HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora me inclino hacia el fuego del abstracto... de los besos de esquimales entre Fransquestein(s).. los esqueletos de las brevas en el fondo de tu vaso, el rayo de la luz clandestina derritiendo tus gafas en mis diarios y robándote del tango y del cuchillo. Ahora me doy al confinamiento entre perros, cuando esperamos la nieve y que sea la mar la que acabe la frase. Soy advenediza de todo lo demás. 
Los hombres a los que amé son la masturbación de una amanita en un viaje a Venus, y ellos no eran portadores ni destinos, ni en el camino ni en la canción. Ellos como yo, sólo navegantes y tramposos. Sólo heridos de muerte por el mundo que aún no había nacido. El viaje me lleva al corazón de los perros y no a una casa con columpios, ni a una nómina, ni a un muérete conmigo. Las heridas nos enseñaron a pedir más vinos y menos explicaciones. A cantar más desafinadamente y no a esperar un sentido ni una Obra. Los fracasos nos hicieron mejores personas, con menos quimeras y menos mentiras. Nos fuimos descapitalizando de la cultura y sus prisiones a medida que nos quedamos solas con la mar en la cintura, con las manos vacías alzando hacia Berenice, la vida y todos los sueños. Nos hicimos parias cuando abrimos los ojos y vimos que la venganza de los lobos tendría que llegar para que los valles volvieraan a ser navíos de fuego.

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