HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora me abro una cerveza, brindo con la nieve... y con el crotorar de los escenarios.. el inmenso gozo del vivir.. sin tener el control sobre nada. La historia es ser como el helio. No hacer pensamiento entre las tumbas ni entre los paraisos. No tener ningún sistema de valores. Ninguna necesidad del objeto amado. Si escribo poemas que me la sude el poema, sólo ha de penetrarme el ansia de la poesía, nunca el producto, nunca el destino, nunca un rostro que le devuelva la mirada a mi enervante ausencia. 
Siempre hay una bala que viene hacia nosotros. Algo que tememos como el cielo cayendo sobre la cabeza de Obélix. Algo que nos mantiene el cuerpo atado a la vagina de la muerte. Como fichas de dominó sometidas a la mano negra del cosmos tirándonos y mandándonos al pairo del éter a cantar los naufragios y calaveras. Yo tengo un temor infinito a cientos de cosas que me muerden manzanas de etanol en mi alma desarmada. Y precisamente por eso... persigo al fuego con locura. 
El dolor se produce cuando las palabras le ofrecen un argumento, cuando lo dejan ser dentro de su jerarquía, cuando lo nombra el corazón derramado en medio del desierto. El dolor es también tener ojos y ver a los verdugos capitalistas destruir y prostituir nuestra tierra. Pero ante cualquier tristeza, hay que luchar con la magia del éter, con la vanguardia de lo incognoscible. Es ahí donde nacen las incontenibles revueltas. Cuando nuestros fusilados se vuelven mariposas de dinamita en busca del fulgor y de la más inmensa libertad y venganza de los avasallados.

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