HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ha dejado de nevar y no ha cuajado nada, sólo en las cumbres. Hay un silencio en radiaciones de algún golpe del olvido. Tengo una inquietud abstracta. Mientras miro los montes y se cuelgan abrazos de salvia en algún lugar de la lejanía. Busco la conexión con el espacio, con mi soledad golpeada en ese viento frío que remuve detrás de los rostros posibilidades de anís y de carbón.

Hoy estoy algo agitada.. porque hubo un jaleo en la casa.. y removimos todas las paredes.. y me entró la fiebre de pensar que eso es malo para el corazón de X. y empecé a temer y a verticalizarme, a escurrirme sobre la inefabilidad de horizontes emboscados en nombres de ceniza y en saltos al vacío.. y me quedó abierto algo de esa grieta en el rasguño de mi latido. Y ahora en la soledad del pueblo, sigo escuchando la hervidera de una metáfora dislocante... aunque voy calzando mis ojos a la naturaleza. Trato de tranquilizarme, conectar con el poema, asociar la introspección de esos caminos deconstruidos que suben por el aliento de los bosques, que miran e inyectan cubismo que liberta la huella gritada sobre una boca de barro.

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