mi espina, ni mi amor, ni ninguna otra cosa.
Que no confunda en tus ojos, mi precipicio, contigo, que no confunda mi dolor, con tu palabra. Que no te haga mi río del olvido, la bestia a la que tengo que matar para salir de él. 

Lo hice varias veces con otros.

Mi rata dadá sintonizó la cobertura del sótano de mi sueño con el útero del cielo. Y me hizo salir a cazar. Me cazaba a mí misma, aunque entonces no lo sabía y arrasaba todo a mi paso. Y el hombre al que amaba, era mi preciado cebo. 

En realidad es muy simple y muy razonable. Para romper el espejo, primero hay que ser devorados por el Fauno. Todos los locos saben lo maravilloso que es que esto ocurra. Luego hay que salir de su estómago. Y esa historia es aún más apasionante.
Se ha metido la duda en nuestra cama.
La traje sin darme cuenta. Contra ti. 
Cuando hablo demasiado con la mar, la mar me atrapa contra los hombres.
Cuando amo demasiado a la mar, me celo de ella y quiero ser como ella y amar como ella ama. Me olvido del cabalgar entre tus puertos de roca y de vino, con mis perros sueltos, besándote la soledad, salvándome en tu risa.  Y entonces ya no quiero ser mujer, quiero ser una estrella, la bola de cristal de un viajero de Neptuno, la montaña con todas sus zarpas y fetos, animales y crepúsculos. Y algo muy lejano de mí, quiere marcharte, quiere robarme la que fui en tus labios. No dejar nada. 

Hoy cuando pasé debajo de esos inmensos castaños que me dijeron que te amaba. Me di cuenta. Me dije, qué coño estaba haciendo con nosotros, dónde estaba poniendo lo amado.  Hacia dónde te exiliaba en mis adentros. Qué herejía era mayor, la de quererte o a la de olvidarte.
Quiero reposar lo que he sabido. Centrarme en lo que viene trayéndome la vida. Subir un peldaño del inconsciente. Deslizarme en la mar. Cantar. Jugar con la geometría del barro. Hoy empecé a sentir que se desanudaba el secreto de mi locura a través del soplo de Fauno. Sentí un instinto de hechicería por saber, por seguir, de fuego de lo abstracto, pero quise sosegarme, tocar el silencio, la tierra, todas mis realidades. A veces, he saltado a ese lado, mágico, onírico, extrasensorial, maravilloso y he despegado y luego tardé mucho en bajar y muy retorcídamente. Ahora prefiero ir despacio, porque voy muy lejos, como dicen los Zapatistas.
Cantan los pájaros y los gallos. He sido consciente de algo medio lejanísimo, como enterrado en el corazón del cangrejo ermitaño. Cuando entré en trance, hace unos días, había tres volcanes o grietas en mi cerebro, una que hablaba de los recuerdos, otra que se adentraba al infinito, y otra que enviaba una resistencia (cuervo), más el corazón y su sueño. En aquél trance, yo estaba sufriendo, estaba luchando. Eran rumores muy inconscientes, muy pesa-nervios y lenguaje de mandrágora. Ahora me he dado cuenta, que sobre otro nivel, cuando escribo, cuando hablo con personas, esas tres zonas siguen haciendo lo mismo conmigo, a veces, las siento activarse, cuando me detengo un rato a pensar, cuando me abstraigo, cuando cambio de marcha y piso el acelarador. Ellas juegan a los relebos conmigo y me forman una ecuación-perceptiva. Tras algunas de ellas, parece habitar la inexistencia. Instantes de fuga de conciencia, de deslumbrante vacío.  Creo que tengo que llevar la conciencia mucho más dentro de ellas. Y elevarlas. Adentrarlas al flujo cuántico, a la danza.
Estaba soñando algo sobre  las conexiones que provocan la felicidad. En el sueño empecé a escribir un texto sobre ello, pero me desperté bruscamente y la información desapareció. Es demasiado pronto. Veo la luna tras el cristal. Ayer tuve muchos recuerdos de mi pasado, por un instante navegaron de forma distinta en la noche. Comprendí el comienzo de ciertos sentimientos sobre los que no había sabido pensar en esos términos. Tenían que ver con mi familia. Esa antagonia que viví a través de las guerras entre mi padre y mi madre. Creo que había algo en mí que aceptó lo irresoluble. Se me pegó una desesperanza. Pero me es díficil explicar y desarrollar el sentimiento al que me refiero. Tiene que ver con mi relación con lo incognoscible. Con un puente volado por los aires. Desde el desvelamiento de ese sentimiento empezaron a abrirse otras zonas de mi interior muy cercanas al susurro que yo dejaba caer sobre Fauno. Pero no sabría escribir directamente sobre ellas. Sé que son importantes. Que son un portal. Pero ocurren en frecuencias donde el lenguaje no está. Es algo mucho más sutil. Creo que ese sentimiento, nutrió toda mi vida, un tabú, respecto a lo humano. Una zona inexpresada de mi interior. Antagónica. Cuando se abre una brecha, desde lo abstracto en mí, tarda un tiempo en cobrar la capacidad del lenguaje. A veces rumio los significados en el éter. Tengo diferentes formas de relacionarme con la conciencia, la que ocurre mientras escribo, la de mi introversión y los viajes hacia dentro, la que sucede cuando hay relaciones humanas y la que navega en mis sueños. Todas son necesarias para mí. Muchas veces esas conciencias vivían de forma independiente y separada en mi psique. Ocurría por las zonas inexpresables. La escritura es para mí la alquimia que las une. Mantener zonas inexpresables, provocaba una brecha. Una inquietud. Una fuga. Hambriología. Y en mi caso, a veces me provocaba múltiple identidad. Poder vivir con ellas en armonía es lo que siempre ardió en mi búsqueda. Aunque a veces, elegí el adentro y preferí expulsar la zona de la sociabilidad. Cada zona de éstas conciencias tiene una fuerza gravitatoria propia. Y a veces llegan como opuestos. El Ensueño, une la conciencia del sueño, con la conciencia a Gran Espíritu, a lo incognoscible. Cuando me doy cuenta de que estoy soñando y exploro el territorio onírico hay una nueva alquimia. Aunque de momento en ese territorio me olvido de mis zonas terrestres. Aunque todas ellas aparecen de forma simbólica y poética en el paisaje onírico. La total conciencia, es un camino que todavía estoy navegando. Poder unir esas distintas fuerzas gravitatorias y actuar con honestidad y equilibrio para todas ellas, es parte de mi camino de ahora. Es lo que a veces llamo, la integridad de Alicia o la libertad de Tigre.
Mi escritura, pende, del instante presente, de mi víscera, del comulgar de mi sangre y la huesera, de la conexión de mi abstracto frente al horizonte, mientras estoy en el viaje. Lo que digo que es, sólo lo es, en su instante. Aunque se afirme en mí con tiranía, aunque lo empuje hacia lo indivisible. Siempre está sujeto al error. No firmaría nada de lo escrito. Siempre hay una mirada más profunda. Algo que se ha quedado en un fuera de campo. Una pregunta que no se ha hecho. Una manipulación. Porque algo me acecha ahora en el Ensueño. Porque hay emanaciones incognoscibles que toman mi corazón. Porque en mi mente también habita la enana blanca. La piedra que sangra. Porque a veces estoy sufriendo. Y cuando se sufre, no se sabe. Porque a veces está lejos el bosque, y la mente es vanidosa. Porque a veces no veo lo que me mira. Porque no puedo abarcar todo lo que soy y lo que es. Porque soy humana. Y los humanos, sólo escriben y dicen para azuzar el Teatro. Porque somos Sueño.


Me puso insomne una inquietud. Sentí un desvelamiento de Cuervo, una brecha fragante del infinito. Pero comprendí que no era el momento de comprender. Lo dejé apoyado entre los chopos. Jugué en la mar. Es importante distinguir cuando hay que pararse. Esos instantes que en la mente empieza un volcán y se formula la confusión, el error, fuerzas gravitatorias que chocan, sale en jauría el inconsciente, la interferencia del ensueño, el arquetipo del diablo y del ataque, la suspicacia paranoica del balcón, el acceso a lo metonimia simbólica sin un sostén armónico, es mejor, intentar el Silencio, las cosquillas del viento, la pisada de la mar sobre nuestra pisada, la levedad. En mi pasado yo no sabía hacer eso. Quería llegar desde todos los caminos, me ofuscaba con vehemencia, accedía entonces al Laberinto del Fauno. Ahora quiero que sea, a través de la armonía, del tambor-tierra. Dejar que bailen las arenas movedizas en el alma de los hartos. Dejar que el vals retroceda en la pleamar.
Me bañé en la mar. Fue un instante muy hermoso. El agua estaba cristalina. Y sentí que Kafka y yo también llevábamos dentro porciones de la mar. Mi baño fue como un rezo. A Kavka lo arrastró durante unos segundos la resaca, pero nadó furiosamente y consiguió volver a la orilla. Después me quedé tomando el sol en la arena y bailando ese horizonte inmenso.

Siento que ahora no me apetecen los líos de Marte. No me apetece, el sexo, los trafullos y zafarranchos del verso entre las hogueras. No me apetece el juego de la seducción y ese vino secano del delirio en los poros salvajes del fuego, ni esas luchas de seismos y éxtasis. Lo que quiero, es el Silencio cabalgante de la mar. Es algo que alimente mi espíritu, mi corazón de forma acuosa y no con fuego. 

He sentido algo muy intenso en la traslación de los ensueños y mis pasos en la tierra. Eso me ha dejado abstraida, inquieta. Y siento que necesito un trance para adentrarme. Ahora las palabras son inconvenientes.
Tengo que empezar a centrarme para hacer la selección de poemas. Ese tipo de cosas es un trabajo sucio, porque despierta la inquisición de la psique que se acecha a sí misma y el movimiento del ego buscando frutos y hogueras. El ego es un chingo que aparece cuando hay una relación con los humanos. El ego nos hace vestirnos de serpientes, fuego y feromonas varias para que los otros nos amen o nos odien. Nos hace seducir. Amar la guerra y la ley de la selva. Nos hace ser competitivos, violentos, perfeccionistas, codiciar el conocimiento y exponerlo con exibicionismo y fragor de Evaristo el Rey de la Baraja. El ego, no existe en la soledad y en la introversión. Porque cuando estamos frente a nosotros mismos y lo inabarcable de la mar, somos a gritos nuestros pozos y barracones y cementerios y desguaces y cubos de basura y playas y cantes y sabemos que sería muy estúpido contarnos cuentos y echarnos perfumes o gasolina, porque nunca se escapa de lo que somos y de lo que se lleva dentro, porque el dentro nos persigue con el baile de los chacales y viene en nuestra busca como si quisiera matarnos. Cuando estamos solos lo sabemos y somos verdad. Cuando estamos con gente, somos Teatro. Ahora hay mucha tendencia espiritual en escapar del ego, en vivir más allá de la mente. Pero el ego, es parte de nuestra naturaleza y empieza su función al abracadabra, en el mismo momento donde hay cualquier otro humano. El ego, forma nuestro caracter, y también tiene cosas buenas, nos inspira, nos hace de musa, de pulsión de éxtasis, de fragor, de conocimiento, interviene también en los seismos sexuales, en la sangre, en la pasión, en el amor con humanos, es parte de la supervivencia, es un instinto que puede ser protector, aunque a veces pueda ser dramático y engendrar todo lo mezquino y oscuro de lo humano. El ego y el ser profundo, están enfrentados y son opuestos. Pero ambos, durante toda la vida, nos acompañan. Ego significa Yo. Hallar la armonía entre nuestra esencia cuántica y nuestro Yo, es un camino infinito y extraordinario. Conocer el amor con un humano, es una Odisea, un viaje sobre los lomos del Salvaje Poseidón.
Son días de metamorfosis. De vez en cuando también necesito el escepticismo que da la tierra. Hubo unos años en mi pasado, tal vez desde el 2011 al 2015, donde yo vivía a Fauno desde el escepticismo, desde lo ateo. La conexión, era poética. En la mar, recordé aquella mar que tanto amé en esos años. Desde el abstracto había una vinculación mágica con lo inefable. Pero yo era atea. Tuve muchos momentos de paz, de amor, de belleza, de liberación y magia. Ahora cuando camino en la arena, a veces me llegan estertores espirituales de aquellos años. Luego hubo un cambio radical sobre el 2016, y apareció otra vez, Fauno y mi vinculación con el ensueño, con los árboles y los animales, con lo extrasensorial, con las visiones, con el yembé, con el otro lado de mi pasado. Y se empezó a hilar la profundidad de mi abstracto, en una especie de sinfonola que unía todos los hilos de mi vida, sobre el beso del Bosque. Y di un salto hacia dentro. Regresioné a los viajes chamánicos de mis brotes psicóticos. Me integré sobre zonas que habían quedado en barbecho en mi interior, condenadas al olvido. Y ese plexo solar deslizándose sobre las olas me dio una nueva idea de identidad y del porqué de todos mis pasos. A través de una especie de canto indivisible en lo más abstracto de mí, en la esencia. Quise ir mucho más dentro. Empezaron a resurgir sentimientos escondidos que cabalgaban despiertos en mis sueños. Y el ser profundo me dijo que siempre había estado allí, y salió de su madriguera y se puso delante de mí. Entonces hubo una radical metamorfosis sobre la idea de lo que yo había sido y el misterio cuántico de las cosas y de las personas. Porque fue el ser profundo el que empezó a manejar los hilos y a desvelarse y a ponerse delante de mi mirada. Y en esas apareció Yos. Y yo metí a Yos en el subterráneo de mi Bosque, en lugar de conocerlo en la superficie. Mi viaje chamánico explotó. Y fue un viaje, desde el dentro que da un salto mortal hacia el dentro, donde relincha todo el universo.  Éste tipo de cosas, es lo que explica la "psicosis". Simple como un amanecer. Aunque los psiquiatras son unos fascistas ignorantes y vanidosos de su conocimiento nacido por el culo de un robot. Y aunque tengan delante suyo, la manifestación del alma, no lo ven, porque los psiquiatras han aprendido lo que saben, de la mentira y de las escuelas del capitalismo, de la gran mierda y su ego, les impide ser humildes y mirar y escuchar y saber. Entonces te miran con su conocimiento del chingo y te espejan en su chingo, porque no quieren verdaderamente mirar, sino darse la razón a sí mismos y sus paredes barnizadas por mierda de mono.
Anoche, sentí una fulminante nostalgia. Mi viejo me dijo que cuando fuera a León llamaría a un abogado para arreglar un asunto económico para mí una vez que él esté muerto. Cuando me acosté en la cama y empecé a pensar en su muerte sentí que volaba a años luz de la tierra, sobre un extraño páramo de fuego y empecé a tener cientos de recuerdos de mi niñez con él y a imaginar que estaba muerto y a tener pánico a olvidar su voz, su forma de hablar,  lo que me dice, su forma de bromear, su literatura, su palabra, sus chistes, nuestro vínculo, nuestro presente,  como olvidé en todos mis otros seres queridos muertos. Y eso me hizo sentir una terrible tristeza y nostalgia y pánico a perderlo. Y lo único que supe cierto es que mientras esté vivo tengo que conocerlo mucho mejor de lo que le conozco. Comprenderlo mejor de lo que le comprendo. Y aprovechar la vida en todo su esplendor.  Que la muerte no se lleve nada.
Ayer en la playa... sólo estaban mis huellas y las de Kavka.  Hice un ejercicio de psicomagia y de regresiones, escribiendo con un palo en la arena los nombres de las personas que conocí. Empecé por mis amigos que se habían muerto, como si la mar cuando subiera les besaría con su hummus. Luego escribí el nombre de las personas y animales que amaba. Y luego fui escribiendo todas aquellas personas que habían interferido para bien o para mal en mi psique y en mi corazón. Como un acto de amor y de perdón. Quería que la mar las amara a todas, que las diera a todas la belleza, que las cuidara Fauno. Cuando escribí la gente de mi pueblo, a través de marcas abstractas en la arena, mi rabia hizo que se rompiera el palo porque empecé a dar mazazos en la arena. Pero aún así quise que la mar los amara. Al rato de eso recordé aquellos policías, aquellos psiquiatras y enfermeros, aquella gente que me enseñó a odiar con toda la legitimidad de mi corazón y los escribí dando patadas a la arena. Y seguí escribiendo a todas aquellas personas que podía recordar. De forma caótica. Sus recuerdos me llegaban como estertores de un viaje de peyote. Luego me di cuenta que me había olvidado de escribir mi nombre, que suelo olvidarme de mí, así que lo escribí también. Estuve mucho rato en la mar y sentía que ella era un dios que me arrastraba.
Hoy no recuerdo lo que soñaba. Cantan los pájaros, aún es de noche. Ayer viví muchos exaltos. Una propuesta poética me hizo declararme en contra de lo que venía escribiendo y me dio una airada de nihilismo. Y el deseo de concebir el poema. Suelo olvidarme del poema. Cuando escribo olvidándome de que hay alguien ahí afuera me fugo en la brecha del cotidiano que reverbera el inconsciente y a Fauno. Me hago excesívamente psíquica del pomo de la puerta que gira mi sombra de rosa y espina. Y uso la escritura como ese animal de cuatro patas que persigo tras la noche. No hay un incentivo, no hay una musa, sino mi necesidad de saberme. Hablo conmigo misma. Porque soy jodidamente amnésica de lo que soy y de lo que creo saber. Al escribir un hilo va huracanando lo que quiero mantener en la superficie y en mi matriz. Va formándome, pero desaparece de mi conciencia presente y me enfrenta la nada. Lo que escribo entonces se vuelve mi sombra. Una especie de conciencia nacida del magma y de su inestabilidad. No siempre pueda adherirla a mí. Porque me rodea lo extraño. Porque hay un agujerito de carcoma temblando el tango que lloró la llorona.

Al despertarme él me había escrito. No pudo cruzar la mar. Me habló de nuestro sueño aún, de esa estrella que derretir juntos galopando el firmamento. Me sentí escéptica. No me dio un brinco de amor, ni un suspiro de mar de plata y pólen. Lo sentí, un encantador de serpientes. Aunque me hizo sonreír. Me gustan aquellos que van al amor como van al poema. Aquellos que no dejarán nada para salvar el futuro. Amo esas historias que en una noche son Infinito y todo el amor del universo y luego desaparecen sin dejar nombre ni dirección, ni cicatriz, ni tierra que pueda encayarlas ni destruirlas y son la eternidad. Sé que no me convienen mis gustos la mayor parte de las veces. Me gusta el amor de los asteroides, por culpa del hechizo de Marte. Por mi coraza. Por Tigre. Por la selva. Por el fragor de la poesía. Porque amo el amor entre desconocidos que comparten un sueño y un instrumento para sacar versos a la luna.
vira la curvatura de tu huella dormida en mi cuerpo
cuando el viento preña la horfandad que te da el nombre
deshuesado del crujido que corteja a quién nos has sido en mi cama
te hace el canto en mi puerto amante de todas las que mezclo en tus labios cuando me visto de esa otra
que se irá sin hacernos daño
Siento que tengo amainar la intensidad sobre lo incognoscible. Reposándome en la geometría de la mariposa que duerme helada en tus labios. Darme juegos de barbecho entre dos palabras. Mutar el lenguaje que utilizo para hablar con lo inefable. Porque el lenguaje, es un viejo diablo que hace costra y en su labor, si vuelve al lugar amado, corrompe lo que besa y lo convierte en presa mal herida incapaz a estremecer la mar cuando vuelves desnuda a sus brazos.

Mi esquizoanális es a veces paranoico, maniaco del fetichismo que bebió a chorros y puñaladas y agujeros de carcoma y tercer ojo, de ese indivisible rubor que sustenta la ausencia de tus besos-madre. 

A veces vuelvo a hundirme en el líquido amniótico que sopesa y entierra y descubre y vive, el hilo conductor de mis improbabilidades sumergidas en ese viento cósmico que sueña el cuerpo con el que camino.  Y entonces corro los telones de las luces de san telmo en la interferencia de mi cotidiano sobre el canto animal que me acecha en ese lugar donde aún no he nacido.
Quiero entrar en acción. Como escritora, sufro el desdén del humo y la quimera. Porque la escritura es humo. Sólo los actos, son poesía. Como escritora, alimento con obsesión, las condicionales que espeja el laberinto de mi yo. Me alimentan las dudas, las antagonias, las luchas, el dolor, la rabia, los horizontes imposibles, los cantos inalcanzables, los amores que nunca se tocan, la pérdida, el desengaño, la melancolía, los muertos y los fantasmas, el nigredo, los caminos de fuego, mi torpeza, mi infierno, mi desesperanza, mi error, mi volveré a cometerlo o mi ya lo arreglaré mañana, mi algún otro día conoceré el amor, volaré junto a lo infinito y me convertiré mar con la mar y seré libre. Como escritora, hago de mi vida, un jodido drama solitario, una guerra, un eterno irreconciliable. Y se me escapan los pájaros cuando escribo sobre los pájaros, y se me escapa el amor y la vida, cuando me detengo en ese subterráneo donde nace lo que se escribe. Y sin embargo, no puedo dejar de escribir. Porque me hace alquimia. Porque vete a saber porqué. Pero sé que tengo que entrar a la acción, ahí afuera, donde de verdad ocurre la vida, donde baila Fauno. Y no restringirme a través de mi mente, no acorralarme por mí misma, dar un brinco al instante presente. Hacer cosas nuevas. Tratar con gente desconocida. Ir a situaciones que saquen de su zona de conford a Alicia. Olvidarme ya del asunto de que sólo sabré y me equilibraré a través de la escritura. No es verdad. La escritura no sabe nada. Lo único que nos hace saber, es lo que nos llega de forma incognoscible y extraña. Lo que juega junto a otrxs parias y locxs y navegantes. Lo que sale de lo más dentro hacia lo más fuera y lo que entra de lo más fuera, al fuego del corazón.  Alguna vez yo le di todo el poder y mi vida a la escritura. Ahora quiero quitárselo. Y devolvérselo a la mar a la que le pertenece.
Todavía estoy flotante. Es extraño volver a sentir el Bosque. Volver a amar y estremecerse de viento y de belleza. Cuando vuelve a dar fuego el horizonte, unx se da cuenta, de qué lejos, cuánto tiempo, se había estado. Hoy cuando me bañé en la mar, durante unos minutos, me sentí en casa. Sin Cuervo creando amenaza. Sin dudas. Sin contradicciones. Sin luchas. Aunque la Conciencia implica estar alerta, entrar en acción, moverse, cantar, saltar la cuántica. No se puede hacer bien, sino se hace bailando. Antes, yo era muy grave de lo que supo Lobo, su ferocidad me impidía fluir. Su enroque, me hacía rígida y triste. Mi lucha interna a veces me hacía lejana y ausente y mi voz, tan extraña por las antagonias, sentía que me robaba de mí. Pero todo es muy fácil, cuando brilla el amor. Cuando hay amor, todo se dice y se hace, cantando, con ligereza. Mi problema, era la hambriología de mi mente, la obsesión por la metafísica, aquellos trances de la hechicería donde dejaba de vivir el presente y de tocar la tierra y todo lo comprendía y lo decidía sobre mundos casi imposibles. Y aquellas armónicas que me decían mi alma, apenas podían rozarme cuando andaba el camino. Algo en mí se agarraba a ellas como la única senda, pero ellas no sabían de mí cuando estaba tan desnuda bajo las estrellas, ni en su piel, ni entre las zarpas de la mar ni las cuevas. Ahora comprendo, que sólo en el presente, sin los prejuicios de la mente, sin sus deberías, ni utopías, ni recelos, ni sus juicios, ni teorías, ni lo que ella limita de lo Real. Cuando, otra vez niños, respetamos el misterio de Fauno. Y estamos de verdad junto a él. 

Mi mente es muy obsesa de tenerse a sí misma, como el dios, como la verdad, como lo real. Mi mente conoce mil fetichismos de Comala, del Laberinto de Fauno, del tango que no acaba nunca, de la Itaca que se aleja cada vez que se da un paso. Y a ella le encanta su lucha inacabable, está muy contenta, cuando cree que habrá una guerra y luego otra y tendrá que subir antes una montaña o cruzar un desierto o cabalgar sobre el salvaje Poseidón, antes de tocar el amor y llegar a casa. Y siempre creé que éste no es el mejor momento para conocer a Fauno. Me dice, todavía tienes que cerrar esa herida. Todavía tienes que abrir esa coraza. Todavía tienes que escribir a la rosa de jericó cuando se ahorcan las sirenas. Todavía tienes que vengar a Lilith. Todavía tienes que hacer una revolución. Todavía tienes que escribir los poemas. Todavía tienes que encontrar al Lobo de Gubia, al beso de Léolo, al hombre-delfín, al lobo-nagual, al águila del fuego. Todavía no has conocido el amor. Y Yos que está justo aquí y ahora, no debe ser aquél con quien pueda ocurrir. A mi mente le encanta, que yo nunca llegue a casa, ni al amor, ni a la belleza, ni a la paz, ni a Fauno, ni a la alegría, ni al aquí y ahora mismo. Porque ella quiere quedarse y gobernar. Porque ella no sabe hacer ninguna otra cosa. Es un hardware binario y torpe. Sólo el corazón, el presente rodeado por lo desconocido, el arrebato, la poesía, la magia y el amor y el rizoma ácrata y libertario, saben cantar y bailar a Fauno. La mente, es el eterno aplazamiento y muralla, para volar lo extraordinario.
Estuve en la playa en marea baja. La arena hacia mágicos surcos. Y mientras caminaba descalza, sentía el rubor del amor y de lo desconocido. Y pensaba que tal vez Yos y yo, no sepamos alimentarnos el alma, que tal vez, de no ser así, de no poder juntos crecer el amor de Fauno, sea preciso que haya otros términos entre nosotros. Fauno nos unió. Después de muchas guerras entre nosotros, Fauno nos besó juntos el amor. Pero ahora no sé hacia dónde iremos. Nunca se sabe, cuando se trata de otra persona.  Después quise meterme en la mar, me desnudé, dejé la ropa en la arena y corrí hacia lo incognoscible de la mar, como si quisiera bañarme con su espíritu y sentí algo muy bello lavar mi corazón y brincarme de vida. El perro, desde que es cachorro, cuando entro en la mar, él me persigue y me ladra para que regrese junto a él, a veces se mete muy dentro conmigo, pero a veces le da miedo el oleaje o no le apetece bañarse y va a la arena y me roba la ropa para obligarme a salir. Y entonces como dos monos, damos el espectáculo. Yo corriendo desnuda tras el perro y mi ropa y él intentando que yo no la recupere. Mientras la gente nos mira.
La pulsión sexual, es dadora de vida, de movimiento, de poesía, de amor de Fauno y conocimiento y acceso al Infinito y luces chamánicas. Pero si no está armonizada con el corazón y con Bosque, es también viajera del mundo de las sombras. El acto sexual, es un aquelarre, vive en los dos mundos. Aunque lo hagamos sin conciencia, despierta y hace viajar a nuestro ser etéreo y lo refleja y reproduce y engendra las vibraciones que se dieron en su instante y vuelven a buscarnos en nuestros sueños y en nuestro abstracto, en nuestra relación con Fauno. 

Yo quería descubrir la naturaleza sagrada y libre  en todo lo que saliera de mí. En todos mis animales. En todos mis infras y selvas y barracones y abismos y Letes y vicios y manías y poemas y volar hija del Fauno siempre libre y entera, absuelta y bendecida por todos los mundos. Quería dotarme de Fauno en todos mis rubores. También en mi hambriología de Marte. En mi violencia. En mi suburbio. Pero ahora soy consciente  de que ese abracadabra ha de hacerse desde Fauno. Y no del revés. Ahora sé que yo he de tomar conciencia sobre mis animales y no echarlos en zafarrancho a la selva. Yo quería liberar todos los significados e instintos sabiendo a Fauno en mi corazón. Pero ahora sé que había ciertos instintos que vivían sin el amor de Fauno y al explorarlos y radicalizarlos, esa ausencia de amor, se hacía una sombra más sólida sobre mí. Que hacía violento a Cuervo. Y me separaba del bosque y me hacía mucho más díficil y estrafalario el camino.

A Yos, lo conozco hace ya mucho. Nos hemos amado, incontables veces. A veces cuando yo estaba en el Ensueño. Pero sólo hemos hecho una vez el amor. Sólo, de las cientos, una vez, ocurrió con Fauno.  Aunque siempre fuimos inocentes y tiernos, tigres y criaturas del país de nunca jamás, niños perdidos, viajeros sin Itaca, camaradas del qui lo sa, del grito, del olvido, del fuego y de los sueños, a veces nos fuimos mutuamente el pecado. Los dos, nos echábamos la piromanía de Marte. Y ardíamos. Teníamos una relación maldita. Hasta que Fauno, nos tocó el corazón. Los dos, teníamos una coraza parecida. Los dos, habíamos sido misántropos, lobos, violentos, escépticos, desencantados de la humanidad y del amor. Y los dos teníamos dentro, un Tigre lleno de ternura y de soledad. 

Ahora yo quiero que siempre lo hagamos con Fauno. No quiero volver a alimentar la hoguera del desquite del Lilith ni de los estertores volcánicos de mi coraza y de mi cinismo ni mi retaguardia ni el frío de Cuervo. No quiero la hambriología de Marte. Quiero que sea, a través del corazón. Él y yo, nos amamos ya en todos los rincones del infierno y de la oscuridad, y juntos, iluminamos todo, con la inocencia y con el amor incomprendido de Tigre. Pero ahora que nos besó Fauno, ya no podemos sernos en aquellas nociones. Yo ya no quiero que el sexo sea un aquelarre que ponga a prueba lo desconocido en su avalancha pirómana e irracional. Quiero que sea, con el corazón y con la conciencia. O sino que no sea. 
Hoy no recuerdo mis sueños. Cantan los gallos y los pájaros. No son los mismos pájaros que en invierno cantaban donde vivía antes. Desde hace unos días he vuelto a ser vegetariana. La carne me daba violencia y abría la hambriología de Marte. Poco a poco, vuelvo a sintonizar con las vibraciones del Bosque. A veces siento una presión en mi oido izquierdo, siento una fuerza energética que despierta extraños estragos en mi psique. El lado oscuro de Cuervo. El rubor de fantasmas. Un nudo. Algo mál orquestado. Una brecha hacia lo incognoscible. Eso me hace ir más rápido. Conectarme más con mi matriz y el amor. Distinguir las conexiones erráticas. Correr hacia el beso del dragón. Mi psique conoce extrañísimos lugares. Cuando navegué en el éter, hallé cosas inimaginables. El pensamiento no puede comprenderlas. Pequé de vehemencia, de acceder a lo incognoscible, con el hambre de la mente en poseer, abarcar, nombrar y permanecer. Sin detenerme ante el fuego del silencio. Sin vaciarme. Creo que eso hizo que Cuervo fuera oblicuo y trajera también seismos del mundo de las sombras. Las paradojas poéticas de lo incognoscible que cobran vida corpórea en mi ensueño, a veces se relacionan con mi pensamiento y me generan una dualidad. Mi pensamiento también genera una dualidad en mi Ensueño. Por eso la única forma de avanzar, es la poesía y el Silencio. Siento que aún en mí, hay estragos de desconfianza, tal vez por mi coraza, para poder relacionarme con las vibraciones de las plantas. Creo que son las plantas las que verdaderamente nos enseñan a viajar en el silencio. Yo todavía no soy ligera. No sé soltarme. No confío del todo en Fauno. Porque en algunas capas de mi psique, aún hay nociones de amenaza, de lucha, de retaguardia, de violencia. Mi trabajo ahora es deshacer la coraza. Amar. Cuando se tiene miedo a algo,  Cuervo es violento y no ama. Se sufre la lejanía del Bosque. Cuando se sufre la lejanía del bosque, emanamos vibraciones de las sombras. Las sombras, no son buenas ni malas, simplemente son espacios donde hay todavía una energía anudada, donde no fluye el Infinito. Donde es preciso Amar para que todo se armonice con el bosque. Cuando estamos con personas y estamos lejos del Bosque, se generan vibraciones del mundo de las sombras y Cuervo entonces es violento. Mi problema radica, en que cuando es la otra persona la que está lejos del Bosque, Cuervo me ataca primero a mí, porque tiene un espejo mal orquestado. Porque mi forma de ir hacia el bosque, fue cargándolo todo sobre mí y haciéndome la única responsable en el fragor de la despersonificación y del éter. Sé que la solución es muy simple, y es amar. Ver el Bosque del otro aunque esté tapado por los prejuicios de su mente y de su ego, que en el fondo sólo es miedo a Fauno. Saber permanecer en el canto del bosque, cuando afuera hay un desierto cortante. Aprender a convivir con las vibraciones de la sombra y de la violencia, a través del corazón. Y para ello es importante mantener una distancia cuántica. Soltar nuestra propia historia y ego, y ser ligeros. Ser viento. Y que no nos importe ni nos hiera ni nuestra psique reconozca nuestro reflejo en el otro, sólo en el Bosque.
He estado en la playa. Ha sido un viaje introspectivo frente al misterio de Fauno. He estado conectada con mi abstracto, con lo sutil, con lo que sabe el corazón y desconoce el pensamiento. Supe que algo en mí, antes, le daba todo el poder a esos viajes, y buscaba en la brecha, la respuesta y mi fuego, era muy vehemente en mi deseo etéreo. Hoy hubo una diferencia, decidí, esperar a la acción y a lo que trajera Fauno en la vida. Quise detenerme. Por humildad. Por respeto a la cuántica. Por echar mi naipe, al verdadero campo de batalla, que es la acción presente. Y no el trance ni la hechicería. En mi pasado, uno de mis errores más caros, es que yo creía que todo podría ser elegido y dispuesto e hilvanado y encontrado y culminado, en mis viajes a mi otro lado, en la meta-conciencia. Y algo de mi soliloquio a veces vuelve a perderse por ese canto de sirenas. Hoy por primera vez, cuando me tentaba tanto ese espacio y lo que estaba sintiendo y descubriendo, paré y di un brinco hacia la tierra y lo desconocido que trae fauno y quise una verdadera acción que propagara esa percepción y esa elevación. Ahora comprendo que esos viajes sobre la meta-conciencia me aislaban y me pendían del humo. Muchas veces me abstraía tantísimo en ellos que dejaba de pisar la tierra y además, era imbuida por mi propia mente y la mente genera delirios si se va con ella a Fauno. Porque a Fauno se ha de ir con el Silencio.
Me di cuenta, de que tengo un mordisco de etanol en el corazón. Una fiebre de piedras de Marte en esos rayos de luna que relinchas entre mis piernas. Un sabotaje de un árbol caduco al viaje del invierno que quema todas las naves cuando las procesionarias aman. Un miedo a la felicidad y a la entrega. Hoy recordé, en la playa, mis instantes de amor de Fauno, cuando Alicia no conocía a nadie. Y me rozó la belleza y las diosas del mar. Y sin embargo, ese mordisco, el nudo de mi corazón, no me dejó del todo irradiar. Jugué a dar vueltas de tornillo en la arena. Y recordé cuántos ratos desnuda y en la felicidad de los neandertales había pasado junto a la mar, cuando yo ya no caminaba junto a los hombres. Me había marchado tal vez, por ese mordisco de etanol y había encontrado al Bosque y a Fauno, estando sola y sin desear ya nada que no fuera el Bosque. Desde que conocí a Yos, mi herida volvió. Mi motín. Mi inframundo. Mi coraza. Mi deseo. Mi humanidad. Y el bosque fue durante muchos meses una guerra.  Era una prueba de Fauno. Algo que necesitaba para conocer más hondo el bosque. Poder vivir en la superficie junto a Fauno y otros humanos. Poder amar a otros humanos sin que Alicia tenga que hacerme una guerra mortal. Bajar del monte. Reencontrarme con el amor. Redescubrir el amor. Un amor, donde Tigre sea libre y esté en paz con todos los yoes de Alicia y con Fauno. Hallar un equilibrio.

En éste tiempo. Se reprodujeron también muchos errores que yo ya daba por acabados, antes de Yos. Como mi hambriología de marte. El psiquismo de mis emociones. Las antagonias del sentimiento. Lilith y el sexo. El amor y su abismo. La forma social frente al mundo interior y sus luchas. Los conflictos con humanos. Mi nigredo y el suyo. Mi individualismo, frente a Fauno y al Fauno que vive en cada humano de forma única. Mi nihilismo, mi paganismo, mi herejía. Mis prejuicios, los prejuicios de los otros. La tiranía de lo mental enclaustrando al corazón. Mi franquestein otra vez en el asalto, con su rosa y con su puñal.

Antes de Yos, yo ya me había olvidado de todos esos problemas. Porque yo estaba sola y sólo me importaba Fauno y sus mundos de ensueño. Mi franquestein, era libre, porque sólo lo miraban los ojos amantes de mi perro y de la montaña, Chopo y los tambores. Había alejado de mí, lo exterior, y aunque no tuviera el amor y la belleza que a veces sólo puede vivirse en compañía, no tenía el sufrimiento de Monstruo. Monstruo amaba en su monte y era libre.  Aunque tal vez, en aquél entonces, algo en mí también aullaba de ausencia. Había renunciado al amor de los humanos. Había renunciado a seguir en aquellos mares y en arriesgar mi canción. No me dolía la soledad, porque era mi zafarrancho. Pero tal vez, también era mi presidio. Aunque yo no lo supiera.  Tenía dentro una piedra ensangrentada, aunque en el monte, era un rubor de Fauno y del misterio de la noche. Mi aislamiento me hizo tener visiones y experiencias extrasensoriales, hallar la plenitud en el canto de la tundra y del sol, estremecerme con el petricor, sentir mi pulsión sexual unida a las flores, a los ríos, a la lluvia, tener orgasmos poéticos ante lo inmenso de la naturaleza. En aquél entonces yo era asexual. Porque los humanos no me causaban deseo. Sólo el Fauno. Al encontrarme con Yos, cuando yo estaba tan dentro de lo místico, tan afuera, de lo humano. Mi corazón explotó como una bomba nuclear. Y entonces, empecé a vivir en el Ensueño. Mi psique no podía aceptar que Yos era un hombre. Mi psique, se fue muy lejos dentro del Bosque y Fauno dibujó con magia, a otro Yos dentro de mi Ensueño. Y en mi Ensueño, Yos y su familia, había venido a buscarme de parajes lejanísimos, y me miraban desde Fauno, y entraban en mis Ensueños para ayudarme a ser una guerrera y navegar mucho más lejos el fragor del Infinito. Todo esto sólo ocurría en mi Ensueño. Porque Yos, era en verdad sólo un hombre. El cuento de mis ensueños, el regalo de Fauno, representaba mi herida, toda la soledad y el hambre y la ausencia de amor que yo había tenido. Mi coraza. El odio que tenía a la civilización, al capitalismo, a la psiquiatría, a la policía, a la patria, a los cuerdos, a la gente de mi pueblo. El mordisco que yo tenía en el corazón. Y en ese Ensueño, yo ataqué con violencia a Yos, para defender a Tigre. Y peleaba enlunatizadamente el pavor a que alguien me tocara y me amara. A la vez que me estremecía recien nacida a un deseo que se bifurcaba como una batalla apocalíptica en mis ensueños.

Cuando volví de mi Ensueño a la tierra. Y empecé a conocer a Yos como hombre. Mi soledad cambió magmáticamente. Ya no sentía el mismo bosque en el bosque. Me enfrenté con mi yo humana, con mis sentimientos humanos, con mis vivencias pasadas y mis deseos y pasiones y camaraderías y juegos y alegrías de mono y mis trincheras y retaguardias y nunca más, mis ataques de hedonismo y quema de Troya, mis antiguos vicios y piromanías y navajas. Aprendí a amar a Yos y  a desamarlo. Viví durante un tiempo de forma oblicua, con Lobo, con Cuervo, con la antagonia de Tigre, con el amor como un brujo uniendo ambos mundos en un segundo que nunca se quedaba, con el horizonte separándolos de nuevo. Con el estigma del exilio. Con las cosquillas del beso de los neandertales. Y amé también a otros hombres que tocaron muy hondo mi alma y apaciguaron mi desangramiento. Y fueron magos que pudieron amarme mucho mejor que Yos. Y descubrir el amor de forma menos abisal para Alicia y más certera e integral y espiritual.

Y ahora,  no sé bien qué traerá el persignar del Bosque. Pero sé que es momento de abrir mi coraza.  En el viaje de mi ensueño de aquél verano que conocí a Yos, mi coraza y mi herida, influyó negativamente en las odiseas y batallas, me provocó delirios y conexiones erráticas, aunque esos viajes como son cuánticos, también desvelaban la matriz y el fuego del corazón, al beso del Bosque. Pero ahora es momento de hacerlo de forma consciente y clara, deslizante y armónica. Pisando y honrando la madre tierra.
Hoy hablé con él. Su voz era amor. Él a veces se parece a ese navegante, al que aman todas las olas del mar en su pecho y todas las playas, son su alcoba. Pero ese embrujo, no es para mí, él lo hace con todas las mujeres, con todo lo que le rodea. A veces me celo de la luna, cuando brilla en su espalda. Me celo del fuego cuando refleja en sus pupilas a Fauno. Aunque yo soy como él. Amo a todos los hombres con la selva. Juego con los tirabuzones de astro, junto a todo lo que tiene vida, música, capacidad a amar y a estremecerme. Cada día lo quiero un cráter más de la Luna. Y sin embargo, los dos, nos damos la vuelta cuando el horizonte anochece y no nos hemos conocido todavía. Algo en nosotros nos ha vinculado en el fuego, nos hemos querido con la coraza y la retaguardia, los dos teníamos una guerra pendiente con el amor de Fauno. Y nos espejábamos en la guerra. Y nos hacíamos daño y motines y no sabíamos darnos la mano en el abismo ni tocarnos el corazón, nos cerrábamos los dos con nuestro lobo. Y nos quedábamos callados como un pielrroja sin intervenir en la pelea mortal de los chacales. Viajamos juntos mucho por Comala y el averno. Ofendimos el amor juntos. Ofendimos a la poesía, al firmamento, a Fauno. Aunque en realidad, éramos Fauno. Éramos hijos de la mar. Heridos por la distancia de la mar. Por el aullido mortal de la belleza. Por el amor que nos hacía sangrar a chorros versos y absenta. Por el frío de Cuervo. Por nuestra coraza. Y cuando ya tan enllamados de la deriva de no ir a ninguna parte, sin buscar el amor ni ninguna otra cosa, sin darnos cuenta, al fuego del presente, Fauno nos amó y se abrió la coraza y reímos y nos amamos de verdad con el alma. Y eso me ha vuelto una niña asustada. Porque no sé todavía vivir sin mi coraza. Sobretodo con él. Que siento que todo es una pelea del amor de los Tigres. Un acecho de brujos. Un juego de dados de un diañu. Un mechón de la Osa Mayor enyerbándonos del dadá. Los dos, nos hemos sido infieles de una o de otra manera. Los dos hemos destruido el compromiso, la sensatez, el llegar a buen puerto, el ir juntos de la mano, el creer que podríamos amarnos de verdad. Los dos, hemos visto y cantado, mil razones para alejarnos del otro. Y aunque nos amáramos. Lo que hemos sabido, nos hizo escépticos y animales. Y no sé cómo podremos ahora, escribir nuevas reglas y retractarnos de lo que juró Lobo.
Estuve en la playa con el perro. Me conecté con el sonido del mar, cerré mis ojos y expandí mis sentidos para sentir a la mar mientras imaginaba su visión en mi interior. Me concentré en esas sensaciones abstractas que echaban el vuelo. Dejé que mi mente fuera el devenir de la mar. Y sentía que la mar estaba en todas las direcciones y durante un rato un arrbato cuántico y hermoso. Volví a sentir el arrobo de la libertad. Aunque me di cuenta de que aún tengo una coraza para cabalgar de verdad el amor de Fauno. Comprendí que muchos meses de atrás, ocurrieron con mi tristeza. Con mi piedra sangrando en mi corazón. Y al sentir que me rozaba Fauno, me inundó extrañamente una nostalgia de haber estado tan lejos y a la vez el deseo de avanzar mucho más intenso esa sensación, de soltarme. Recordé instantes de felicidad del alma. De paz de espíritu. De belleza y de amor. Y aunque venían en forma de recuerdos, algo de sus vibraciones se alojaban también en mi presente, mientras jugaba a callar la mente, a pensar a través del corazón y no de la psique.
Ahora comprendo desde otra geometría de la mariposa el sueño del incendio. Mientras en la superficie de la casa todo seguía un relincho más o menos errático pero vital, desde el sótano se veía el incendio que había sido creado en esos movimientos. Como el nigredo de mi coraza. Mientras yo actuaba bajo el hechizo de mi coraza sin ser consciente de ella, sentía que estaba cantando la vida y el poema. Pero desde mi sótano, sangraba despiadamente la piedra que encerraba una y otra vez mi corazón.
Mi coraza, hace que mi nigredo se ponga a la defensiva.. Mientras yo me acorace, mi nigredo crecerá en mi inconsciente. Y habrá zonas de mi psique, independientes a mi voluntad y a mi conciencia, porque están siendo reafirmadas a través de mi coraza, en las vibraciones subterráneas del envés. Mi nigredo piensa que los humanos son un amenaza, que yo soy un bicho sin semejantes, y que el amor es un suicidio. 

Cuando estoy con Yos, mi coraza,  me hace dar un paso hacia atrás cada vez que él da uno hacia mí. Me hace también, poner entre él y yo, una fuga de la bruma y de la indigencia. Un perro de diógenes. Una botella de whisky y de cinismo. Lujuria, hambriología de marte. Animalidad. Y un pavor imamántico a los sentimientos desnudos y a la delicadeza de nuestras almas frente a frente.

Mi coraza está cargada por los abismos y heridas y desengaños y rencores e injusticias y tormentas eléctricas que conocí y que extienden la sombra de la bruja. La vieja enemistad entre Lobo y lo humano. La retaguardia. La curvatura despótica de la utopía de lo solitario. Y cientos de poemas que escribí junto a las ratas y que me hicieron en su día psico-brujería del fragor de lo marginal y del adiós. Escribí demasiado contra el amor, con el nihilismo dándome una nueva carne.

Y todo aquello, fue embrujándome mi coraza por el ideal del blues de los callejones.

Hace unos pocos días, mi coraza tuvo una brecha, a través del amor que sentí junto a él. Algo aulló en mi pesa-nervios. Y después del beso del Edén y esa lágrima de sirena, tuve miedo y hubo un movimiento violento de mi jauría hacia volver a acorazarme. 

Mi camino ahora, es deshacer esa coraza. Deshacer lo que yo misma alimenté en el nigredo. Lo que acordé como inamovible en los subterráneos de mi inconsciente. Mis miedos y guerras y odios contra mí, mis rencores y rabias y exorcismos de hambriología de marte. Mi miedo al amor. Mi forma de sustituirlo y esconderlo en la hambriología de marte y el cinismo para que no me quemara. Mi miedo al rechazo y al abandono. La navaja de Franquestein. Mi infidelidad como tótem protector.  Tengo que atreverme a llegar recien nacida al instante presente y que mis vivencias pasadas no tapen las estrellas ni me alejen de Fauno. Que mi mente no me haga una tiranía. Que mi inconsciente no quiera matarme otra vez sobre las tumbas que conoce. Que se muera el rey de la psique. Y viva Fauno.


Cuando oigo su voz por teléfono. Viajo miles de años luz, en la agresión de una semilla dentro del cráter de la luna. Es un hechizo que no me ocurre cuando está conmigo. Cuando está conmigo, a la mitad estoy disfrazada y acorazada por un perro. Y toco la armónica de Diógenes. Y dejo por si acaso, una taberna promiscua y sin rey invitándonos al mezcal de los que nunca serán nadie ni tendrán un amor, ni una tierra, ni dios ni amo, sólo la mar. Pero cuando su voz irrumpe, en la fuga derivacionista de mi soledad y de mi éter. Me exalto, como si él fuera el único hombre de la tierra, el único amante, todos los poemas. Y entonces, me siento una niña descubriendo por primera vez los rayos del Sol. Y me precipita una extraña intro-extraversión que explota amapolas en las carreteras incendiadas. Y ya no sé nada de lo cierto ni de lo falso, ni de lo posible ni de lo imposible. Y lo amo.
A veces, traes el olor del cerezo, entre las olas. El beso del chigre que me seca la nieve cuando hace frío. La algabaría de los cuervos que tatuan sus huellas en la playa del aire. Y te vienes, desde el púrpura del atardecer como un canto que trae un nuevo comienzo.

Antes no era así. Alicia te apartaba en su búsqueda, como si tú fueras el diablo que la hacía olvidarse de Fauno. Eras entonces mi perdición. Mi guerra. Mi droga más querida. Mi error que una y otra vez, saltaba al vacío de la desnudez y el fuego. Y un día, sin saber cómo, en medio de nuestro infierno, Fauno bailó amor y un resplandor del Bosque. Desde entonces, te quiero cuando estoy sola. No todos los instantes. Pero a veces la mar hechiza tus ojos en la bruma y me estremezco de quererte y sueño y me dejo atrapar por esos pájaros extrañísimos que picotearon junto a ti, el Edén y el río del olvido. Y un duende, salta entre mis costillares, un mar profundo y salvaje, que en la línea divisoria de lo incognoscible te ha querido todos los mundos.
Tengo que cambiar mi relación con el inconsciente. A través de la creación de nuevos paradigmas e inventarios del sueño. Porque somos un Sueño. Con el trance de ayer, comprendí que yo a veces me ponía muy seria y dramática de lo que decía mi mente. Que una raíz endemoniada al subterráneo desentrañaba una y otra vez, la misma pelea, la misma herida. Y que era celosa de tenerme. Muy insistente. Durante un rato de mi viaje, sentí el fragor psicótico y la tentación de destruir toda esa psique que me acechaba como un enemigo tomando a mi favor que estaba en la meta-psiquis. Pero me detuve y pensé que esa era mi vieja forma de actuar y que el equilibrio tiene que ser la acumulación cuántica y no la cacería. Esa era mi forma psicótica de avanzar hacia el conocimiento. Haciendo la cacería del chacal conmigo. Haciéndolo con violencia. Y eso implicaba también odio hacia mí misma. Odio hacia zonas de mi naturaleza y múltiple identidad, separación. También represión de una zona a otra y por lo tanto el nacimiento de monstruos y de arroyos de amnesia y de gas explosivo.
Soñaba con un incendio. Ocurría en la casa que yo viví en mi pasado. En el sueño vivía allí. El incendio lo vimos desde debajo de la galería, desde un sótano, entre grietas, y subimos pero al subir no vimos fuego y nos distraimos con otra cosa y se nos olvidó que había un incendio. Después apareció gente rara y la casa ya no era mía sino suya, y se enfadó y me culpó de haber provocado el incendio. En esa galería se vio fugazmente la imagen de una fiesta y de botellas y excesos y una voz dijo, qué mala es la droga. 

Es un sueño muy simbólico. La casa, en los sueños, representa muchas veces nuestra psique.  Que yo lo haya visto desde el sótano y que luego se me olvidara, tal vez significa que en lo profundo soy capaz a ver, pero luego mi psique, se distrae y corro sin darme cuenta peligro y me olvido del camino. Que otros se hicieran dueños de mi casa también representa las zonas donde Tigre no está libre dentro de mi corazón. Y aquella mención a las drogas, creo que se refiere a la hambriología de Marte. Había rastros en el sueño que parecían hablar del pasado. 

Ayer fue un día extraño, porque jugando a detener el pensamiento, empecé a entrar en trance y a analizar mi propia mente, y me di cuenta que había interferencias de una obsesión y pensamientos que acudían al pasado para explicar el presente generando  conexiones erróneas, ese pasado en mi psique no llegaba como pasado sino como un bucle muy extraño de lo permanente. En realidad me estaba relacionando con mi inconsciente. No con esa parte de la mente que analiza y desarrolla o busca una salida y crea. Estaba escuchando el inconsciente de forma muy vehemente. Y comprendiendo mis obsesiones. El mecanismo donde empieza a crecer la bola y genera un hechizo oscuro. Traté de regresar al instante presente y a conectarme con el corazón y el Silencio. Y supe que muchas veces en mi pasado, había sido atrapada por el rubor de ese inconsciente generándome delirios y una fuga eterna a la sombra del corro de la bruja. Me costó mucho esfuerzo mantener el control y no sentirme reconocida y empujada por esos pensamientos que a veces llegaban mezclados con esterteros eléctricos en mi mente. Y comprendí que allí vive mi sufrimiento. En el reconocimiento al Nigredo, en su obsesión. Que allí también vive mi delirio. Y que muchas veces, sin darme cuenta, cuando estoy sola y no estoy escribiendo, entro en ese tipo de frecuencias subterráneas y doy vueltas y vueltas y quemo mi casa y luego  se me olvida apagar el fuego. Tengo que seguir siendo consciente del funcionamiento de mi psique, sobretodo cuando está abierto el inconsciente y hacer meditación para dejar que todo eso se detenga y crear desde el presente una nueva vivencia sin que el dolor del pasado siga enviando sus monstruos. Liberar esas conexiones no dándoles poder. Pero no debo rechazarlas con furia. Porque la represión engendra monstruos y obsesión. Debo al mismo tiempo aceptarlas y dejarlas marchar. Generar una distancia cuántica con esos ecos.

Cuando yo estaba inbuida por esos sentires y me estaban cambiando el ánimo y provocándome angustia y tristeza y la sensación de un callejón sin salida. Me habló Yos. Me calmó hablar al pío pío de cosas leves que navegaban. Y luego le dije, hoy tenía un día muy bobo, estaba entrando en pensamientos-bucle, la mente es muy tonta.... y al hablar contigo me hiciste abracadabra y se me olvidaron y ya estoy más tranquila y contenta. Él me propuso cosas bonitas qué hacer para cuando esté tonta y me hizo reír con ternura y paganismo al recordar una broma que tenemos entre nosotros. 

Mi corazón le amó. Y eso me devolvió a la tierra y al presente y a la vitalidad.

Cuando hablé con él, sobre lo de los pensamientos-bucle, no le hablé de mi búsqueda del Silencio, ni la meta-psiquis. Ni el hummus de la obsesión. Ni el desvelamiento del Nigredo. Ni nada de aquello que yo supe en el trance sobre Fauno. Traduje el grito que me estaba hiriendo de forma mundana. Y volví junto a él a una selva habitable que podía amarnos y acogernos.

Esa traducción la hago constantemente cuando se trata de lo que sé desde mi adentro. A veces esa traducción me roba la profundidad de lo que vivo. Y la forma en la que lo vivo, se vuelve un secreto. Como no expreso todas sus capas, también se vuelve mi hambre y mi obsesión. Mi doble vida. Salgo de mi adentro, jugando al beso del Teatro, del viento, de los barcos y las amapolas, de ese baile que se amarra en el callejón y juega con los perros. Pero mi mundo interior queda velado. No hay una expresión de todo lo que soy y siento. Y la constante traducción y teatro en el exterior, a veces me hace llegar luego extranjera, a mí misma. Por eso escribo tanto. Porque la escritura es el desarrollo exterior del adentro, del abstracto, de lo Inconsciente, de lo mágico.


Siento junto a la lluvia, ese derritimiento de rocas que deambulan la sal en tus ojos, cuando vuelves, cansado y extranjero junto a mí. Cuando también te hiere no tener una carretera que ésta noche acabe junto a la mar. Cuando hace mucho frío si se para de caminar. Cuando apenas queda amor. Y la luna no nos cuenta sus misterios. Yo también, llego junto a ti, febril de no haber tenido una tierra ni un amor que acabe de una vez con el pensamiento, cansada y rota del camino que me empuja más allá de lo que mi sombra puede tocar en la guitarra y puede besar en tus labios. Y entonces, paria y entera, me entrego a ti y a tus juglares viajeros de la hoguera y del duelo. Y se detiene el tiempo. Y arden las bibliotecas. Y aunque a veces furiosa, niego el amor de tus ojos, y busco lejanísimas águilas que reverberen mi corazón muy lejos de ti, eres tú, mago que quema el viento donde los dos, tan solos del resto de los mundos, nos tenemos y cantamos. Y aunque a veces, sin querer, nos neguemos el nombre con la violencia del desierto y de la llama y soñemos el amor en otro lugar, la noche afila su rosa y su puñal, entre los dos, y muy desnudos, exprimimos toda la música, el uno del otro, mientras la mar, nos quiere, así, animales que se aman, a cuchilladas y hurtadillas, a asaltos y por error y cuando no saben que lo suyo era el único amor que hoy quedaba en la tierra.
Hoy no ha parado de llover. He estado introspectiva, viajando dentro de mí tras esa pértiga de océano. Ahora busco las palabras. Cuando me voy demasiado dentro, a veces hay un roer de acantilado que te duerme canción de benceno donde nada es asible. He descubierto algo más de Cuervo, y también de los mecanismos psíquicos de mi inconsciente psicótico, de la violencia de Tigre, ante la amenaza, del aullido de dinamita de Cuervo cuando viene mal orquestado por nudos de energía que no fluye. Y de cómo muchas veces mi mente, lee con dislexia los espejos, leé devorando hacia dentro, y enviándome con efecto boomerang la espina. Y hay un error en ese radar telepático de murciélago que a veces me adhiere lo externo como una contienda interna, de mi mente contra sí misma. En esa expansión de los sentidos, Cuervo trae la información, pero la trae anudada, porque algo en mi naturaleza aún no vive en armonía con Fauno. Y eso me provoca delirios, malas interpretaciones y malas gestiones de la realidad. Obsesiones mentales y zonas independientes que se alejan de mi voluntad en el inconsciente, fantasmas. Algo de eso, está en viejas capas del inconsciente, cuando hice viajes alterados de conciencia, a través de la extravagancia del error y de conectarme mal con el bosque, de hacer la cacería junto al ego y aún no estando preparada para acceder al conocimiento. También ocurría por heridas no cerradas. Y por la lucha a muerte de mis yoes contra mis yoes. Por mi sombra suicida. Ahora empiezo a comprender la geometría de Cuervo y también su zona del Nigredo y de lo extraño. Lo mejor es que la mente no se interponga. Dejar que el corazón gestione y acceda a Cuervo.
Ayer hablé con él. Estaba contento y cariñoso conmigo. Hablamos al pio pio, como habla el fuego con el oxígeno. Como hablan la lluvia con los hartos. Fue una conversación amorosa. Pero cuando acabó, me di cuenta, que yo no estaba siendo verdaderamente yo, no estaba mi picazón, no estaba mi dadá, no estaba cantando mi surrelismo, ni la manera de amar de tigre. Porque habíamos sido excesivamente formales. Porque yo estaba traduciendo, velando, mi sentir interno, mi ser profundo. Estaba haciendo Teatro. Sin desatar mi corazón. Estaba acechando la realidad de él, y empujándome a ser un eco que pudiera amarlo. Y ese es mi problema. Cuando me olvido de mí, cuando me camuflo, cuando cierro mi muralla y me precipito al otro en forma de amor-espejo, Tigre no juega. Tigre no está alegre. Porque para que Tigre esté contento a Tigre tiene que importarle un chingo el otro. Tigre ama de forma salvaje y ácrata. Ama a través de la paradoja poética. Del danzar pielrroja. De lo pagano. Del juego. 

Éste problema, es algo que arrastré con muchos amantes. Intervinieron en ese Teatro, el tabú de Alicia, la crueldad de cuervo, y la antagonia que luchaba desiertos de fuego en mi corazón. Mi pánico al amor. Mi pasado de Franquestein y mi duende psicótico y gaseante. Las malas pulgas de mi lobo y mi ansia del amor. Muchas veces me olvidé de mí para amar al otro. Todos esos ingredientes de mi psique, me hacían sentir un abismo, a la hora de desatar de mi corazón. Y sólo sentía que se desataba junto a los desvaríos de mis perros de diógenes, que preferían el amor de los chacales. Porque Tigre, ama de forma salvaje. Yo antes no entendía a tigre. Creía que tendría que convertirme en vete a saber qué mujer que nunca conocí para amar al hombre que amaba y que él me amara a mí. Y eso Tigre jamás lo permitiría y enviaba a Cuervo para defenderme. Mi pequeño monstruo aún no había conocido a nadie.

Pero Yos, sí conoce mi pequeño monstruo. Alguna vez le pegué con él. Alguna vez derramé todos sus ladridos, como el todo o la nada, en su cáliz de mezcal y de fuego, en su cuchillo, en su nunca más, en su beso. Alguna vez fui todo lo que Yos odió. Y llegué a su desnudez, convertida en una bestia. Alguna vez, destruí nuestro amor, ebria por de las luces de san telmo. Alguna vez apreté el gatillo en mi sien y en la suya. Y Yos, quiso a mi monstruo y le hizo cosquillas. Y aunque mi monstruo a veces desconfie de lo que ame de verdad y muchas veces prepara motines y sabotajes para ver hasta dónde. Mi monstruo lo hace de forma inconsciente y embrujada. Pone a prueba al otro y a mí misma. Quiere que amen su esperpento en toda su anchura. Quiere que lo amen incondicionalmente. Quiere que conozcan toda su oscuridad y que la iluminen con los rayos de la luna llena. Todo éste tiempo también aprendí a conocer a mi animal y a comprender que él tenía a veces que frenar y ponerse en el lugar del otro. Yos también tiene una bestia llena de dinamita. Y nuestros animales, cuando están juntos, aprender a encontrar a Fauno en el infierno. Y a amar. Porque los dos, teníamos la misma herida dinamitada contra el amor.
Ahora, experimento una metamorfosis, desde lo que estuvo todo éste tiempo unido a Fauno, aunque mi ser anduviera medio ciego en la atención de la antagonia. El poso de la paradoja poética, siempre nos formuló cuántica en todos los instantes que vivimos. Las palabras no saben ser fieles a la complejidad de lo que somos y de lo que hay. Porque las palabras sólo acarician la superficie. No saben ser testigos al Silencio de Fauno. Porque en el momento en que ellas están, Fauno se esconde. La poesía puede sin embargo cantar a Fauno. Pero tampoco puede tenerlo. Y aunque las palabras no puedan narrar la realidad, para nuestro inconsciente, las palabras ejercen un hechizo de imponderables. Son brujería. Hacen anclas en nuestra conciencia, pueden levantar muros y presidios, pueden darle mucho poder al nigredo. Pueden firmar acuerdos del rey del inconsciente que nos dificulten su urgente asesinato. Los indios, sabían vivir junto al Silencio. Ahora soy consciente, de todos los líos en los que me metieron mis palabras. Sobretodo cuando estoy con humanos. Cuando estoy con humanos, soy puro Teatro. Y mi ser camaleónico, a veces, enciende una vela a dios y otra al demonio. Hago literatura sobre mi mundo interior. Y al abracadabra me convierto en esa literatura. Ahora sé que para que Tigre esté contento en mi corazón, es urgente, que dance el murmuro del silencio en ciertas situaciones donde cuervo tiene hambre. Es urgente que mis palabras defiendan el amor de Tigre. Aprender a gestionar las situaciones de conflicto y de violencia, en el tambor de Fauno. Aprender a jugar. Y que no sea un drama. Y que yo no me enfade y traiga a cuervo ni mi lobo quiera quemarlo todo. Aprender a deslizarme.
He escrito mi sueño en un cuaderno. Me conectó con un primitivo sentimiento de inferioridad, algo que estuvo marcado en mi infancia y en mi adolescencia, hasta que tuve una metamorfosis espiritual a los 15 o así. Yo me sentía mucho más pequeña y fea que todos los otros. Sentía a aquellos que amaba, inalcanzables. Me sentía un bicho. En todos los otros, veía la belleza y en mí veía a Franquestein. Durante unos años, yo había perdido la conexión con mi ser profundo y lo buscaba desesperadamente, sin saber nada de la vida. Ese sentimiento creo que me siguió en el inconsciente muchas batallas. El libro Demian, de Hesse, fue muy importante en aquél entonces para hallar una reconciliación en mi interior. También El Lobo Estepario. Y otros libros de poesía, de filosofía. Nunca me adapté, al rugido de la gente de a pie, de mis amigos de entonces, ni del futuro del que nos hablaban en el instituto ni me sentía parte de lo que mi alrededor amaba y seguía. Creo que cuando hay una brecha en la infancia, esa brecha, se vuelve, una pistola, que puede convertirse en un don o en una perdición.  Últimamente en  mis sueños aparecen personas de aquella época. Aparecen códigos que dieron comienzo entonces. Algo de mi psique, quiere guiarme a un eslabón perdido de aquellas primeras metamorfosis y naufragios. Porque también perdí muchas batallas entonces. Creo que mis sueños quieren ayudarme a desencriptar la zona de mi inconsciente donde todavía acuerdo mi condición de monstruo. En aquella época, yo era camaleónica. Aprendí a no compartir mi verdadero ser con nadie y a ser puro carnaval. Pero lo peor, es que adquirí la capacidad de no comprenderme a mí misma en presencia de humanos. Aprendí a hacer un tabú mis sentimientos. Aunque luego hubo otra metamorfosis, más punk y sanguínea de la verdad irretornable del hachís, donde yo expresaba la bravura de mi mundo interior. Y fue entonces cuando la brecha me llevó al Infra, y destruyó todo lo social. Porque en aquellos arrebatos de mi ser profundo, siempre me encontraba con la incomprensión y la distancia de una guillotina.
Estoy atravesando un cambio interior.  Nace, en la erosión del silencio, en el susurro de la mar, en el rubor de mis sueños y de mi abstracto. Muchas veces, la psicosis, en realidad es un viaje espiritual, chamánico, y hay muchos prejuicios culturales frente a las experiencias inusuales, y a veces hay represión, castración, humillación y maltrato a aquellas personas que están atravesando la metamorfosis. En otras pueblos más cercanos a la naturaleza salvaje, hay una comprensión mayor del ser profundo y la manifestación de fauno y hay un respeto a los arrebatos de lo incognoscible. En una sociedad capitalista, Fauno es un enemigo, porque la conciencia es el enemigo del capitalismo. Por lo tanto, hay una quema de brujas. Y la nueva santa inquisición, es la psiquiatría. 

Para mí tal vez sería más fácil compartir mis experiencias, mis sensaciones sobre lo inefable, con personas que busquen a Fauno, que sientan el otro lado, que hayan conocido el infinito. Con personas que tengan sensibilidad y respeto a la cuántica y a lo desconocido del otrx y a lo extraordinario que rodea todo cuánto existe.

Pero como no es así. Voy disfrazada. Busco a solas a Fauno. Tengo una zona de mí, que desconfía de la gente, de los prejuicios de la gente cuerda. Y por culpa de eso, a veces camuflo lo que verdaderamente siento y vivo. Hago una traducción. Me hago literatura comprensible para las nociones mentales del otro. Eso debilita mi lenguaje interno a veces y me hace sentir una dualidad que enfada y entristece a Tigre. Para evitar la tristeza de Tigre, tengo que respetar a Tigre con mis palabras y evitar que mi disfraz ponga en peligro a mi alma. Cerrar la puerta del éter de la despersonificación. Y mirar hacia Fauno. Hacer psicomagia con las palabras que expreso en voz alta. Y quitarme el miedo que quisieron inocularme por la fuerza.


Hoy ha sido un día raro.  Estuve introspectiva, entré en un trance importante para mí y díficil de explicar que tenía qué ver con las ondas espejo entre los humanos. Y cómo equilibrarme hacia mi propio centro sin que la otredad pudiera invadirme e intervenir hasta la violencia de Cuervo en mi psique. Comprendí que todo éste tiempo tenía una puerta de la sinestesia abierta. Y también pensé en la importancia del Silencio para detener el continuo reconocimiento de mi mente a sí misma y fluir lo infinito. Todos tienen una fuerza interna que va hacia adentro. El problema es que culturalmente, vivimos muchas veces a través de lo superficial y dejamos completamente a solas a nuestro ser profundo. Aprendemos a relacionarnos con lo exterior del otro, en lugar con el Fauno del otro. Juzgamos al otro en nociones e ideas mentales. Y nos juzgamos a nosotrxs también por las obsesiones y cajas archivadoras de la mente y todo su ruido y gérmenes externos y culturales y patrios que nos inoculan en nuestra infancia a través de la domesticación. Para acceder a lo profundo, es preciso, dar el salto al vacío de lo desconocido y del fuego del Silencio. Y comprender que todos tienen su propio Fauno.