HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Flotamos en una deriva... con tantas memorias y corazones y gestos y manos abiertas y ginebra calzada en los peldaños, dentro, y a la vez siempre estamos solas. A veces un vino amigo, abre las noches de todos los siglos, en un retrato derretido en el lago, en el reflejo de la luna en la pupila de los perros. Y a veces una mueca de amapola desterrada, nos trae de vuelta todos los huesos desmemorias y las historias viudas y huérfanas mordidas en los olivos. 
Es como si un poema invisible se lo llevara todo a sus fueros. Tomamos el delirio del vino, a veces ardemos en la rabia de haber nacido en un mundo capitalista y somos éter removiendo la memoria de las rocas, a veces somos el alfabeto del rocío... en la arena del desierto cuajado en el silente. A veces amamos y otras somos indiferentes como si fuéramos hierbas o lluvia. Estamos lejos y cerca de todo, sin asir nada en la piel ni en el nombre, sin llegar a ningún sitio ni debernos a nadie. El mundo social no perdona a los solitarios.... pero la luna nos mece los mares que nos aguardan.

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