HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He escrito en contra del amor y de la esperanza. Cuando su oscuridad me mordía, me convertía yo en la oscuridad para evitar el daño, me hacía la apología de su machete para no sufrir el corte desde la posición de la víctima. Pero eso es también teatro. Es una circunstancia en la soledad de la luna. Es un segmento del cubismo.  Una trampa de la literatura. La butaca llena de ginebra en el escenario de los alaridos. Tal vez ese teatro que me enjaula y a veces me liberta, lo levanta con furia mi escritura.  Ella construye muros cuando cree que los rompe.  Es ella la que hace que tenga múltiple identidad y un ser divergente jugando con cerillas y ocasos.  Aunque cuando no estaba ella era peor. 
Llevo soñando con el absoluto aislamiento, desde los 18, pero también buscando al amor que me devuelva a casa, con mis camaradas, los animales y la mar. Esa bifurcación en el mismo grito, del todo o nada, lleva en mí más de diez años. Sigue en mí. Sigue haciéndome una impostora. Con latidos paralelos que nunca se juntan y cada cuál tiene su cerebro, su memoria, su tono de voz y sus heridas. 
Tiendo a la metamorfosis. Esto lo hago, utilizándome a mí, a partes de mí, como ajentes externos, contra los que lucho, exorcizo y juego a matar. Me vivo como si fuera una multitud, pero padezco cada uno de sus fangos y de los golpes.  Por ej. cuando se rompió la historia con K. yo me volví el cuchillo. Destruí de mi interior, el yo que aún lo buscaba, el que lloraba, el que miraba la ventana como si fuera a caerse el sol para siempre, destruí el de la nostalgia, el del luto, y durante los primeros dos años, me volví un animal.  Cuando sentía el dolor del amor perdido, no escribía el dolor, escribía a mis asesinas y a mis brujas... utilizaba los sentimientos de ese dolor, del yo que no podía vivir sin K. como las balas que meter en la pistola, de mi yo-animal y efervescencia. Y todo eso lo derivaba a la metafísica y a la mastubación del poema.
Y esto lo hice siempre, con cada tristeza que vivió mi piel, mi sombra, mi niña suicida. 
Pero esto es puro teatro. Es también un bucle de pólvora de margarita y lágrima de mercurio.
Mi mente es una hervidera de opio. La identidad única es imposible sin el rizoma y el LSD. Pero la múltiple identidad, es también un andrajo de trampas y gafas partidas.  Cuando me divido y me ataco, desde yoes independientes y enfrentados entre sí, también estoy castrando al rizoma y levantando esquizoides paredes y metralletas. 
Ya no sé si me trajo a éste laberinto la palabra o la carne, el verbo o la ausencia. No sé si es que nací en él al beber del líquido amniótico, o fue cuando salí por la raja de mi madre. Si tal vez el laberinto es el cosmos y la existencia.. o si incluso está enclavado en la muerte. O tal vez, es que la condición humana, la conciencia, no puede salir, porque el cuerpo es parte del muro. O tal vez es que no he llegado todavía a la conciencia que me permita VER.

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