HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

es la jeringa rota en el suelo
de una quimera a la que en sacrificio y en desesperanza se le entregó demasiada sangre
delirio de una vehemencia imposible de llegar al verbo-hueso y dorar la carne cruda con la ensalivación de lo destruido o lo llegado

y hoy lo sé con el vómito de la tierra en el rumiar de la lluvia
porque digiere el peyote tu epístola pegada al suelo, demacrada por un viaje sólo de ida, a la carnicería del circo de los sentimientos

confundí el tuyo y el mío en el colchón de esa habitación alquilada
lo mezclé con trampas de tormenta y de marihuana, hacia el nombre de la nieve sobre las bicicletas, de una guarida en medio del infierno
mentí por ello, el desagüe del poema y mis labios exprimidos en el whisky de tus noches, tatuando en tu piel muertos primitivos que hoy volvían a yacer la luna en retórica
mentí la abrasión del fuego, para convertirte en la épica de alguna desgracia que nos devolviera a los dos un cuento para seguir engañando a la nada, para camuflar la soledad entre supuestos sentimientos de infinito
mentí a mis palabras y a los cuchillos, herida por la miserable necesidad de un amor que fuera más grande que la muerte

y todo eso acabó en un cubo de la basura
conmigo disfrazada de payasa bebiendo mala ginebra encima de la tapa
golpeando mis piernas en un swim de espectros
como si me columpiara sobre tu carta suicida
como si pudiera asirte con mi sombra desangrada

y sonó esa canción
las paredes giraron 180º sobre tus huellas dactilares
muy dentro la literatura seguía fingiendo que había un motivo, que eso era importante, que determinaba algo en mi vida
como si pudiera escanciar alcohol de tu olor a muerto
como si mis cadáveres allí tuvieran unas circunstancias que pudiera solemnizar el hachís o el verso

pero en el fondo, sólo era la anemia compartida por armaduras abandonadas en la herrumbre

era el tráfico de influencias de un puto carnaval buscando un verdugo entre los espías y entre los amasacrados hijos de la derrota

era la soledad dándose a una orgía
era el miedo
era el vómito de lava de un anacoluto
era el cuervo rompiendo la máquina de escribir
y las lágrimas de queroseno de la vieja espantando a las bestias con suspiros de luna

era la razón para apretar el gatillo y que ninguna sombra se quedara a recoger la porquería

era la náusea, la pobreza, la mierda del civismo creyendo que también yo necesitaría amar y ser amada.... era el leteo del calambre de las costillas ensuciando una partitura con olor a goma quemada y mercurio desnutrido

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