HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Echo ya de menos a Kavka, sólo he visto un puñado de fotografías de él, tiene una mirada triste y profunda.. tiene olor a agitación de montañas en latidos de evanescencia.  Cuando estoy en el pueblo... la casa se desborda sobre sus propios márgenes y hay alguna grieta por la que me entra todo el frío. Con Kavka no ocurrirá eso. Un perro es una granada de mano para hablar con la noche. Un perro es la mayor complicidad con lo abstracto en el espíritu salvaje y nómada. Yo siento que sólo él podrá curarme el corazón. La afectividad que se alza entre los perros nos vuelve indestructibles ante las sombras del espanto. Una alegría primitiva, insobornable... la desnudez entre animales galopando los laberintos con una sonrisa de éter y una espada de cartón. 
Cuando yo era niña... iba a abrazarme a todos los perros que veía. Y recuerdo que en la casa de mis abuelos paternos.. entre el rebaño de ovejas, había dos inmensos mastines, La Frida y el León.... yo me subía a sus lomos como si fueran caballos y ellos me llevaban por los prados y me salvaban de todas las muertes. Sentada sobre ellos me sentía la última superviviente del mundo cantando el humus de las estrellas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario