HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

había perdido el norte.. porque lo buscaba
tenía una jodida senda grapada con chinchetas en mi carne
y dónde gemía la herida, acudía en busca de una aparición de la vírgen y de un orgasmo de metales
había hecho de mi corazón un jodido motor de los relojes del capitán garfio
una enfermedad de taciturnos posesos con la posesión de lo que fuera, me daba igual una cosa qué otra,  estaba enloquecida por abrirme como una autopsia a un verbo que se dejara

era el síndrome del síndrome
la tumba llorando la amnesia de su muerto
y la pala de partir el hielo desolada bajo el sol

era la jodida bala oblicua de mi espejo y de mi metafísica
volándome a mí la sien y los papeles demacrados de ese diario que te envié por tomos... sin evadir los detalles del remordimiento del semen en la boca cuando el alcohol tiró desde el quinto a ese vecina que velaba tu alma en el atormentado piano y yo me desperté abrazada a los cristales creyendo que la paloma se había equivocado.

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