HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Esa zona oscura, furtiva, contenida en la lava del espero, en el bordear de los rencores, en la noche diluviada sobre el papel vacío de tus escritorios de champán y cocaina. Cuando daban las horas y todos andábamos volados por los aires.. atravesados por el viento de los agujeros. Cuando el laberinto sacaba sus disfraces y violentaba el carnaval del extremo, usando pliegues-común denominador del yo y de la nada... y nos dedicábamos a sacar las piedras del pozo y a pelearlas sobre el rostro de las certezas de la palabra. Cuando nos hacíamos daño.... entre calendarios y albunes de fotos, codiciando un licor catártico del sótano de esas bestias reprimidas campeando entre el lodo.. la magulladura de la tierra en el pecho.
Y luego también era absurda la decodificación de las señales y de las cadencias, en una desbordada pasión de un golpe que nos hacía el otro lado del silencio comiendo el corazón de los cipreses.
Pasaron muchas cosas estos últimos 3 años. Y no soy capaz a asociarlas en mi historia ni en mi identidad, se grapan en los poemas, se transforman, se reproducen y mueren, en la obsesión de las metáforas y a mí sólo me dejan un residuo incandescente de movimiento y vértigo, como haber chupado una guitarra eléctrica de la luna, haberse soltado en la jauría y en los sepelios... y serrar las paredes entre los brazos de los osos.

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