HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado jugando con Hierro, se acicala en las esquinas, espeluzna su pellejo y va caminando de lada francotirando la soledad del hueso y la noche. Esos instantes con él me reviven del coñac derramado en tus sepultos. Me retornan a casa.. al viento... a la transparencia de un latido y de una hoguera. 
Mi intención es pasar el invierno en la montaña, redescubrir el liberado delirio, cuando la soledad se vuelve más profunda, cuando la voz es obligada a la periferia de la metáfora sin nadie. Cuando reviven las criaturas del eter y de la esquizo-noche. Hallarme sin el respecto de ninguna otra humanidad, de ninguna cultura, de ningún sistema de valores ni de diccionarios. Desarrollar mis miradas de humo y de amapola. Jugar sola. Jugar con la multitud del fondo del armario. Hacerme más fuerte ante la ausencia del eco y de la caricia.  Y también quiero desarrollar unas ideas en la video-creación, en el desgarbo de la locura sobre espejos de tinta y de sangre de colibrí.
En la casa hace frío.. tampoco me puedo permitir gastar demasiado en calefacción. En la casa los ratones a veces nos comen los cables de la luz. Y hay zonas a las que hay que entrar con linternas. En la casa a veces me invade el sudor de Poe por las noches. Y a veces me congelo por el ansia de un poema ajeno. Por eso quiero tener conmigo un perro... con un perro amigo ya no tendré miedo a nada.

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