HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

 Ahora ésta hora de la prevaricación de los espectros del valle, en grietas enardecidas sobre ojos furtivos que amainan el cielo roto entre pigmentos y hollín de alba, alejanada dentro de tu vino, las cien nostalgias de un nombre entre los muertos.
Estoy contenta porque he sulucionado las contrariedades "políticas" para traer un perro. Y me hace mucha ilusión volver a tener un vínculo con ellos.  Además cada vez me siento más separada de los seres humanos... y algo en lo afectivo, en la transparencia de la selva y la sinceridad del espíritu, la lectura de lo inefable y la complicidad que sólo se da con los perros. Cuando era niña iba a abrazarme y a mordisquear a todos los perros con los que me cruzaba. Y cuando llegó el Thor se hizo el reposo de la mirada, los tímpanos de la montaña cicatrizando mis heridas existenciales, mi alergia a los mundos impuestos y cívicos que por entonces formaban parte de mi vida.. en aquél perro, volvía a sentirme libre, amiga, nieve entre la nieve zafarrando un canto de indios. Él era el corazón cuando todo lo demás era ausencia y extrañeza, cuando era extranjera de todas las vidas.

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