HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El retrato de ese hollín endémico desfigura la casa del sentimiento y abre pasillos y habitaciones donde se desata el animalario, la lengua de mercurio, la impostura de la sombra, el residuo cuántico, el poro abierto sobre el espejo líquido de un escalofrío que no se mantiene en una moral ni se acoge sólo entre el lenguaje. Por eso ya no es de fiar lo que es definido entre las palabras, ni lo que las utiliza para prevaricar un argumento y un destino.
Por eso ya no puedo hablar del amor, sin hablar de los campos estercolados por la helada negra.. o ese puño de vid ensangrentado por lo que la ausencia dejó en el tiempo.. abriendo la grieta de una insaciable caida al vacío.
Porque vivimos detrás de una telaraña metafísica de prisiones e intemperies. La cultura y los monstruos de la sociabilidad inoculan una quimérica identidad en el yo, y las palabras la perpetran hacia cuadrículas y muros. Pero en la raíz de todo, habita el éter y la salvajidad, algo que ofrece otro ojo y desarticula las quimeras y fantasmas de la razón, aunque a veces para esto usa el dolor y la desesperanza. Porque el dolor nos usurpa el lugar donde nos sentíamos a salvo, cuando ya no acepta la mentira del lenguaje. Nos enfrenta a la nada, al suicidio de un yo, al tormento de sueños desvalidos en las espadas indigentes.

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