HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer fue una noche rara... mi inconsciente se llenó de trampas... algo subjetivo de un corte en el sumidero del lenguaje, algo inconveniente e incómodo.... de alguna obsesión de pañuelos de queroseno en las lágrimas de tierra removida.. de esa impostura enamorada. Todavía estoy en algún lugar donde mis huellas no se posan en la tierra.  El monte está muy hermoso... tiene una mística de una crueldad del tiempo y un infinito en la extensión que no se quedará en la palabra. Al mirar la nieve y el horizonte entre esos colores ocres y rojizos, en ese verde que parece que ha estado ardiendo toda la noche hacia el hollín de los tuétanos de una margarita.
A veces soy neurótica.... me obsesiono con canciones de hojalata. Me obsesiono también con Kavka, con un temor a que le ocurra algo... y sé que hay que tener fe perruna ante el viaje... hay que recuperar la inconsciencia del viento y de las jaurías volviendo hacer suyo cada gramo de tierra. 
He puesto a sonar a Paco Ibañez. He abierto la ventana para que salga el humo del tabaco y no intoxicar al perro, ahora duerme. Yo sigo yendo a alguna deriva... quitándome vestiduras en los lagrimales del barro... desconociendo la anchura de lo que miro. Andamos siempre bajo algún lío desentrañando metáforas que se cuajan en la complejidad de sus volubles... y tejen un cierzo que también sobre tus dedos en el teclado del piano... levantan esa letanía de tu beso arruinado en los pozos.... tan lejano del lugar al que caminé con el oleaje sobre tu guitarra. Tan perdido ya de la mano que se abre en la maleza y aprieta en la luna las palabras de amor que eran tuyas.

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