HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He ido a por un café porque la cerveza que tomé me dejó en un estado de ensoñación y quillas de barca balanceándose sobre una letanía de lluvia escarpada en los ojos abiertos de una marisma mordisqueando el fondo de un libro que ardió en tu corazón cuando hiciste las preguntas equivocadas al olvido.
Ahora hay una nostalgia errante que choca en las montañas nevadas y desliza la tinta que en tu escritorio habló con mi muerte... de ese fruto de las plantas del acantilado manipulando en la sal aquél bocado de viento que antes de la primera herida libertaba la intemperie como una jauría que buscaba el fuego ácrata de esa línea que difiere entre el espacio y el tiempo y levanta en sus puños la ternura que en tus ojos abisales se llevó los pretextos de la literatura.

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