HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora la suavidad también de mundos desaparecidos enviándote empapados pinceles del hollín y del salitre donde no importa que no devuelvas ni el aliento ni el vino. Da igual que todo lo devores o seas un puerto con absenta. Al final eres en mí, la proyección que el hueco de la luna quiso que fueras. Nunca pedí nada y tampoco en tu sepulto, ni ciega en los bares con tu nombre en el Leteo. Lo deje así.. hambruna de literatura, desdén de whisky, fuego de mar. Porque nunca vine arrastrando historias ni me crei capaz a salvarme. Y mucho menos en los ojos de un hombre. Mi destino no acababa en otras vidas, ni la otredad podía contener los volcanes de la estepa. Fui arlequín y vagabunda. Fui un teatro sin butacas, con la pólvora del 36 atormentando mis huesos.
Hoy estoy muy cerca de todas las distancias. La luna sigue brillando en la noche. Los lirios mastican ciervos en mi alma. El camino es helio. La casa es el espíritu de un perro. Prometo mi pobreza a todo lo que sabe mi nombre. Mis motivos para vivir son extraños, irracionales, apasionados de algo que nunca comprendí. No me hace levantarme, ningún sueldo, ningún plan entre los humanos. No tendré hijos, mi testamento es de los peces. No llegaré a ningún sitio, ni tendré gloria y en mi tumba tal vez sólo se acueste a llorar un perro y un cacho de luna. Y no quiero que sea de otro modo.

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