HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cruzar las abstracciones de las obras terminadas sobre la siderurgia de paredes y caracolas. No abarcar los brazos de la ausencia ni los del vino tinto.. dentro de ese cuchillo de luz convexa negándote los participios del camino cuando las huellas son animales enloquecidos detrás del viento y de las naves que arden.
Y hoy suena la profundidad del silencio que la nieve multiplica en el espíritu de los jabalíes, esa belleza dislocada cuando las palabras no rozan la arquitectura del fuego que las hizo nacer.
Todo es muy raro.. entre la carencia y la maquinaria de las estrellas... entre el aislamiento y los bares desbordados de corazones de etanol y cantos murciélagos cuando la medianoche es tu madre. Las palabras nos van llevando al extremo del vacío, y su retorno sólo es literatura. 
Tengo que disfrazar al argumento paralelo del dadá, en cada gesto material de los bodegones en mi carne y en mi carencia. Soy atea por imposición de la digestión del coñac y de la atracción de la curva de la ruta.. esto me pelea con el hueco placentario de la idea de la existencia y del incendio, dando vueltas de molino al cóctel molotov y al enjuague del hachís sobre los cuerpos abandonados de historias imposibles.

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