HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

entre la hiel y el enverdecer del hielo recorriéndote en la arista de un papel vacío mi boca muerta del olvido del lago en tu jeringa
mentir cada noche el despensario que remueve mi lágrima y tu cuchilla de afeitar en medio de la intemperie no yendo a ningún sitio, atormentando en la ventana viejos nombres proscritos por la amenaza del fuego en el soplido de la materia orgánica sobre las antenas que sintonizaron la ausencia a las caderas que rompían sepultos bailando borrachas la luna llena

eso no tiene qué ver conmigo... desconozco dónde van sus heridas, dónde recogen sus párpados mi soledad que la niega... acecha en la noche un redoble de desnacidos que toman tus labios como una limosna y rompen esos platos la canción que afeita mi fiebre en la vagina de la penumbra.. seguimos, es díficil mantenerse en pie, pero una música nos llama, dentro del espectro del lenguaje donde ningún pronombre viene a manipular el espanto, donde no se acoge como vestidura ni como vertedero, donde  la soledad se confunde con el viento arruinado en la posibilidad de la siguiente flor y esas huellas caen como granizo y como bombas en la oblicuidad de una imposible senda, mientras suenan esas sirenas y el debacle no deja parar, no puedo mirar atrás, no puedo quedarme sólo llena de miedo rodeada por la ginebra, la soledad es profunda y me lleva a habitaculos donde nunca pude reconocer ninguna humanidad ni el amor de una mano entre mis magulladuras.. en esa mezcla del poema y de los crematorios... sudando el camino del chamán donde no llegaron noticias...

y ese regalo que ofrecieron las lombrices de la tierra desvelaron en la maquinaria de una afirmación abrirse las heridas de mi antebrazo como si fuera a bombear al fin el fuego una dirección

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