HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay nieve en las cumbres... el fervor de un pentagrama desnutriendo en el fondo de tu soledad los palcos de las criaturas de queroseno que envía la pizarra del tiempo enamorado de cada ola de la mar, de cada rama que mura el peremne pensamiento de lo que creí ser o mirar. Y nos derretimos por ojos que han levantado los pianos cuando queríamos yacer en la memoria de las mandrágoras las rupturas del hueso y del sol, en todos esos caminos escarpados que nunca fueron sino una metáfora de esa materia gaseante donde se esconde y se dispara el yo.

Hoy vuelvo a creer en la poesía. Aquí, a 500km de tu perdón. Con la ginebra en el valle, abriendo los ojos a la nevada... abriendo otra vez sus venas a cualquier quizás tuyo aunque nunca me nombre. 

Oigo hojarasca plisada en los juegos de óleo, con los brazos de la abuela volviendo a los abedules. Al final estamos siempre indefensos a la heroina de la noche.. en el murmuro de la galerna penetrando la mar en los pozos. Y somos viento... escalando canciones de yodo y de Marte.... somos niños y perros.. buscando la barca que nos meza entre la luna. A punto de perderlo todo, a punto de amar y de esparcirnos como pólen y como monzón, sin tener ninguna certeza, atados al espejo del LSD, brincando ríos de fuego entre pomos de puertas de pasillos de teatros y de ausencias. Con el precipicio mordiéndonos los pies y el infinito besándonos la sombra.

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