HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora resuena un silencio... de la solidez de los puertos del invieno entre tus brazos de aire. De caminos bifurcantes acariciando tu infinito en palabras retorcidas entre diarios y valles abiertos a todas tus soledades, como madres y posos de vino. La tarde palmea la indiscrección de tus habitaciones goteadas en ese colchón de maíz cuando nos creíamos inmortales. Y hallo en la guitarra de tu vino, doscientas vueltas alrededor del sol, mientras los gigantes son pigmento de tiza en las manos de una niña pirómana adicta a subir trenes que nunca vuelven a casa.

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