HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

conocías la medida exacta de mi olvido
abusamos de la amabilidad del vendedor de humo, cuando íbamos robando de las habitaciones alquiladas ese contestador automático que siempre daba las 12 del mediodía, y el sol entre tus dedos tostaba mis ganas de desaparecer con ríos cristalinos en la luz del eterno retorno de los salmones
nos perdimos como una explosión nuclear del amor que sujetaba la mano cuando el suelo se resquebrajaba en la oscuridad de un cuchillo
no dio tiempo a llorar porque había que dedicarlo todo a sujetar la luna y a no morir

un día, ocho meses después... te vi mirar la nada sentado en un parque... y no quise que me vieras porque me sentía también la guadaña del vacío... pensé que las palomas podrían secar la sangre mejor que yo

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